Estar a la altura de un título tan provocador no parece sencillo
Regala esta noticia Añádenos en Google 'Se tiene que morir mucha gente'. (RC) 10/06/2026 Actualizado 11/06/2026 - 13:27h.Estar a la altura de un título tan provocador como 'Se tiene que morir mucha gente' no parece sencillo. Sin embargo, Victoria Martín lo ha ... logrado por partida doble: tras años intentando sacar adelante el guion sin encontrar quien apostara por él, decidió convertirlo en libro y, ahora, Movistar Plus+ lo ha llevado a la pantalla. Y qué bien.
Sufre Bárbara (Anna Castillo), guionista de un 'late night' que sobrevive gracias a un cóctel de ansiolíticos y alcohol con los que intenta sobrellevar su frustración profesional. Sufre Maca (Laura Weissmahr), una actriz que trabaja como camarera para pagar las facturas. Y sufre Elena (Macarena García), una pija atrapada en una vida aparentemente perfecta que incluye quedarse embarazada de un hombre cuarenta años mayor. Han alcanzado, o están tocando con la punta de los dedos, aquello que suponían que iba a hacerlas felices, pero continúan sintiéndose profundamente insatisfechas. Las tres son el desencanto hecho carne. O una canción de The Smiths: «I was looking for a job and then I found a job / And heaven knows I'm miserable now» («Estaba buscando un trabajo y lo encontré / y Dios sabe lo miserable que soy ahora»). Morrissey aprobaría esta serie.
«Escuchamos, pero sí juzgamos» podría ser el lema del trío. Porque se critican, y se decepcionan, y se hieren. Así, de un plumazo, Martín se carga la versión idealizada de la amistad entre mujeres para construir algo mucho más incómodo y complejo donde hay dependencias afectivas, rivalidades y afectos contradictorios. Por eso resulta tan real, porque nos reconocemos, de una u otra forma, en algunos de esos comportamientos. Y porque la serie dispara contra todo y contra todos: contra la victimización («Dale con la puta depresión, tía. A ti lo que te pasa es que eres una narcisista», le dice Maca a Bárbara), contra la autocomplacencia, contra las amistades que continúan por inercia y contra la tendencia a responsabilizar a los demás de nuestros propios fracasos.
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