Los hombres de Luis de la Fuente, que sólo han encajado un gol en todo el torneo, desafían a la mayor fábrica de goles del fútbol mundial
Francia celebra el pase a las semifinales del Mundial.- JOEL DEL RÍO Boston
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España ya sabe lo que tiene delante. No es únicamente Mbappé, aunque el capitán francés avance por el Mundial a una velocidad casi imposible de seguir. Tampoco es solo Dembélé, el vigente Balón de Oro, ni Olise, el futbolista que más goles está fabricando en el torneo. Es todo a la vez. Una colección de atacantes sin equivalente que ha convertido a Francia en el mayor imperio del gol del Mundial.
Los hombres de Luis de la Fuente se jugarán el pase a la final ante la selección más goleadora de la competición. Francia ha marcado 16 tantos en seis partidos, una media de 2,67 por encuentro, ha ganado siempre dentro de los 90 minutos y acumula 110 remates, 47 de ellos a portería. Ningún equipo ha atacado tanto ni ha encontrado el gol con semejante continuidad. Desde su estreno, los franceses solo se han quedado una vez por debajo de los dos tantos.
La dimensión de la amenaza se entiende todavía mejor al mirar los nombres. Mbappé lleva ocho goles; Dembélé, cinco. Entre los dos han firmado 13 de los 16 tantos de Francia y superan por sí solos la producción ofensiva de casi todas las selecciones participantes. El delantero del Madrid lidera junto a Messi la carrera por la Bota de Oro (aunque el 10 francés lleva también 3 asistencias), pero reducir el potencial francés a Mbappé sería quedarse en la superficie.
El mayor desafío del mundo
Mbappé, Dembélé, Olise, Doué, Barcola y Mateta llegaron al Mundial después de acumular alrededor de 150 goles con sus clubes durante la temporada 2025/26. Al añadir sus tantos en Estados Unidos, el registro conjunto se aproxima a los 165. Si se incluyen las asistencias, los seis superan ampliamente las 200 participaciones directas en goles durante el curso. Ese es el dato que retrata mejor la magnitud del desafío. Francia no dispone únicamente de goleadores: reúne futbolistas capaces de marcar, asistir, desequilibrar y hacerlo desde posiciones diferentes. Deschamps puede colocar a Mbappé en punta o liberarlo desde la izquierda; utilizar a Dembélé como extremo, mediapunta o falso nueve; dar a Olise libertad para aparecer por dentro; atacar el espacio con Barcola; recurrir a la imaginación de Doué o cambiar por completo el tipo de partido introduciendo los 192 centímetros de Mateta.
Mbappé es el gran vértice del sistema. Terminó la campaña de clubes con 42 goles oficiales para el Madrid y ha añadido otros ocho en el Mundial. Son 50 tantos entre club y selección en una temporada en la que también acabó como máximo goleador de la Champions, con 15. La Copa del Mundo ha vuelto a activar además su versión más devastadora: suma 20 goles en 20 partidos en sus tres participaciones y ya persigue los grandes récords históricos del torneo. Y es que con su selección sus números carecen de sentido alguno: 101 participaciones de gol (64 goles y 37 asistencias) en 104 partidos. Es decir, 0,97 por partido.
A su lado aparece Dembélé, menos ruidoso pero casi igual de decisivo. Después de otra campaña productiva con el PSG, ha marcado 5 veces en el Mundial y forma con Mbappé una pareja que ya suma 13 tantos en total. Y después está Olise. El extremo del Bayern no ha necesitado marcar para dominar el torneo: lo hace desde el pase. Lidera la clasificación de asistencias con cinco y se encuentra cerca de registros históricos. Es el jugador que da sentido a buena parte de la abundancia francesa. Su temporada en Alemania ya había sido extraordinaria. Cerró el curso con 54 participaciones de gol entre todas las competiciones, uno de los registros más altos del fútbol europeo. Francia juntó así en un mismo frente ofensivo a tres de los jugadores más productivos de las cinco grandes ligas: Dembélé participó en un gol cada 71 minutos; Mbappé, cada 75; y Olise, cada 84. Un sinsentido.
La sensación de superioridad aumenta al mirar hacia el banquillo con infinidad de perfiles distintos que Deschamps puede emplear sin reducir el potencial ofensivo del equipo. No todos caben en el once. Ese es precisamente el problema para España. Deschamps puede retirar a un delantero de categoría mundial y sustituirlo por otro.
España no piensa esconderse
El reto para España será resistir sin renunciar a sí misma. Los de Luis de la Fuente llegan a la semifinal con un argumento que ningún rival ha conseguido desmontar. Solo ha encajado un gol en todo el Mundial, el cabezazo de De Ketelaere con el que Bélgica. Los otros cinco adversarios se marcharon a cero, incapaces de encontrar continuidad cerca del área de Unai Simón. Austria, Portugal y el resto chocaron una y otra vez contra una selección que ha convertido la solidez defensiva en uno de sus grandes sellos. Ahora, esa muralla afronta la prueba definitiva: frenar al mayor arsenal ofensivo del campeonato.
Pero España no se defiende únicamente acumulando hombres detrás del balón. Su primera línea defensiva es la posesión. Con un 59% de media, la más alta del Mundial, y un 91% de acierto en el pase, el equipo español protege su portería desde el control del juego. Cuanto más tiempo tiene la pelota, menos opciones concede para que el rival pueda correr. Y cuando la pierde, activa una presión inmediata para recuperarla y evitar precisamente el escenario en el que Francia resulta más letal.
Esa combinación de dominio, presión tras pérdida y solidaridad colectiva explica por qué España apenas concede ocasiones y por qué solo Bélgica ha conseguido batirla en todo el torneo. Frente a Francia, el plan difícilmente cambiará. La mejor manera de defender al mayor imperio del gol no será encerrarse cerca de Unai Simón, sino hacer que Mbappé y compañía pasen más tiempo persiguiendo el balón que atacando con él.
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