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El milagro del Fussballclub Thun: cuando un pueblo alpino conquista Suiza

El milagro del Fussballclub Thun: cuando un pueblo alpino conquista Suiza
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El modesto equipo, fundado hace 127 años, sale del anonimato para ganar por primera vez la liga de su país meses después de subir a primera

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El milagro del Fussballclub Thun: cuando un pueblo alpino conquista Suiza

El modesto equipo, fundado hace 127 años, sale del anonimato para ganar por primera vez la liga de su país meses después de subir a primera

Javier Varela

Lunes, 27 de abril 2026, 00:18 | Actualizado 01:24h.

... sin títulos, sin ruido mediático, sin más aval que su fe, ha puesto patas arriba el fútbol helvético en una temporada que ya pertenece al territorio de lo inolvidable. Porque lo que ha hecho el Thun no es solo ganar partidos, sino alterar el orden natural de las cosas. Ha ganado la liga con una autoridad pasmosa y ha recordado que el fútbol, incluso en tiempos donde todo se controla y se basa en los presupuestos millonarios, todavía admite milagros. Ya hubo un recién ascendido que levantó el título en Suiza, el Grasshopper en 1952, pero no con la comodidad y superioridad del Thun.

Durante décadas, el club vivió en una discreta periferia deportiva. Algún destello -como aquel subcampeonato en 2005 que le abrió la puerta de la Champions League- y dos finales coperas perdidas, alternando ascensos y descensos desde que en 2008 perdiera la categoría. Un equipo ascensor y sin épica. Hasta ahora. El regreso a la élite el pasado mes de mayo no venía acompañado de promesas grandilocuentes porque el objetivo no era otro que sobrevivir en la máxima categoría. Sin embargo, desde las primeras jornadas se percibió algo distinto: un equipo sin miedo, con una propuesta directa, agresiva, capaz de competir contra cualquiera. Lo que empezó como una buena racha se transformó en una certeza. Y la certeza, en una convicción colectiva.

El Thun no ha ganado la liga por accidente. Ha sido el equipo más regular, el más valiente, el que mejor ha entendido sus propias limitaciones. Su fútbol no busca adornos innecesarios: presión alta, transiciones rápidas y una fe casi obstinada en cada jugada. Ha marcado más goles que nadie (75), es uno de los equipos que menos tantos ha encajado (38) y, sobre todo, ha creído más que nadie. Y podía haber sido campeón antes, gracias a su espectacular racha de 13 partidos sin perder (12 triunfos y un empate), pero las derrotas ante el Zúrich (2-1) y el Lugano (1-0) le hicieron tener que echar el freno. La victoria la pasada jornada (3-1) ante el Basilea le dejó ante el primer 'macht ball' frente al Lugano. No lo aprovecharon al caer por la mínima en casa (0-1), pero el pinchazo del St. Gallen en su visita al Young Boys (1-1) hizo el resto.

Sentido de pertenencia

Detrás de ese impulso hay nombres propios, pero también una idea que los trasciende. Mauro Lustrinelli, entrenador y antiguo delantero del club, ha construido algo más cercano a una comunidad que a una plantilla. Llegó al banquillo en 2022 y tras cuatro temporadas sus resultados no pueden ser mejores. En un fútbol cada vez más globalizado, Thun ha apostado por lo contrario: identidad local, continuidad, pertenencia. No hay fichajes mediáticos, pero sí jugadores que entienden el lugar que representan. Ese vínculo con el entorno es una de las claves del fenómeno. Muchos futbolistas han crecido en la región o han echado raíces en ella. El capitán, la columna vertebral del equipo, no responde al perfil de estrella distante, sino al de vecino reconocible. En Thun, los jugadores no son figuras inaccesibles: comparten calles, supermercados, cafés... El club no se contempla desde fuera; se vive desde dentro.

Y esa cercanía se ha trasladado al campo. El pequeño estadio Stockhorn Arena, con capacidad para unas 10.000 personas y de césped artificial (similar al del matagigantes de la presente edición de la Champions Bodo/Glimt), se ha convertido en un refugio incómodo para los grandes. Césped artificial, ambiente cerrado, público cercano. Allí, el equipo ha construido buena parte de su título. No con noches épicas aisladas, sino con una acumulación de victorias que, poco a poco, fueron desdibujando la lógica del campeonato. Ante su afición ha sumado 13 victorias, dos empates y solo ha perdido cuatro encuentros.

Mientras tanto, los gigantes tradicionales miraban con desconcierto. Equipos acostumbrados a dominar la liga quedaron atrapados en su propia irregularidad, incapaces de responder a la constancia de un recién llegado que no parecía dispuesto a ceder. La élite futbolística tradicional de Suiza ha visto desde la distancia cómo el Thun abría hueco con el paso de las jornadas. El actual doble campeón, el Basilea, capitaneado por Xherdan Shaqiri, es quinto a 21 puntos. Algo similar ocurre con el anteriormente dominante Young Boys de Berna -sexto a 26 puntos del Thun- y los dos clubes tradicionales de Zúrich como son el FCZ y el Grasshopper, campeón de récord y socio colaborador del Bayern de Múnich, luchan incluso contra el descenso.

El toque español

El Thun cuenta con un español en sus filas. Genís Montolio, central nacido en Barcelona hace 29 años, ha pasado por el Barcelona, el Espanyol, el Cornellà y el Villarreal antes de terminar en la Super League suiza en 2021. Entonces fichó por el Zúrich, pero en 2024 recaló en las filas del Thun. Este año ha disputado 29 partidos con la camiseta roja en los que ha anotado cuatro goles. Aunque la gran estrella del equipo es el defensa y capitán Marco Bürki, de 32 años, y el centrocampista Leonardo Bertone, también de 32 años, y al que se le compara con David Beckham por su golpeo de balón. Ambos son de una localidad cercana a Thun y se han convertido en referentes de la filosofía de proximidad del equipo suizo.

Su máximo artillero es Elmin Rastoder, delantero de 24 años nacido en Suiza e internacional con Macedonia del Norte, que suma 13 tantos, seguido por Bertone y el delantero Christopher Ibayi, ambos con 10 goles. Arriba cuenta con un excompañero de Kylian Mappé en la cantera del Mónaco, Brighton Labeau, que es internacional con Martinica y su gran promesa es el centrocampista de 20 años Ethan Meichtry, internacional sub-21 y con opciones reales de estar en el próximo Mundial de 2026 con la selección suiza.

El relato recuerda inevitablemente al del Leicester City, aquel campeón improbable de la Premier en 2016. Pero cada milagro tiene su acento. El de Thun es más silencioso, más alpino. No ha necesitado grandes discursos, sino una suma de pequeños gestos bien ejecutados. Y el premio es doble para el equipo suizo, porque en julio entrará en la segunda ronda previa de la Champions League para buscar una plaza entre los 36 mejores en tres eliminatorias.

El Thun ha ganado la Super League suiza y ha recordado algo esencial: que todavía hay espacio para lo inesperado en el fútbol. Que, de vez en cuando, un pequeño punto en el mapa puede convertirse en el centro del mundo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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