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El lado oscuro de las cosas

El lado oscuro de las cosas
Artículo Completo 1,317 palabras
Me obsesiona todo lo que no sé. Una receta perfecta para que se te vaya la cabeza, buscar siempre las esquinas. La curiosidad y la desconfianza son primas, hay que tener cuidado con no confundir cual te está acompañando. Ahora que entramos de lleno en la temporada de premios de cine y series, recomiendo fijarse en los discursos. Más que en los de los actores y actrices, que suelen ser poéticos, políticos , dirigidos al público; en los de la gente con traje, en los productores que salen al final, a recoger los últimos galardones. Sus agradecimientos son necesarias listas de nombres a las que mencionar en la cima, porque hay deudas que se pagan con unas palabras acertadas en un momento concreto. Me fijo, pienso en quienes serán, en cómo se habrán conocido, en si se llevarán bien o si habrán sido obligados compañeros de camino.Si los Javis se llevan un Oscar dentro de unos meses, aparecerán nombres propios en su discurso. También causas, porque son hombres comprometidos, como su arte. Quizás los nombres sean uno o dos, poca gente hay más libre que ellos. Pero intuyo que tendrán que señalar a un equipo ingente de personas que les ha cogido de la mano en una campaña publicitaria voraz en la que ya están inmersos. Ojo, el Oscar, el Goya y el Balón de Oro se lo merecen por su talento: las críticas son muy positivas y el público está siendo entusiasta con el largometraje, inspirado en la obra y el alma de Lorca. Pero los premios no van de eso, no del todo. Los premios se trabajan igual que un ascenso en una consultora o una plaza en una universidad. Con contactos. 'La bola negra' va de la mano de Netflix, que invertirá millones de dólares en organizar pases de la película para académicos, llevar a Ambrossi y a Calvo a todas las fiestas, presentarles a la élite de la industria y exprimir esos contactos al máximo para que apadrinen su candidatura. Las locuras que se cometen durante esta estación de galardones son impensables, y algunas son ya legendarias.Las locuras que se cometen durante esta estación de galardones son impensables, y algunas son ya legendarias. Una de mis favoritas es el rumor de que Taron Egerton , buscando la nominación por su papel en el biopic de Elton John, invitó a todos los votantes de los Globos de Oro a su cumpleaños (los Globos de Oro siempre han brillado por su ausencia de rigor a la hora de votar. En palabras de Ricky Gervais «son como los Oscar, pero sin todo ese prestigio»). Melissa Leo ganó un Oscar a mejor actriz secundaria por 'The Fighter' (2011) después de autofinanciarse una extravagante campaña, en la que no pidió permiso a nadie, se saltó todas las normas, pagando de su propio bolsillo anuncios con su fotografía que ocupaban vallas publicitarias. En una entrevista reciente, Leo asegura que el Oscar «no le ha sentado bien a su carrera», pero muchos intuyen que, más que la estatuilla, fue la ostentación de esos meses lo que produjo una reacción negativa . Porque, claro, todas estas millonadas, todos estos tejemanejes, se deben ejecutar en silencio. Es como ligar, no se te puede notar lo mucho que te estás esforzando.Travesía por el desiertoTampoco es que solo tenga compromisos que evidenciar el que se va a hacer las Américas. En los Goya se cobran los mismos peajes. Es verdad que aquí, al recoger un cabezón, se agradece más a instituciones, como el ICAA, el ICEC (Institut Català de les Empreses Culturals) o la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid. Porque, pese a que estados como el de California también entreguen millones al año en créditos fiscales al cine, es cierto que nuestra relación con lo público y con lo institucional es más evidente, quizás más fuerte. Aun así, yo diría, escuchando discursos como el de Blanca Portillo en 2022 al referirse al equipo de la película ‘Maixabel’ como «gente luchadora», que la mayor diferencia es que cuando alguien agradece en España lo hace por el esfuerzo llevado a cabo, mientras que cuando lo hace en Hollywood se refiere a la oportunidad ofrecida. Parece que sacar una película en nuestro país es sinónimo de travesía por el desierto, mientras que hacerlo en Estados Unidos equivale a un viaje enriquecedor. Por qué será.Los hermanos Weinstein hacían lo que hiciese falta para derribar al rival y ganar estatuillasLeo a mi amigo Gregorio Belinchón decir que el equipo de 'La bola negra' irá acompañado de Lisa Tabak, vicepresidenta de Relaciones con el Talento y Premios en Netflix. Tabak empezó en Miramax con los hermanos Weinstein, quienes prácticamente inventaron la promoción agresiva en sus campañas. Presionaban, manipulaban, mentían, hacían lo que hiciese falta para derribar al rival y ganar estatuillas, sabiendo que estas, luego, se traducirían en entradas vendidas y dinero en sus bolsillos (además de en un ego subido, claro). A Daniel Day-Lewis , para conseguir su Oscar por 'Mi pie izquierdo', Harvey Weinstein lo llevó de tour por Washington DC para que pudiese apoyar leyes a favor de estadounidenses con discapacidades. Jennifer Lawrence agradecía su Globo de Oro por 'El lado bueno de las cosas' bromeando con sus métodos: «Harvey, gracias por matar a quien hayas tenido que matar para colocarme aquí esta noche». El cabrón se reía, en su butaca, encantado. «Es gracioso porque es verdad», pensaría. Cualquiera que haya experimentado ese cambio en la mentalidad de Hollywood y haya vivido para contarlo, será un buen perro de presa en esta cacería. Van a ganar siete. Hablando de lo que no se ve, estos días se celebra el Festival de Cine de San Sebastián. Que es como el Mad Cool del cine español . Vas, pierdes dinero, terminas derrotado, te planteas si volver y luego, el año que no te toca ir, te da rabia. Digo perder dinero, porque desde los periodistas que empezaron acreditándose con un blog y durmiendo en un hostal, hasta los cineastas que comenzaron participando en secciones menores sin que les cubrieran gastos, siento que muchos hemos experimentado un Zinemaldía que queda lejos y cerca, que es cómodo y arisco, al que se quiere por la familiaridad y cercanía, pero muchas veces se vuelve por esta cosa del «hay que estar» y «que te vean». Son días de mucha actividad, en algunos casos fingida, en otros, vital para nuestro cine. De actores estadounidenses que recogen premio porque hay que presentar película y de cineastas europeos de los que nadie se acuerda mucho luego. Y de señoras y señores mayores viendo cine de autor, que es, al final, lo importante de tanto secreto.

