Cecilia Bizzotto, sexóloga y psicóloga
«El número de encuentros sexuales no es indicativo de nada»«Cultivar la erótica», asegura la experta, es el mejor camino hacia una sexualidad más plena
Regala esta noticia Cecilia Bizzotto ha convertido el sexo en su principal objeto de estudio. (SUR) 29/04/2026 a las 00:26h.Existen muchas opiniones sobre el sexo, pero no siempre se basan en evidencia empírica. Cecilia Bizzotto quiere cambiar eso. Para ello, lleva años investigando sobre ... el sexo. En esta entrevista con SUR, comparte su trabajo y ofrece una especie de guía definitiva para una vida sexual más feliz, saludable y apasionada. «El dinero y el sexo son los dos ejes que vertebran casi todas las sociedades», avanza.
–Creo que nunca es mala hora para hablar de sexo.
–Sin embargo, cuesta más que hacerlo sobre otros temas.
–Cuesta porque tenemos asociada la palabra sexo a una práctica explícita. Entonces, hablar sobre algo relacionado con ello también nos va a parecer explícito. Por ejemplo, si hablamos de erótica, de caricias o de otros aspectos de la sexualidad, lo llevamos hacia lo sexual, y lo sexual nos molesta. ¿Por qué nos molesta? Porque, en la sociedad en la que habitamos, que es la occidental, la forma de gestionar cómo las personas viven el sexo ha sido a través del tabú y de la prohibición.
–¿El sexo está en todo?
–El dinero y el sexo son los dos ejes que vertebran a casi todas las sociedades. La forma en la que nos vinculamos de manera romántica, cómo organizamos nuestra familia, nuestra erótica… todo eso tiene que ver con el sexo. Nuestra identidad sexual es muy importante para nuestras vidas.
–¿Qué relación tiene con nuestra salud psíquica?
–Si nuestra relación con la sexualidad es desde lo prohibido, el pecado o la vergüenza, todo lo que yo deseo, lo que me pone, lo que me atrae y lo que quiero me genera incomodidad. Entonces, eso va a desembocar en problemas de salud mental. Por ejemplo, un hombre que tiene deseos sexuales hacia otros hombres, pero considera que es algo que está mal, que le va a generar problemas. O, por ejemplo, si crees que está mal tener fantasías sexuales con alguien que no es tu pareja. La vinculación con la salud física es bidireccional.
–¿Cuáles son los beneficios físicos de tener sexo?
–Tener orgasmos con cierta regularidad mejora la salud cardiovascular. La vinculación positiva con la salud está bastante constatada a nivel científico. Durante el sexo, se generan hormonas de satisfacción como la dopamina o la endorfina. Pero en esto me parece importante hacer un matiz para evitar sentir culpa si no tienes sexo.
«El objetivo del sexo no tiene que ser el orgasmo»
–¿Cuántas veces deberíamos tener sexo?
–Las que te apetezcan, las que sientas y las que quieras. El número no sirve de mucho. La cantidad de encuentros sexuales no es indicativa de nada. Si no está siendo satisfactorio, no me vale de nada. Ese número, además, suele ser muy coitocentrista. Está determinado por la cantidad de veces que metes un pene en una vagina. Una persona puede estar muy satisfecha a nivel sexual aunque no haya penetración, pero sí otro tipo de prácticas sexuales o eróticas.
–¿La penetración debería ir acompañada de algo más?
–Sí. De hecho, se calcula que solo el 20 % de las mujeres tienen orgasmos con penetración. La gran mayoría los tienen con la estimulación del clítoris. Eso no quita que la penetración pueda ser muy satisfactoria, porque el objetivo del sexo no tiene que ser necesariamente el orgasmo. Generalmente, tenemos una sexualidad con una mirada muy centrada en el hombre. Pero los hombres también pueden descubrir deseos sexuales que no sean el coito.
–¿Cómo se puede materializar esa vida más allá de lo establecido?
–Nos podemos tocar y aprender a estimular el cuerpo sin necesidad de estimular los genitales. Este ejercicio incrementa mucho el deseo. Acaba generando erecciones muy potentes y mejora la relación. Siempre estamos orientados a lo mismo en el sexo, pero tenemos que hacer cosas a las que no estamos acostumbrados. Cuando deconstruimos todas las construcciones sociales, nuestra sexualidad se libera mucho y la podemos vivir de forma más placentera.
–¿Cuál es el principal mito que rodea al sexo?
–Uno sería que el número de encuentros sexuales es determinante para la salud sexual. Otro es que el sexo tiene que acabar en un orgasmo para que sea satisfactorio. También destacaría el mito de que hay prácticas sexuales que son buenas o malas.
–Entremos en el terreno de las fantasías sexuales. ¿Con qué fantaseamos más?
–Hice una investigación con 1.100 personas en España. La fantasía de sexo en grupo, tríos u orgías es una de las principales. No hay una gran diferencia aquí entre hombres y mujeres. Luego, por otro lado, la relacionada con el BDSM y los juegos de roles de dominación-sumisión. También hay muchas personas que fantasean con tener sexo en sitios diferentes al habitual.
–¿Y al intentar llevar la fantasía a la realidad llega el gran desengaño?
–Lo que hay que ser consciente es de que una fantasía nunca va a ser como nos la sugiere la pornografía. Tener un trío, por ejemplo, es una fantasía que tienen muchas personas, pero que, cuando la llevan a la realidad, se llevan un chasco. Es una fantasía muy estereotipada, acompañada de unas expectativas que luego son difíciles de cumplir.
