- ANA RAMÍREZ @ana_ramirez_s
La última obra de Ricardo Bofill está a punto de colgar el cartel de "sold out" en la Costa Brava. Con este desarrollo, la promotora Kronos Homes reafirma su apuesta por la arquitectura como valor añadido.
Diez pasos atrás nos pide Pablo Bofill. Accedemos obedientes y corre el riesgo de perdernos ante la tentación de poner pie en la arena de Platja d'Aro (Girona) donde nos hemos citado para conocer el último proyecto en España firmado por Ricardo Bofill, fallecido en 2022. El oportuno desplazamiento le sirve para hacernos ver cómo la "superposición de barbaridades" de la maltratada primera línea se toma un respiro al llegar a Brava: cambia la escala y el volumen, rompe con la idea de bloque y repetición; una edificación de estética más liviana que intencionadamente se salta algunos mandamientos de sus vecinos a pie de playa, como el balcón. "Al final se convierte en un trastero", alega el arquitecto, hijo de aquel, en defensa de la loggia que enmarca la línea del horizonte.
encuadre perfecto. Se ha optado por una terraza cubierta tipo "loggia" que enmarca las vistas al mar.Piscina realizada con baldosas de Cerámica Cumella, empresa que ha hecho el revestimiento de la cruz de la Sagrada Familia.Al frente de Taller de Arquitectura Pablo Bofill ha ejecutado el proyecto que pergeñó su padre (ver foto testimonio) junto a Saïd Hejal, fundador de Kronos Real Estate. Al exquisito gusto del francés (al que tampoco le es ajeno el mundo del arte), secundado por Rui Meneses Ferreira (presidente del grupo para España y Portugal), cabe atribuir que las promociones de esta inmobiliaria lleven apellidos como De la Hoz (Rafael), Souto de Moura (Eduardo), RCR y el propio Bofill. Porque "el lujo es la arquitectura", zanjará el directivo portugués la disquisición sobre el segmento de mercado en el que se insertan sus promociones. Aunque si de dinero habláramos, los precios de las 78 viviendas partían de 285.000 euros (volaron) hasta alcanzar los 4 millones de un ático doble con piscina, confiesa Manuel Segura, director regional de Kronos en Cataluña.
Boceto del residencial de Ricardo Bofill.Fotografía tomada en la primera reunión del proyecto entre Saïd Hejal, Hernán Cortés, el propio Bofill y su hijo, Pablo (2021).Interesados en instalarse en esta localidad de animado veraneo dense prisa: sólo quedan seis pisos a la venta desde 850.000 euros. El resto se lo rifaron mitad comprador nacional, mitad extranjero (sobre todo ruso y ucraniano). La urbanización consta de siete bloques (iban a ser seis), más un anexo con piscina, gimnasio y coworking, en los que se ha cuidado muy mucho su disposición no formal para dar profundidad y generar calles que, como en cualquier pueblo costero, permitan que corra la brisa entre el mar y el pinar protegido de atrás. Este contraste se refleja (ahora entenderán cuán acertado es el verbo) en las fachadas de las viviendas, rematadas con Stuccoglass, desarrollo de Astiglass (empresa de Écija) que se emplea por primera vez en España y que logra que las planchas de vidrio laminado y templado parezcan piedra: blanca en la faz que da al paseo, verde en la que se encara a la zona arbolada. La órbita del sol modifica su aspecto a lo largo del día.
Ese juego de sombra redunda en las obsesiones, así las califica Pablo Bofill, desde las que han abordado el proyecto: la no repetición, que desde todas la viviendas (a tres fachadas, recalca) haya vistas, aunque sea reflejadas, que el complejo tenga escala humana y sea algo vivo. "El capitalismo salvaje ha llevado a justo lo contrario de lo que pretendía, a que todo sea igual, porque se persigue el máximo beneficio. El mejor ejemplo son los edificios cebra", se explaya Bofill que defiende una práctica apegada al territorio, apoyada en un "vivero de artesanos" y con voluntad de no agredir al entorno.
Mirada hacia arriba de los bloques con fachada bicolor y de vidrio que componen el residencial.Propuesta de decoración de uno de los pisos disponibles de Brava.Celebra por tanto que las normativas actuales limiten altura y cercanía a la orilla: no son obstáculos, son oportunidad. Así lo cuenta una de las inscripciones en las paredes de esta miniciudad salpicada de detalles referenciales (ese color rojo) y que explica por qué Brava se compone de seis cubos perfectos y uno díscolo, trapezoide, "que no sigue la norma porque sigue la norma: la del Plan Director de la Costa Brava, cuya normativa obligó a crear un séptimo edificio distinto".
Los auriculares imprescindibles de Ara Malikian para alcanzar la excelencia sonoraAquabike: el deporte de agua que quema 800 calorías y reduce el estrésSpace Air MK2 de Mars Campers, la caravana inflable que parece respirar