Me obsesiona todo lo que no sé. Una receta perfecta para que se te vaya la cabeza, buscar siempre las esquinas. La curiosidad y la desconfianza son primas, hay que tener cuidado con no confundir cual te está acompañando. Ahora que entramos de lleno en ... la temporada de premios de cine y series, recomiendo fijarse en los discursos.

Más que en los de los actores y actrices, que suelen ser poéticos, políticos, dirigidos al público; en los de la gente con traje, en los productores que salen al final, a recoger los últimos galardones.

Sus agradecimientos son necesarias listas de nombres a las que mencionar en la cima, porque hay deudas que se pagan con unas palabras acertadas en un momento concreto. Me fijo, pienso en quienes serán, en cómo se habrán conocido, en si se llevarán bien o si habrán sido obligados compañeros de camino.

Y a ti, ¿qué tal te cae Christopher Nolan?

Si los Javis se llevan un Oscar dentro de unos meses, aparecerán nombres propios en su discurso. También causas, porque son hombres comprometidos, como su arte. Quizás los nombres sean uno o dos, poca gente hay más libre que ellos. Pero intuyo que tendrán que señalar a un equipo ingente de personas que les ha cogido de la mano en una campaña publicitaria voraz en la que ya están inmersos.

Ojo, el Oscar, el Goya y el Balón de Oro se lo merecen por su talento: las críticas son muy positivas y el público está siendo entusiasta con el largometraje, inspirado en la obra y el alma de Lorca. Pero los premios no van de eso, no del todo. Los premios se trabajan igual que un ascenso en una consultora o una plaza en una universidad. Con contactos. 'La bola negra' va de la mano de Netflix, que invertirá millones de dólares en organizar pases de la película para académicos, llevar a Ambrossi y a Calvo a todas las fiestas, presentarles a la élite de la industria y exprimir esos contactos al máximo para que apadrinen su candidatura.

Las locuras que se cometen durante esta estación de galardones son impensables, y algunas son ya legendarias.

