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«El mayor error que podemos cometer con un perro es humanizarlo»

«El mayor error que podemos cometer con un perro es humanizarlo»
Artículo Completo 1,312 palabras
«Cuando empezamos a tratarlo como si fuera una persona, llegan muchos problemas de conducta», advierte

Manuel Calvo, aventurero y experto en perros

«El mayor error que podemos cometer con un perro es humanizarlo»

«Cuando empezamos a tratarlo como si fuera una persona, llegan muchos problemas de conducta», advierte

Regala esta noticia Añádenos en Google Manuel Calvo con Chipirón, su Jack Russell de dos años. (Ñito Salas)

Matías Stuber

24/05/2026 a las 00:47h.

Dos enormes Alaskan Malamute y un pequeño Jack Russell dan la bienvenida a la casa de Manuel Calvo (Málaga, 1966), en El Atabal. Este malagueño, ... conocido por sus expediciones a Groenlandia, lo tiene claro: «No entiendo mi vida sin perros. Siempre han estado ahí, desde mi infancia en el puerto de Málaga hasta hoy».

–¿Recuerda su primer perro?

–El primer perro que recuerdo es un perro que mi padre llevaba en el barco, en el puerto de Málaga. Era una perra que se llamaba Morita, una perra de agua española, y ese es mi primer recuerdo relacionado con un perro. Además, es una raza muy emblemática de Málaga, porque el perro de agua español —o turco andaluz— era muy utilizado por los marineros en los barcos. Mi padre era marino, yo también lo he sido, y recuerdo un dicho del puerto de Málaga que decía: «Eres más chivato que un perro de agua». Lo decían porque estos perros hacían de guardianes y avisaban cuando había cualquier anomalía, tanto en el barco como durante la pesca. Yo tendría unos tres años, quizá incluso menos.

–¿Luego ha estado sin perro alguna vez?

–Sí, alguna vez he estado sin perro, pero siempre contra mi voluntad. Yo no he sido solamente de perros, sino muy amante de los animales en general desde niño. Llegué incluso a aparecer en casa con 50 pollitos que me compré rompiendo la hucha, y otra vez hasta metí una cabra en casa. Siempre he sido muy «bichero». Las épocas en las que he estado sin perro fueron sobre todo por circunstancias de la vida, por ejemplo, cuando me fui a estudiar fuera. Me fui de Málaga con 15 años para estudiar en la Escuela Náutica de Almería, pero incluso entonces los perros siempre me han rodeado de alguna manera.

–¿Qué le han enseñado sobre la vida?

–Los perros me han enseñado la fidelidad incondicional. Para mí, eso es quizá lo más importante y lo más bonito que tiene convivir con un perro. Esa capacidad que tienen de transmitirte cosas solo con mirarte. Yo he vivido experiencias muy fuertes con ellos. En una expedición se rompió el hielo y caí al agua helada; conseguí agarrarme al trineo y fueron los perros los que tiraron y me sacaron del agua. Yo estoy aquí gracias a esos perros. Ahí entiendes realmente por qué se dice que el perro es el mejor amigo y compañero de vida del ser humano.

–¿Cuál es el error más grande que podemos cometer con un perro?

–El mayor error es humanizarlo. Podemos quererlo muchísimo, considerarlo parte de la familia y darle todo el cariño del mundo, pero no podemos olvidar que es un perro. Cuando empezamos a tratarlo como si fuera una persona, llegan muchos problemas de conducta, de convivencia y de comportamiento. Hoy en día se habla mucho de «perrihijos» y cosas así, y para mí no hace falta buscar nombres raros: decir «mi perro» ya es algo precioso. El perro tiene que seguir sintiéndose perro.

–¿Por qué las personas nos sentimos atraídos por algunas razas muy determinadas?

–La primera atracción viene por el aspecto físico de la raza, por su morfología. Hay más de 300 razas reconocidas por la Federación Cinológica Internacional. Lo importante es entender que todas las razas fueron seleccionadas a lo largo de la historia para realizar un trabajo concreto junto al ser humano. Por ejemplo, el ratonero bodeguero andaluz se seleccionó para moverse con agilidad por las bodegas y controlar a los roedores. El mastín español, en cambio, se seleccionó para proteger al ganado frente a lobos y osos. Incluso características físicas como la papada del mastín tienen una función defensiva frente a los ataques al cuello. Todo en las razas tiene un sentido funcional.

–¿Usted tiene una raza predilecta?

–Me costaría quedarme con una sola. Si tuviera que hacer un podio, pondría al perro de agua español, al Alaskan Malamute y al Jack Russell. El perro de agua tiene mucho vínculo emocional conmigo porque me recuerda a mi infancia, a mi padre y al puerto de Málaga.

–Alguien que está pensando en hacerse con un perro, ¿qué cree que es lo más importante que debe tener en cuenta en estos momentos?

–Lo primero es entender la responsabilidad que supone. Un perro implica dedicarle tiempo, dinero y atención durante muchos años. Desde el momento en que llega a casa hay gastos veterinarios, alimentación, seguros y cuidados. Pero, más allá del dinero, hay que pensar en el tiempo que necesita, en el espacio donde va a vivir, en quién convivirá con él y en si esa raza concreta encaja con el estilo de vida de la familia. No es lo mismo un pequinés que un pitbull o un American Staffordshire. También hay que pensar que un perro puede acompañarte unos 15 años y que al final acabas creando un vínculo muy fuerte con él.

–¿Adoptar debe ser la primera opción o no siempre es aconsejable?

–Yo siempre digo: «Compres o adoptes, nunca abandones». Hay que reflexionar mucho antes de tomar cualquiera de las dos decisiones. Adoptar puede ser maravilloso, pero también hay perros con historias difíciles detrás y no todos son adecuados para cualquier familia, especialmente si hay niños pequeños. A veces una familia puede estar mejor con un cachorro criado por un criador responsable, donde conoces el carácter, la genética y posibles problemas de salud de los padres. Además, criar un cachorro es una experiencia preciosa para los niños y para toda la familia.

–¿Hasta dónde debe llegar el cariño hacia un perro? ¿Hay límites?

–El cariño no tiene por qué tener límites. Yo adoro a mis perros. Pero una cosa es quererlos muchísimo y otra es quitarles su naturaleza. Ahí es donde, para mí, empieza el problema.

–¿Qué es maltrato para usted?

–Evidentemente, el maltrato físico, el castigo y la violencia son maltrato. Pero también considero maltrato quitarle al perro su naturaleza y sus instintos. Por ejemplo, convertir completamente a un perro en un animal de sofá o tratarlo como si fuera una persona puede generar un maltrato psicológico. El perro necesita seguir siendo perro.

–¿La expresión de un perro o su postura corporal ya nos adelanta su comportamiento?

–Sí, totalmente. El perro tiene un lenguaje corporal muy claro. Puedes saber si está relajado, tenso, inseguro o preparado para atacar. El movimiento de la cola, la postura del cuerpo, la mirada… todo transmite información. Por eso nunca hay que acercarse a tocar a un perro desconocido sin precaución.

–Una de las cosas más incómodas es un perro pidiendo comida mientras estamos comiendo nosotros. ¿Es algo inevitable o se puede enseñar a que no lo haga?

–Muy sencillo: no enseñándole a hacerlo. El problema es que muchas veces, cuando son cachorros, nos hace gracia darles comida y reforzamos esa conducta. Pero luego el perro crecerá y esa demanda irá aumentando. Yo siempre digo que no hay que permitirle de cachorro aquello que no quieras permitirle de adulto.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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