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Internacional

El último paso para alcanzar la segunda estrella

El último paso para alcanzar la segunda estrella
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España necesita volver a ofrecer su mejor versión para superar a una Argentina con la piel durísima y que dominará en las gradas de Nueva Jersey
El último paso para alcanzar la segunda estrella

España necesita volver a ofrecer su mejor versión para superar a una Argentina con la piel durísima y que dominará en las gradas de Nueva Jersey

Regala esta noticia Añádenos en Google Los rojiblancos Laporte, Unai Simón y Nico Williams posan juntos antes de la final. (Ángel Martínez/RFEF)

Jon Agiriano

19/07/2026 a las 00:21h.

Llega el gran día. Después de cinco semanas de competición, 103 partidos disputados, todos con estadios llenos, emoción a raudales, polémicas arbitrales, alegrías y decepciones ... mayúsculas, y alguna que otra cacicada vergonzosa de la FIFA, el Metlife Stadium de Nueva Yersey acogerá esta noche (21 horas) una apasionante final de la Copa del Mundo. Un España-Argentina, ni más ni menos. Por todo lo que implica -rivalidad, hermanamiento, suspicacias, calidad e instinto competitivo de los futbolistas, importancia histórica y demás cuestiones deportivas y sentimentales que sería prolijo enumerar-, nos encontramos ante uno de los duelos con más alicientes que se pueden ver en el mundo. El campeón de Europa contra el campeón de América y último campeón del mundo, la finalísima que no se pudo jugar en marzo por la guerra de Irán ahora en julio y en unas condiciones mucho más interesantes y emotivas. Y es que no hay nada comparable a una final del Mundial.

Todos los análisis que se han hecho estos días coinciden en resaltar una cuestión que se antoja clave en la resolución del partido. Hay otras, empezando por la pura suerte, las jugadas a balón parado, el impacto de estrellas como Messi y Lamine Yamal, o la actuación de Slavko Vincic, un aspecto éste, el arbitral, del que España guarda el recuerdo terrorífico de Howard Webb en la final de Sudáfrica permitiendo la cacería sangrienta de los holandeses. Pero en lo estrictamente deportivo todas las miradas están enfocadas en la batalla que se librará en la medular. El gran interrogante que se plantea parte de una opinión compartida: los centrocampistas españoles tienen más calidad que los argentinos y la mayoría de la posesión va a ser suya. Ahora bien, ¿cuánto van a poder incomodar los medios argentinos, gente del nivel de Enzo Pérez, McAllister, Paredes o De Paul, si es que juega, a Rodri, Fabián, Olmo y Baena, que también va por dentro en muchos momentos?

Esta es la clave principal y lo saben los dos equipos, empezando por sus respectivos entrenadores. De la misma manera, tanto Luis de la Fuente como Lionel Scaloni saben que esa batalla por el balón la podrán ganar sus equipos, paradójicamente, cuando no lo tengan y deban recuperarlo. Van a saltar chispas en la presión tras pérdida porque es esencial para ambos. El deseo de España, por supuesto, es repetir una actuación sin balón como la que tuvo ante Francia. Si la consigue, para lo cual necesitará ofrecer de nuevo una respuesta física formidable, tendrá muchos boletos para superar a una Argentina cuyo guión está claro: impedir que su rival le someta con un posesión que le dé profundidad e intentar que pasen pocas cosas en las áreas. La albiceleste quiere un pulso igualado, hacer eso que se llama un partido largo, tirar de oficio, rascar todo lo que haga falta y Vincic le permita, dejar que España se desgaste y se acabe agobiando para luego crecer ella y mostrar su enorme pegada en el último tramo. Un dato espectacular a este respecto: de los 19 goles ha hecho -récord de una selección en el siglo XXI-, 12 los ha marcado más allá del minuto 80.

Competitividad

Se avecina un pulso sensacional entre dos selecciones que no pueden ser más competitivas, cada una a su manera. Todos saben cómo compiten los argentinos, ya puede ser en la final de una Copa del Mundo o en los octavos de final del campeonato de tabas de Venado Tuerto, por decirlo algo. Esta gente se pone la albiceleste y juega como si tuviera a su madre secuestrada y sola la victoria sirviera para rescatarla. La competitividad de España llega más del cerebro que de la médula o las vísceras. Viene del convencimiento enorme que los futbolistas de la selección tienen en su estilo de juego y en su calidad técnica. No hace falta decir que el partidazo ante Francia terminó de elevar el nivel de autoestima de la Roja, la seguridad en sí misma para derrotar a una Argentina cuya mayor virtud en esta Copa del Mundo, aparte de disfrutar de unos arbitrajes más que benévolos -veremos donde pone hoy el listón de la permisividad el árbitro esloveno- ha sido su impresionante capacidad de supervivencia. A eso no les gana nadie y les da un plus de confianza. Uno tiene muchas razones para creer en sí mismo cuando ha remontado y ganado en los instantes finales o en las prórrogas hasta cuatro partidos, el último ante Inglaterra.

Respecto a las alineaciones, parecen bastante claras. Parece evidente que España va a repetir el once que maravilló ante Francia. Lo contrario no tendría mucho sentido, salvo que alguno de los titulares sufra algún contratiempo. En el caso de Argentina sí hay una duda. Scaloni están dándole vueltas a una decisión compleja: si alinear a Giuliano Simeone para tener más recorrido por la banda derecha, como hizo ante Inglaterra, o sacar a De Paul para añadir un centrocampista más en el que será el principal escenario de una batalla histórica.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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