Las locuras que se cometen durante esta estación de galardones son impensables, y algunas son ya legendarias. Una de mis favoritas es el rumor de que Taron Egerton, buscando la nominación por su papel en el biopic de Elton John, invitó a todos los votantes de los Globos de Oro a su cumpleaños (los Globos de Oro siempre han brillado por su ausencia de rigor a la hora de votar. En palabras de Ricky Gervais «son como los Oscar, pero sin todo ese prestigio»). Melissa Leo ganó un Oscar a mejor actriz secundaria por 'The Fighter' (2011) después de autofinanciarse una extravagante campaña, en la que no pidió permiso a nadie, se saltó todas las normas, pagando de su propio bolsillo anuncios con su fotografía que ocupaban vallas publicitarias.

En una entrevista reciente, Leo asegura que el Oscar «no le ha sentado bien a su carrera», pero muchos intuyen que, más que la estatuilla, fue la ostentación de esos meses lo que produjo una reacción negativa. Porque, claro, todas estas millonadas, todos estos tejemanejes, se deben ejecutar en silencio. Es como ligar, no se te puede notar lo mucho que te estás esforzando.

Tampoco es que solo tenga compromisos que evidenciar el que se va a hacer las Américas. En los Goya se cobran los mismos peajes. Es verdad que aquí, al recoger un cabezón, se agradece más a instituciones, como el ICAA, el ICEC (Institut Català de les Empreses Culturals) o la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid. Porque, pese a que estados como el de California también entreguen millones al año en créditos fiscales al cine, es cierto que nuestra relación con lo público y con lo institucional es más evidente, quizás más fuerte.

Aun así, yo diría, escuchando discursos como el de Blanca Portillo en 2022 al referirse al equipo de la película ‘Maixabel’ como «gente luchadora», que la mayor diferencia es que cuando alguien agradece en España lo hace por el esfuerzo llevado a cabo, mientras que cuando lo hace en Hollywood se refiere a la oportunidad ofrecida. Parece que sacar una película en nuestro país es sinónimo de travesía por el desierto, mientras que hacerlo en Estados Unidos equivale a un viaje enriquecedor. Por qué será.

Los hermanos Weinstein hacían lo que hiciese falta para derribar al rival y ganar estatuillas

Leo a mi amigo Gregorio Belinchón decir que el equipo de 'La bola negra' irá acompañado de Lisa Tabak, vicepresidenta de Relaciones con el Talento y Premios en Netflix. Tabak empezó en Miramax con los hermanos Weinstein, quienes prácticamente inventaron la promoción agresiva en sus campañas. Presionaban, manipulaban, mentían, hacían lo que hiciese falta para derribar al rival y ganar estatuillas, sabiendo que estas, luego, se traducirían en entradas vendidas y dinero en sus bolsillos (además de en un ego subido, claro). A Daniel Day-Lewis, para conseguir su Oscar por 'Mi pie izquierdo', Harvey Weinstein lo llevó de tour por Washington DC para que pudiese apoyar leyes a favor de estadounidenses con discapacidades. Jennifer Lawrence agradecía su Globo de Oro por 'El lado bueno de las cosas' bromeando con sus métodos: «Harvey, gracias por matar a quien hayas tenido que matar para colocarme aquí esta noche». El cabrón se reía, en su butaca, encantado. «Es gracioso porque es verdad», pensaría. Cualquiera que haya experimentado ese cambio en la mentalidad de Hollywood y haya vivido para contarlo, será un buen perro de presa en esta cacería. Van a ganar siete.

Hablando de lo que no se ve, estos días se celebra el Festival de Cine de San Sebastián. Que es como el Mad Cool del cine español. Vas, pierdes dinero, terminas derrotado, te planteas si volver y luego, el año que no te toca ir, te da rabia. Digo perder dinero, porque desde los periodistas que empezaron acreditándose con un blog y durmiendo en un hostal, hasta los cineastas que comenzaron participando en secciones menores sin que les cubrieran gastos, siento que muchos hemos experimentado un Zinemaldía que queda lejos y cerca, que es cómodo y arisco, al que se quiere por la familiaridad y cercanía, pero muchas veces se vuelve por esta cosa del «hay que estar» y «que te vean». Son días de mucha actividad, en algunos casos fingida, en otros, vital para nuestro cine. De actores estadounidenses que recogen premio porque hay que presentar película y de cineastas europeos de los que nadie se acuerda mucho luego. Y de señoras y señores mayores viendo cine de autor, que es, al final, lo importante de tanto secreto.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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