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El mantra de la incertidumbre radical

El mantra de la incertidumbre radical
Artículo Completo 810 palabras
La Tribuna El mantra de la incertidumbre radical

José M. Domínguez Martínez

Catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Málaga

Domingo, 8 de marzo 2026, 01:00

... sale cruz, pierde 50 euros. ¿Cuánto estaría dispuesto a pagar por participar? Puede que le resulte útil -o, quizás, no tanto- recordar que el valor esperado de este juego es de 25 euros: (50% x 100) - (50% x 50) = 50 - 25 = 25.

El libro lleva el sello de la calidad, el rigor y la solvencia de sus autores, mas hay momentos en que su lectura se antoja una misión ardua, pues cuesta trabajo asumir la continua incertidumbre que marca su desarrollo, respecto a los contenidos, además de sobrellevar la inusitada repetición de frases, conceptos y episodios a lo largo de sus cerca de 500 páginas. Pero el ejercicio intelectual merece la pena, aunque, inevitablemente, haya de causar enojo en quienes están cómodamente asentados en la economía de los modelos estocásticos, al tiempo que regocijo entre aquellos que cuestionan el papel del análisis económico y de la política económica en relación con la gran crisis económica y financiera iniciada hace ya casi dos decenios.

La revisión del paradigma que proponen se basa en la revitalización de la diferenciación, que se ha ido difuminando con el tiempo, entre dos nociones esenciales: la de riesgo, referente a una situación en la que es posible atribuir probabilidades de ocurrencia a los posibles resultados; la de incertidumbre, cuando no es posible asignar probabilidades, ya que hay un desconocimiento completo de lo que puede acontecer. La tendencia a convertir de facto un escenario de incertidumbre en otro de riesgo, simplemente aplicando probabilidades infundadas, es una práctica nefasta que lleva engañosamente a actuar bajo unas orientaciones que carecen de un fundamento sólido.

No sólo eso. Suele haber también un uso indebido de los esquemas de probabilidades. En puridad, estas son de aplicación ante eventos que puedan repetirse muchas veces y en las mismas condiciones de entorno. Si a una persona le ofrecen un juego como el descrito al inicio, sabe que, si la jugada se repite un elevado número de veces, por ejemplo, 100, espera obtener un rendimiento agregado de 2.500 euros. En cambio, si hay una sola tirada, puede acabar con 100 o con -50 euros. La mayoría de las decisiones que se toman en un marco empresarial o familiar no se repiten recurrentemente, sino que se limitan, normalmente, a una sola ocasión.

Los modelos económicos cuantitativos pueden ser útiles si son capaces de aportar una representación simplificada de la realidad, pero no pueden ser la única guía para la toma de decisiones. Ante una situación de incertidumbre, es preciso, primero tomar conciencia de cuál es la realidad que se afronta, libre de espejismos de posibles indicadores falaces; luego, conjugar las posibles consecuencias de los diferentes cursos de acción, buscando siempre una narrativa coherente.

Kay y King arremeten con contundencia contra los modelos económicos estándares. Entre otras razones, porque se centran en el comportamiento supuestamente optimizador de individuos que actúan aisladamente, pero que están inmersos en un contexto social. Asimismo, porque, a diferencia de los que rigen en el mundo de la Física, los fenómenos económicos no se atienen a pautas fijas, sino que están sujetos a cambios permanentes que no pueden preverse con certeza. La no estacionariedad de las relaciones económicas descalifica el uso de moldes y herramientas concebidos para entornos predecibles y constantes.

Todo un jarro de agua fría para los devotos de la religión modelizadora, pero también para los seguidores de la Economía conductual, toda vez que muchos de los experimentos llevados a cabo no se atienen a situaciones representativas de tomas de decisión reales. Y, asimismo, un alivio para quienes no advierten los detalles que, para una gran mayoría de individuos, pasan inadvertidos en ciertos ejercicios de orden psicológico. Algunos supuestos sesgos conductuales no son preocupantes, en tanto no alteren un aspecto esencial en la toma de decisiones. No, no es absurdo, ni irracional, no querer participar en el juego sugerido, a pesar de lo que indique el cálculo del valor esperado tendencial.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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