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El Niño y el polvo del Sahara amortiguan los huracanes en el Atlántico, mientras en el Pacífico se disparan

El Niño y el polvo del Sahara amortiguan los huracanes en el Atlántico, mientras en el Pacífico se disparan
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El fenómeno de El Niño, junto con el polvo del Sahara, está haciendo que la temporada de huracanes de este año sea muy leve. Pero aún existe la posibilidad de que se produzcan tormentas peligrosas.
Dennis MersereauClima17 de agosto de 2026el fenómeno de El Niño de este año, que va camino de hacer historia; mientras tanto, las temperaturas de la superficie del mar se disparan a niveles sin precedentes en una franja crítica del océano Pacífico. La otra condición son las persistentes ráfagas de aire seco y polvoriento que soplan desde la costa de África.

En conjunto, estas fuerzas lejanas están actuando para sofocar cualquier posibilidad de que se desarrollen tormentas tropicales en la cuenca atlántica. Los meteorólogos prevén ahora una de las temporadas de huracanes más tranquilas de los últimos años, con menos de diez tormentas con nombre que probablemente logren sortear las condiciones desfavorables.

Los expertos se han quedado atónitos ante la rapidez con la que se ha intensificado El Niño este verano. Este fenómeno, caracterizado por aguas más cálidas de lo normal alrededor del ecuador en el Pacífico oriental y central, altera significativamente los patrones meteorológicos globales.

¿Cómo se genera El Niño?

Para que se produzca El Niño, es necesario que las temperaturas del agua en una región clave alrededor del ecuador se mantengan al menos 0.5°C (0.9°F) por encima de lo normal durante varios meses consecutivos. Las mediciones muestran que esta franja del Pacífico se encuentra al menos 1.5°C por encima de la media para esta época del año. En algunas partes de la región se registran anomalías sorprendentes de hasta 4°C por encima de lo normal.

Las aguas anormalmente cálidas del océano Pacífico dan lugar a extensas bolsas de aire ascendente en la región, algo que altera los patrones de viento en las capas altas. El aumento de la convección sobre el Pacífico, junto a los patrones de viento reajustados en las capas altas, se combinan para enviar vientos más fuertes de lo habitual hacia el este sobre la cuenca atlántica. Es el fenómeno conocido como cizalladura del viento.

Las tormentas eléctricas son el germen del que surge un sistema tropical. Los fuertes vientos en altura alteran la estructura de una tormenta eléctrica incipiente. Con ello, en última instancia, impide que las tormentas individuales se organicen en un sistema tropical.

Más intensidad en el Pacífico

Estas mismas condiciones están teniendo el efecto contrario en la actividad de los ciclones tropicales en el húmedo océano Pacífico. A principios de agosto, la temporada de tifones del Pacífico occidental había sido más intensa que cualquier otra en casi 50 años. Cuatro tormentas en toda la región alcanzaron la intensidad equivalente a una tormenta de categoría 5, entre ellas Sinlaku en abril y Bavi, Dolphin y Genevieve en julio. El Pacífico central y oriental también están muy activos, y el Centro Nacional de Huracanes de EE UU prevé una actividad superior a la media en esta región durante todo el otoño.

Pero El Niño no es el único factor que está frenando la temporada de huracanes del Atlántico de este año. El monzón de África Occidental suele desempeñar un papel clave a la hora de enviar tormentas eléctricas hacia el Atlántico. Posteriormente pueden convertirse en sistemas tropicales. Pero el monzón de este año ha sido un tanto flojo, con precipitaciones por debajo de la media en lugares como Sierra Leona y Guinea. Eso indica que estamos asistiendo a perturbaciones más débiles de lo habitual.

El papel del Sahara

El desierto del Sáhara también está limitando el ya escaso potencial de esta temporada de huracanes. Las intrusiones de aire seco y polvoriento siguen soplando de este a oeste a través del Atlántico, actuando como una tapa sobre la atmósfera suprimiendo la mayoría de las oportunidades para el desarrollo de tormentas eléctricas.

En conjunto, estos factores se combinan para dar lugar a la temporada de huracanes del Atlántico menos activa desde al menos 2013. Los meteorólogos utilizan un indicador conocido como Energía Ciclónica Acumulada (ACE) para cuantificar una temporada en función de la intensidad y la duración de sus tormentas. Una temporada de huracanes promedio en el Atlántico produce un ACE global de 122.5. Esta temporada ha registrado hasta ahora un ACE de 3.1, lo que supone solo el 23% de la media para lo que va de agosto.

WIRED.com. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.

Fuente original: Leer en Wired - Ciencia
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