En esta misma semana hemos conocido que la misión Artemis II que debía volver a poner al ser humano en torno a la Luna, se ha tenido que retrasar. Los viejos fantasmas del programa espacial, como es la complejidad del hidrógeno líquido, ha vuelto a ser un batacazo a la NASA que cada vez se muestra más cercana a SpaceX para delegar parte de sus misiones espaciales.
El hidrógeno como herencia maldita. Como recordatorio, todos los problemas de Artemis II han surgido durante el ensayo general en la carga de combustible, puesto que se tuvo que detener al detectar una fuga en las líneas de combustible de hidrógeno.
Para los seguidores del programa, esto suena terriblemente familiar. Son fallos calcados a los que ya sufrió la misión Artemis I y que parecen heredados de la era del Transbordador Espacial. El hidrógeno líquido, al ser la molécula más pequeña existente, tiene una facilidad pasmosa para escapar por la más mínima imperfección, una situación que se ha visto agravada recientemente por el frío extremo en las plataformas de prueba.
La dependencia de SpaceX. Mientras que el cohete SLS muestra signos de fatiga técnica y presupuestaria, con Boeing amenazando con reducciones de personal en medio de esta crisis, la NASA se ve obligada a pivotar cada vez más hacia el sector privado. Aquí es donde se encuentra SpaceX con los brazos abiertos.
El plan actual es complejo: el SLS debe poner en órbita la cápsula Orion, que luego se acoplará con el sistema de aterrizaje humano (HLS) de SpaceX para bajar a la superficie lunar. Sin embargo, los retrasos del SLS ponen en riesgo toda la cadena de misiones que vienen después como Artemis III que podría irse hasta 2028.
Tiene sus desafíos. Pero SpaceX no es perfecta del todo, puesto que para que la Starship HLS llegue a la Luna, requiere una maniobra de reabastecimiento orbital que podría implicar hasta 12 vuelos previos de tanqueros, una complejidad logística sin precedentes.
A pesar de que Starship también enfrenta sus propios desafíos y demoras, diferentes fuentes indican que es el único lander contratado con capacidad real para operar antes de 2030. Aunque la NASA ha abierto la puerta a Blue Origin para misiones posteriores buscando diversificar, hoy por hoy, sin SpaceX, el ritmo lunar colapsaría.
Hasta la extenuación. Mientras el SLS lucha por superar fugas básicas, SpaceX sigue su filosofía de "romper cosas para aprender rápido". A finales de 2025, la compañía completó su undécimo vuelo de prueba, logrando un hito clave: el amerizaje suave y controlado de la etapa superior en el océano Índico y el reencendido exitoso de los motores Raptor en el vacío.
Este vuelo marcó el fin de la era "V2". Ahora, SpaceX transiciona a la Starship V3, una bestia aún más grande y capaz, diseñada específicamente para cumplir con los requisitos de carga de Artemis. Pero introducir un nuevo vehículo implica nuevos riesgos y certificaciones que devoran tiempo.
Más que un cohete. A menudo olvidamos que la Starship HLS no es solo un vehículo de transporte; será la "casa" de los astronautas en la superficie lunar durante una semana, lo que marca aún más esta dependencia. Aunque no se queda aquí, ya que SpaceX ha completado
SpaceX ha completado recientemente 49 hitos contractuales cruciales para la NASA que van más allá de la propulsión, como por ejemplo el soporte vital que mantendrá vivos a los astronautas. Aunque también han conseguido validar el sistema para el descenso de la tripulación en la luna o los motores Raptor que han demostrado su capacidad para encenderse tras estar expuestos al frío profundo del espacio.
La dependencia es un problema. Con los datos actuales sobre la mesa, el optimismo de 2025 se ha evaporado, retrasando la fecha de las diferentes misiones para volver a estar sobre la Luna. Y aunque el SLS es a día de hoy un cuello de botella, la inmensa complejidad de la operativa de Starship, que requiere de una cadena de lanzamiento casi semanal, es el verdadero muro contra el que se estrellan las fechas políticas de Washington.
