Mi hermosa lavandería
El misterio Yayoi Regala esta noticia Añádenos en Google 11/09/2026 a las 11:43h.Los ojos negros, redondos, que no pestañeaban nunca. Las pelucas rojas. Los trajes de lunares a juego con sus obras. Yayoi Kusama se va de ... este mundo a los 97 años, siendo una de las personalidades más conocidas del mundo del arte. Y, a la vez, su figura sigue siendo un gran enigma. ¿Qué impulsó a Kusama a abandonar Japón en los 60, con la oposición de su familia, e irse a Nueva York sin saber ni una palabra de inglés ni conocer a nadie, únicamente con la dirección postal de Georgia O'Keefe en el bolsillo? ¿Cómo fue la génesis de su particular forma de llenar el espacio? ¿Desde cuándo tuvo esas alucinaciones que la obligaron a recluirse en un hospital psiquiátrico más de la mitad de su vida?
La única relación que se le conoce es el breve romance platónico con Joseph Cornell, un artista tan único como ella. Una profunda amistad los unió hasta la muerte del estadounidense, que creyó siempre en ella y en su talento. Solían pasear de la mano por el patio de atrás de la casa de él, bajo la mirada vigilante de la madre de Cornell.
¿Cómo unir todos esos aspectos de Yayoi Kusama sin perder de vista su enfermedad mental? ¿Se ha convertido ya en una especie de icono a lo Frida Kahlo con acento japonés y el don de la ubicuidad?
«Un día —relata—, mientras pintaba redes de líneas y puntos por toda la superficie del lienzo, mi pincel, contra mi voluntad, se separó del lienzo y comenzó a cubrir la mesa, luego el suelo, y se extendió por toda la habitación con puntos. Sin duda, fue una alucinación». Aterrorizada por esta visión, fue llevada al hospital. Su enfermedad mental fue confirmada.
El éxito le llegó en la década de 1980. Se dedicó entonces a la pintura acrílica en lugar de al óleo, lo que les otorgó a sus lienzos colores vibrantes. Las retrospectivas se multiplicaron, desde Bilbao hasta San Francisco, pasando por Miami y Oporto. Desde 2017, hay un museo dedicado a ella en Tokio. La calabaza cubierta de lunares que colocó en un muelle de la isla/museo de Naoshima se convirtió en objeto de peregrinación. Sus obras y su rostro invadieron pañuelos, bolsos, camisetas, calcetines…
En los últimos años ha vivido rodeada de un séquito de asistentes y respaldada por poderosas galerías. La artista cumplía con todas las peticiones produciendo a un ritmo vertiginoso, colaborando con la marca Vuitton, lo que la ayudó a convertirse en una estrella del pop incluso a riesgo de convertirse en una caricatura de sí misma. Sus entrevistas eran cada vez más extravagantes. «Los seres humanos son algo terrible. ¿Cuántas tazas de café tendrán que beber, cuántos macarrones tendrán que comer antes de morir?», decía en 2012. Hace poco han salido a la luz comentarios absolutamente racistas que pronunció durante su estancia en Estados Unidos. ¿Cómo unir todos esos aspectos de Yayoi Kusama sin perder de vista su enfermedad mental? ¿Se ha convertido ya en una especie de icono a lo Frida Kahlo con acento japonés y el don de la ubicuidad?
Quedan muchos interrogantes en la vida y la obra de la artista. Mientras tanto, el público sigue fascinado con sus instalaciones de espejos que sumergen al visitante en el vértigo del infinito.
Reportar un error