Cuando hablamos de drones pensamos automáticamente en vehículos voladores, pero también existen drones submarinos. Lo que no es tan habitual es que un mismo dron sea capaz de hacer las dos cosas. Es justo lo que acaba de conseguir el MIT: un pequeño robot con alas capaz de volar y sumergirse en el agua, como si fuera una ave marina cuando caza.
El robot, el cual han bautizado con el nada sugerente nombre de "vehículo aéreo-acuático de alas batientes" (FAAV, por sus siglas en inglés), ha sido desarrollado por un equipo de ingenieros del MIT y la EPFL y sienta las bases para la creación de un nuevo tipo de drones capaces de moverse en varios medios.
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Inspirado en la naturaleza
El diseño no se parece nada al de un dron volador al uso ya que no tiene hélices, sino que para volar usa dos alas como las de un pájaro. Las alas están unidas a un pequeño fuselaje central donde se encuentra la batería y el motor que las mueven.
Las alas están hechas de una membrana fina con un recubrimiento hidrófugo que repele el agua, de forma que no añada peso ni ralentice sus movimientos al salir del agua. También tiene una cola orientable que le permite hacer giros y ajustar la inclinación tanto para entrar como para salir del agua. En total pesa tan sólo 300 gramos.
Para su creación, los ingenieros analizaron las características de más de 100 especies de aves buceadoras, como los frailecillos, los petreles o los martines pescadores. Lo que han observado es que las aves más pequeñas son capaces de aletear unas diez veces en el aire y cuatro en el agua, mientras que la frecuencia baja en el caso de aves más grandes como las gaviotas. Para simular distintos tipos de vuelo, crearon varios tipos de alas de distintos tamaños que se pueden intercambiar.
Hay un matiz curioso y es que la mayoría de aves buceadoras se ayudan de sus patas para tomar impulso y despegar del agua. El robot no las tiene y aun así consigue el mismo efecto, el truco está en el ángulo de despegue. Tras varias pruebas vieron que necesita salir del agua a 70 grados, si se pasa, en lugar de despegar, se cae hacia atrás.
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Investigación y exploración remota
La pregunta lógica es para qué sirve esto, y hay dos respuestas. La primera es que han querido estudiar más a fondo la mecánica de vuelo de estas aves y cómo la modifican al pasar del aire al agua y viceversa. La segunda es usar este robot como vehículo de exploración para zonas remotas.
La idea de Raphael Zufferey, autor principal del estudio, es que estos robots puedan lanzarse desde un barco o la costa para volar hasta zonas de interés (como un iceberg, un puerto, un grupo de ballenas), sumergirse a tomar una muestra o medición, y volver a volar para entregar los datos. Todo mucho más barato que con los medios oceanográficos tradicionales, y con la posibilidad de repetir el proceso cada hora en lugar de cada semana.
Los próximos pasos del equipo pasan por dar a las alas capacidad de giro (además de aletear) y probar el robot en condiciones más adversas, como aguas agitadas o viento.
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La noticia
El MIT ha diseñado un robot que vuela y bucea como un ave marina, pero sin patas: el truco está en el ángulo de despegue
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Amparo Babiloni
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El MIT ha diseñado un robot que vuela y bucea como un ave marina, pero sin patas: el truco está en el ángulo de despegue
El objetivo a corto plazo es estudiar la mecánica de vuelo de estas aves capaces de zambullirse
A medio plazo quieren usarlos para exploración en zonas remotas
Cuando hablamos de drones pensamos automáticamente en vehículos voladores, pero también existen drones submarinos. Lo que no es tan habitual es que un mismo dron sea capaz de hacer las dos cosas. Es justo lo que acaba de conseguir el MIT: un pequeño robot con alas capaz de volar y sumergirse en el agua, como si fuera una ave marina cuando caza.
El robot, el cual han bautizado con el nada sugerente nombre de "vehículo aéreo-acuático de alas batientes" (FAAV, por sus siglas en inglés), ha sido desarrollado por un equipo de ingenieros del MIT y la EPFL y sienta las bases para la creación de un nuevo tipo de drones capaces de moverse en varios medios.
El diseño no se parece nada al de un dron volador al uso ya que no tiene hélices, sino que para volar usa dos alas como las de un pájaro. Las alas están unidas a un pequeño fuselaje central donde se encuentra la batería y el motor que las mueven.
Las alas están hechas de una membrana fina con un recubrimiento hidrófugo que repele el agua, de forma que no añada peso ni ralentice sus movimientos al salir del agua. También tiene una cola orientable que le permite hacer giros y ajustar la inclinación tanto para entrar como para salir del agua. En total pesa tan sólo 300 gramos.
Para su creación, los ingenieros analizaron las características de más de 100 especies de aves buceadoras, como los frailecillos, los petreles o los martines pescadores. Lo que han observado es que las aves más pequeñas son capaces de aletear unas diez veces en el aire y cuatro en el agua, mientras que la frecuencia baja en el caso de aves más grandes como las gaviotas. Para simular distintos tipos de vuelo, crearon varios tipos de alas de distintos tamaños que se pueden intercambiar.
Hay un matiz curioso y es que la mayoría de aves buceadoras se ayudan de sus patas para tomar impulso y despegar del agua. El robot no las tiene y aun así consigue el mismo efecto, el truco está en el ángulo de despegue. Tras varias pruebas vieron que necesita salir del agua a 70 grados, si se pasa, en lugar de despegar, se cae hacia atrás.
La pregunta lógica es para qué sirve esto, y hay dos respuestas. La primera es que han querido estudiar más a fondo la mecánica de vuelo de estas aves y cómo la modifican al pasar del aire al agua y viceversa. La segunda es usar este robot como vehículo de exploración para zonas remotas.
La idea de Raphael Zufferey, autor principal del estudio, es que estos robots puedan lanzarse desde un barco o la costa para volar hasta zonas de interés (como un iceberg, un puerto, un grupo de ballenas), sumergirse a tomar una muestra o medición, y volver a volar para entregar los datos. Todo mucho más barato que con los medios oceanográficos tradicionales, y con la posibilidad de repetir el proceso cada hora en lugar de cada semana.
Los próximos pasos del equipo pasan por dar a las alas capacidad de giro (además de aletear) y probar el robot en condiciones más adversas, como aguas agitadas o viento.