Si este juicio fuera una película, la sesión de este lunes sería el clímax. El político pillado en un festival de mensajes de corrupción, amantes y chalés, al fin cara a cara con el fiscal que le ha perseguido. Fue un tour de force intenso en medio de un silencio sepulcral. Luzón, inquisitivo, se permitió alguna sorna. Y Ábalos resucitó. Había empezado el juicio sonriendo y parloteando con Koldo. Después se pasó días somnoliento, recostado en el banquillo. Ayer era su turno y regresó aquel Ábalos confiado, ofendido, teatrero, sentimental, ¡honrado! Aquella bestia de la política. Su voz cavernosa inundó la sala. Y su relato resultó más inverosímil cuanto más levantaba las cejas.
Sin corbata, con un montón de papeles y las gafas sobre ellos, Ábalos se aferró a que «el señor García» hacía y deshacía sin que él se enterara de nada mientras se presentó como una víctima de Aldama y del amor. Resonó aquel épico «Vengo solo en mi coche, no tengo secretaria, no tengo a nadie detrás», sólo que ahora duerme en Soto del Real. Se quejó de que en la cárcel no puede «ingresar» nada y de que es «carne de meme». Detalló que él «nunca» pasó una noche en el pisito de plaza de España con Jésica; iban allí «después de comer». Según contó, a Koldo le pidió para ella un empleo «que no tuviera nada que ver con el Ministerio». Además, él pensaba que Jésica «teletrabajaba», pero de eso no hablaban: Ineco no era un tema «fascinante» de conversación. ¡Si incluso Tragsa le «sonaba al Ministerio de Agricultura»!
Para la hora de los informativos del mediodía llegó el punto álgido. «Todo lo que me han encontrado son 94.000 euros sin justificar. ¡Ese es el gran caso de corrupción de las mascarillas! No van a encontrar nada». Luzón le leyó aquel audio suyo con Koldo, memorable: «Tu hijo tiene que tener dinero tuyo, por cojones. Si no te gastas 474.000 euros en dos años». No reconozco esos audios, le replicó. ¿Y los «folios»? «Son de verdad. Tengo esa cultura del papel». Luzón: «¿Koldo utilizaba el término folios...?». Él: «¡Conmigo no!».
Sobre Aldama, habló de «farsa» salvo, curiosamente, en lo tocante a Air Europa. También salvó al PSOE y al presidente, porque por ahí fue el día. Hasta el punto de que Leticia de la Hoz parafraseó a Sánchez al hablar del chalé de La Alcaidesa. «O sea, que es una inventada del señor Aldama», puntualizó en farragoso lenguaje procesal. Ábalos también negó que Aldama le diera dinero en mano -sería «muy grosero»- y se rio de su condición de preso cuando a un magistrado le sonó el móvil: «Eso nos pasa a todos... Bueno, a mí ya no».
Koldo abandonó sus aspavientos esta vez. Le escuchó en silencio, inmóvil. En el receso se le acercó para ponerse detrás de él, servil. Ábalos lo llamó «lealtad». «Cuando alguien te sirve, te da protección, te cuida... a veces eso lleva a situaciones curiosas», dijo. Quizá sea la mejor síntesis de su pretendido papel en todo este esperpento, junto a otra más: «Siempre vía Koldo».
Fue una fantasía larga la de Ábalos. Cuando volvió en sí, de vuelta al banquillo, entrecerró los ojos otra vez y la nube se pinchó. A petición de Choclán se reprodujo un larguísimo audio de una conversación Koldo-Ábalos grabada por el entonces asesor. Barriles de petróleo y Guaidó. «Pero vamos a ver, ¿qué me quieres decir? ¿Que porque como hemos mediado me va a caer algo? (...) ¿Estamos hablando de 500.000 euros al mes?».
A media tarde el Supremo se revolucionó. Al aguerrido Luzón no se le ha permitido rebajar su petición de condena para Aldama por su acreditada colaboración con la Justicia. Teresa Peramato no quiere. Ábalos diría que «los sitios son siempre efímeros y pasajeros». Podría añadirse: el prestigio no.