La sensación de impunidad y la agresividad con la que, cada vez más, actúan las mafias del narcotráfico en el litoral andaluz y, en especial en el Campo de Gibraltar, ha escalado esta semana un peldaño más con el robo de tres embarcaciones semirrígidas de la Armada mientras eran utilizadas en las maniobras que se estaban llevando a cabo en la playa del Retín, entre las localidades de Barbate y Zahara de los Atunes.
Sucedió, según han confirmado a EL MUNDO fuentes militares, este martes y ese mismo día se denunció la desaparición de las tres semirrígidas a la Guardia Civil, que ha abierto una investigación para tratar de recuperarlas y detener a los responsables de su sustracción.
Las maniobras, bautizadas como Flotex26, se desarrollaron a lo largo de toda la semana en aguas no solo del Estrecho de Gibraltar, sino también en el Golfo de Cádiz y en el mar de Alborán. Se trata de una de los ejercicios de adiestramiento principales de la Armada y se repiten cada año en esta zona.
Como parte de las maniobras, el martes se produjo un desembarco en el litoral barbateño por parte de tres embarcaciones de cinco metros de eslora cada una y con motores fueraborda con infantería de marina a bordo. Tras alcanzar la orilla, las lanchas fueron camufladas.
Pero, al regresar a la playa, las embarcaciones habían desaparecido con todo el equipamiento que había dentro de ellas, incluidos trajes secos y equipos de rastreo.
Aunque no está oficialmente confirmado, la investigación apunta a que detrás del robo de las embarcaciones estaría un grupo de petaqueros, organizaciones dedicadas a suministra combustible a las narcolanchas en alta mar, una actividad para la que podrían ser ahora utilizadas las lachas semirrígidas de la Armada robadas.
Este suceso, además de provocar indignación, ha encendido las alarmas en la lucha antidroga porque confirma la ausencia de límites con la que actúan y pone de manifiesto lo lejos que se está de haber puesto coto a los traficantes que operan en la zona sur del país.
La sustracción de material de la Armada se suma a los ataques, más frecuentes y violentos cada día, que sufren las fuerzas y cuerpos de seguridad, con uso, incluso, de armas de guerra, y que han causado, en los últimos años lesiones a varios agentes y, sobre todo, el fallecimiento de cuatro de guardias civiles.
Hace dos años, dos murieron, precisamente, en el puerto de Barbate después de que una narcolancha arrollase la zodiac en la que navegaban. Las dos víctimas mortales más recientes fueron el guardia Germán Pérez y el capitán Jerónimo Jiménez, que perdieron la vida hace un par de semana a 80 millas de la costa de Huelva mientras perseguían a otra narcolancha.
Estas últimas muertes han revelado hasta qué punto el litoral onubense se han convertido, al igual que el Estrecho de Gibraltar, en campo de operaciones de organizaciones de narcos que emplean la violencia para proteger, a toda costa, la droga que transportan, sin importar si ello conlleva un enfrentamiento armado con las fuerzas de seguridad y las organizaciones profesionales han vuelto a incidir en la falta de medios en una lucha desigual.