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El muro de la realidad golpea a Artemis II: volver a la Luna antes de 2030 empieza a parecer una fantasía política
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José A. Lizana
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El muro de la realidad golpea a Artemis II: volver a la Luna antes de 2030 empieza a parecer una fantasía política
El regreso a la Luna del ser humano se encuentra con muchos obstáculos de diferentes empresas
En esta misma semana hemos conocido que la misión Artemis II que debía volver a poner al ser humano en torno a la Luna, se ha tenido que retrasar. Los viejos fantasmas del programa espacial, como es la complejidad del hidrógeno líquido, ha vuelto a ser un batacazo a la NASA que cada vez se muestra más cercana a SpaceX para delegar parte de sus misiones espaciales.
El hidrógeno como herencia maldita. Como recordatorio, todos los problemas de Artemis II han surgido durante el ensayo general en la carga de combustible, puesto que se tuvo que detener al detectar una fuga en las líneas de combustible de hidrógeno.
Para los seguidores del programa, esto suena terriblemente familiar. Son fallos calcados a los que ya sufrió la misión Artemis I y que parecen heredados de la era del Transbordador Espacial. El hidrógeno líquido, al ser la molécula más pequeña existente, tiene una facilidad pasmosa para escapar por la más mínima imperfección, una situación que se ha visto agravada recientemente por el frío extremo en las plataformas de prueba.
Tiene sus desafíos. Pero SpaceX no es perfecta del todo, puesto que para que la Starship HLS llegue a la Luna, requiere una maniobra de reabastecimiento orbital que podría implicar hasta 12 vuelos previos de tanqueros, una complejidad logística sin precedentes.
A pesar de que Starship también enfrenta sus propios desafíos y demoras, diferentes fuentes indican que es el único lander contratado con capacidad real para operar antes de 2030. Aunque la NASA ha abierto la puerta a Blue Origin para misiones posteriores buscando diversificar, hoy por hoy, sin SpaceX, el ritmo lunar colapsaría.
Hasta la extenuación. Mientras el SLS lucha por superar fugas básicas, SpaceX sigue su filosofía de "romper cosas para aprender rápido". A finales de 2025, la compañía completó su undécimo vuelo de prueba, logrando un hito clave: el amerizaje suave y controlado de la etapa superior en el océano Índico y el reencendido exitoso de los motores Raptor en el vacío.
Este vuelo marcó el fin de la era "V2". Ahora, SpaceX transiciona a la Starship V3, una bestia aún más grande y capaz, diseñada específicamente para cumplir con los requisitos de carga de Artemis. Pero introducir un nuevo vehículo implica nuevos riesgos y certificaciones que devoran tiempo.
Más que un cohete. A menudo olvidamos que la Starship HLS no es solo un vehículo de transporte; será la "casa" de los astronautas en la superficie lunar durante una semana, lo que marca aún más esta dependencia. Aunque no se queda aquí, ya que SpaceX ha completado
SpaceX ha completado recientemente 49 hitos contractuales cruciales para la NASA que van más allá de la propulsión, como por ejemplo el soporte vital que mantendrá vivos a los astronautas. Aunque también han conseguido validar el sistema para el descenso de la tripulación en la luna o los motores Raptor que han demostrado su capacidad para encenderse tras estar expuestos al frío profundo del espacio.
La dependencia es un problema. Con los datos actuales sobre la mesa, el optimismo de 2025 se ha evaporado, retrasando la fecha de las diferentes misiones para volver a estar sobre la Luna. Y aunque el SLS es a día de hoy un cuello de botella, la inmensa complejidad de la operativa de Starship, que requiere de una cadena de lanzamiento casi semanal, es el verdadero muro contra el que se estrellan las fechas políticas de Washington.