100.000 millones de euros en tierras de cultivo. Eso es lo que, según un exhaustivo informe de Greenpeace y el Datadista, gestiona el capital riesgo en la Península Ibérica a través de unos 900 fondos de inversión. No es una rareza española: es un boom internacional. En 2015, solo había 45 fondos especializados en 'agrobusiness' en el mundo; hoy hay más de mil.
De vuelta a España, desde 2019 la compra-venta de fincas ha crecido un 20%. Solo en 2023, se vendieron unas 148.000 fincas. Nueve de cada diez; al menos en Andalucía, se compraron sin hipoteca.
Pero lo preocupante no es esto. Al fin y al cabo, llevamos años hablando de la finaciarización del campo. Lo que no sabíamos era el profundísimo impacto que eso iba a tener.
En Xataka
La "uberización" del aceite de oliva español: cada vez menos manos controlan más y más volumen de producción
Cómo está cambiando el agricultor español. Según el informe hay tres tipos de compradores: fondos de inversión especializados, grandes corporaciones industriales y fortunas familiares. Es decir, la propiedad de la tierra se está separando rapidísimamente de ella: lo que antes eran empresarios o dueños tradicionales con cierta vinculación con el territorio, ahora son sencillamente inversores.
Y eso ha generado un nuevo tipo de empresa: las intermediarias especializadas. Las que permiten a inversores sin experiencia ninguna operar fincas como si fueran "franquicias". Empresas como Balam o Todolivo ofrecen gestionar integralmente las plantaciones (desde mejora genética y plantación a la recolección).
El problema, según los expertos que están estudiando estas transformaciones, es que los cambios en la propiedad y los cambios en la gestión están conllevando un cambio en la estructura productiva de la España rural. Por decirlo sin rodeos: este enfoque no genera empleo local significativo. Andalucía, por irnos al ejemplo más visual, ha perdido 178.957 empleos agrarios entre 2017 y 2014.
Están entrando miles de millones hacia el campo español, pero ese dinero no llega a la base.
¿Por qué es importante? Porque el mundo rural se está transformando a marchas forzadas: la crisis de relevo generacional, los bandazos del régimen hídrico y los problemas con la PAC son la guinda del pastel: fuentes de incertidumbre que hacen imposible saber hacia dónde vamos.
Y eso tiene consecuencias directas en nuestra vida diaria. Por ejemplo, en el caso del aceite, no solo vamos a ver cómo aumenta la volatilidad del precio del AOVE incluso en las cosechas buenas. Es que, por si fuera poco, se va a ir hacia una uniformización varietal (para centrarse en variedades superintensivas), una perdida de población rural y una desarticulación (industrial, social y cultural) aún más profunda de la España vaciada.
Imagen | Vasilis Caravitis
En Xataka | En California, los fondos descubrieron que no hay inversión más rentable que la tierra de cultivo. Ahora le toca a España
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La noticia
El nuevo agricultor español ya no vive en el pueblo: se llama John, estudió en Wharton y gestiona olivos desde Nueva York
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
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El nuevo agricultor español ya no vive en el pueblo: se llama John, estudió en Wharton y gestiona olivos desde Nueva York
Se venden 148.000 fincas en un año y sin hipoteca: así es como el capital financiero se está quedando con la España vaciada
100.000 millones de euros en tierras de cultivo. Eso es lo que, según un exhaustivo informe de Greenpeace y el Datadista, gestiona el capital riesgo en la Península Ibérica a través de unos 900 fondos de inversión. No es una rareza española: es un boom internacional. En 2015, solo había 45 fondos especializados en 'agrobusiness' en el mundo; hoy hay más de mil.
De vuelta a España, desde 2019 la compra-venta de fincas ha crecido un 20%. Solo en 2023, se vendieron unas 148.000 fincas. Nueve de cada diez; al menos en Andalucía, se compraron sin hipoteca.
Pero lo preocupante no es esto. Al fin y al cabo, llevamos años hablando de la finaciarización del campo. Lo que no sabíamos era el profundísimo impacto que eso iba a tener.
Cómo está cambiando el agricultor español. Según el informe hay tres tipos de compradores: fondos de inversión especializados, grandes corporaciones industriales y fortunas familiares. Es decir, la propiedad de la tierra se está separando rapidísimamente de ella: lo que antes eran empresarios o dueños tradicionales con cierta vinculación con el territorio, ahora son sencillamente inversores.
Y eso ha generado un nuevo tipo de empresa: las intermediarias especializadas. Las que permiten a inversores sin experiencia ninguna operar fincas como si fueran "franquicias". Empresas como Balam o Todolivo ofrecen gestionar integralmente las plantaciones (desde mejora genética y plantación a la recolección).
El problema, según los expertos que están estudiando estas transformaciones, es que los cambios en la propiedad y los cambios en la gestión están conllevando un cambio en la estructura productiva de la España rural. Por decirlo sin rodeos: este enfoque no genera empleo local significativo. Andalucía, por irnos al ejemplo más visual, ha perdido 178.957 empleos agrarios entre 2017 y 2014.
Están entrando miles de millones hacia el campo español, pero ese dinero no llega a la base.
¿Por qué es importante? Porque el mundo rural se está transformando a marchas forzadas: la crisis de relevo generacional, los bandazos del régimen hídrico y los problemas con la PAC son la guinda del pastel: fuentes de incertidumbre que hacen imposible saber hacia dónde vamos.