–Si establecemos una categoría de fantasías sexuales sobrevaloradas, ¿tener sexo en la playa figura en los puestos altos?
–Podría estar ahí, sin duda. La arena, el agua… Encima, si hace viento, el sexo puede llegar a ser algo incómodo.
–Vemos cómo ahora existen nuevos modelos de pareja. Al final, ¿la sexualidad vivida en pareja no es algo imbatible?
–Es una observación interesante. Creo, sin embargo, que está relacionada con los mitos asociados a las parejas abiertas, como si estuvieran teniendo sexo con todo tipo de personas todo el rato. Por ejemplo, las personas poliamorosas buscan vínculos afectivos y emocionales; no buscan sexo casual necesariamente. Entonces, tienen dos o tres vínculos y van a tener un sexo igual de profundo que el que puede tener una persona monógama. La idea de que el sexo en pareja tiene que ser lo mejor del mundo también es algo que nos viene impuesto, pero no es así para todo el mundo. Hay personas para las que el componente de experimentación o innovación es muy importante: probar cosas nuevas, tocar un nuevo cuerpo…
–¿En las relaciones abiertas no hay siempre una persona que está sufriendo?
–Siempre advierto de que abrir una relación es algo muy difícil. Si no parte de las dos personas, no va a funcionar y puede ser algo doloroso. Si se prioriza solo el deseo de una parte de la pareja, el fracaso está casi programado. Pero es algo que pasa en todos los aspectos de una relación, diría.
«El sexo se ha gestionado desde el tabú y la prohibición»
–Miro mi agenda. Aparecen algunas citas de trabajo, alguna médica. Sin embargo, no hay nada agendado que diga «tener sexo». ¿Puede ser una buena idea?
–Si nos apuntamos las cosas importantes y hemos concluido que el sexo es importante, no es para nada descabellado fijar un día o un momento para tener sexo. Va un poco en función de las necesidades de cada persona o pareja, pero puede ser algo muy recomendable. En una relación de larga duración, cada vez es más complicado que el sexo y el deseo aparezcan de forma mística o espontánea como al principio. El hecho de preparar una cita sexual ya puede ser excitante.
–¿De dónde viene la falta de deseo?
–Las personas que tienen problemas con el deseo no suelen estar conectadas con su erótica. Y yo no puedo estar conectada con mi erótica si mi vida es un Google Calendar infinito y ninguna de esas citas contempla, por ejemplo, un espacio para poder acariciarme, masturbarme, leer literatura erótica o hablar de sexo con mis amigos o pareja. Si en ningún momento de mi cotidianidad estoy priorizando el sexo, el deseo no va a salir. Hay que cultivar la erótica.
–¿No cree que la erótica ha muerto por culpa de la pornografía?
–Es verdad que vivimos en una sociedad de hipersexualización, y eso nos genera una desensibilización hacia la erótica. Pero hay otro tipo de pornografía que es más erótica, que no consiste en enchufar una cámara y que solo se vea un metesaca. La erótica requiere de un contexto; es una conexión con la intimidad y la intelectualidad. La masturbación no es agarrar el pene o la vulva y ponerse a ver porno. Eso es una masturbación rápida y acelerada, sin pensar en una fantasía o explorar otras partes de nuestro cuerpo.
–¿Recomendaría eliminar el consumo de porno por completo?
–Si existe un alto grado de consumo, recomiendo dejar de ver porno, sí. Muchas personas están anestesiadas. Igual te das cuenta de que el sexo puede ser una actividad mucho más placentera. Por ponerte un ejemplo, una pareja que se masturba el uno al otro. No siempre hace falta realizar un acto de penetración con 20.000 posturas, que parece casi un «performance» olímpico.
–Como todo en la vida, el sexo, me temo, también es política.
–Sí, lo es, 100 %. La sociedad nos marca cómo debemos vivir nuestra sexualidad. En los colegios, prácticamente, no hay ningún tipo de educación sexual. Es muy baja o puntual. El sexo es profundamente político y cabe preguntarse por qué no priorizamos más la salud sexual de las personas. Tener una sociedad que se opone a cultivar el vínculo entre el yo, la sociedad y el sexo nos habla del desinterés que hay en política por este tema.
–¿Llegar al orgasmo en un hombre es más común que en la mujer?
–Eso es así. De hecho, este fenómeno, que se llama brecha orgásmica, está muy estudiado. En las mujeres heterosexuales, solo un 65 % llega al orgasmo durante la relación. En los hombres, la cifra está cerca del 95 %. Ahora bien, uno puede ir al estereotipo de que las mujeres son complicadas o difíciles de satisfacer, pero eso es un mito. Lo que se observa es que las parejas lesbianas no tienen esta desigualdad. Entonces, esta desigualdad viene del tipo de sexo que se está teniendo en el sexo heterosexual, marcado por el coitocentrismo.
–Usted investiga sobre el sexo; forma parte de su trabajo diario. ¿Cómo lo aísla de su propia vida privada?
–A mí me es difícil no pensar en sexualidad. Mi vida profesional es muy importante para mí y pienso mucho en ello. Desde luego, yo diría que es algo que me enriquece; no me desvinculo nunca. Para mí, mi sexualidad ha mejorado, por ejemplo, al quitarme tabúes que yo tenía. Crecer en lo profesional me ha servido para deconstruirme y vivir mejor mi sexualidad.
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