EL ESPAÑOL habla con reos ucranianos que han decidido alistarse en el Ejército a cambio de que anulen sus condenas.
Sirven en el Batallón Alcatraz y saben que van a luchar en los peores frentes, pero lo prefieren antes que la cárcel.
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María Senovilla Kramatorsk Publicada 21 marzo 2026 03:12hLas claves nuevo Generado con IA
Ahora que la narrativa de la guerra está centrada en el uso de los drones, y que Ucrania se ha convertido en el oráculo de Occidente sobre cómo derribarlos, los ejércitos de medio mundo están mirando al cielo. Pero aquí, sobre la tierra negra que cubre el frente del Dombás, los combates siguen su curso. Y las fuerzas de Zelenski siguen necesitando desesperadamente más soldados con los que mantener las trincheras.
La falta de personal dispuesto a luchar en primera línea se convirtió hace tiempo en uno de los principales problemas del Ejército ucraniano, que ha tenido que recurrir a la movilización forzosa para poder seguir sosteniendo el frente de combate.
Consciente de la pérdida de popularidad que iba a suponer esta medida, el presidente Zelesnki dilató todo lo que pudo la aprobación de la ley de Movilización –que permite detener a hombres de entre 25 y 60 años en plena calle, y enviarlos a un centro de entrenamiento militar–. Pero en abril de 2024, no le quedó más remedio que firmarla.
Ucrania encuentra problemas para movilizar voluntariosDe lo que se habló menos por aquel entonces es de otra enmienda que se aprobó casi a la vez que la ley de Movilización, y que hace posible reclutar a ciertas categorías de presidiarios que deseen alistarse de manera voluntaria. Las condiciones son claras: si sirven un año en el Ejército, se les anula la condena; pero deben servir en primera línea de combate, haciendo asaltos –algo que casi nadie quiere hacer–.
“Sólo reclutamos infantería e infantería de asalto. Van a hacer el trabajo más duro, pero ellos lo saben de antemano. Les informamos claramente de que no existe la opción de ser conductor o de sentarse en alguna posición tranquila. Reclutamos sólo hombres que van a luchar”, explica Valentín Lyaskovsky, el comandante en jefe del Batallón Alcatraz.
Reclutas del Batallón Alcatraz aprenden a utilizar el Kalashnikov durante un entrenamiento María Senovilla
Un ave con grilletes
En la actualidad hay varias unidades militares que acogen a estos exconvictos, pero la primera que se creó fue el Batallón Alcatraz. El nombre lo dice todo, y si quedan dudas, su emblema las despeja: en el parche del uniforme llevan un águila con un grillete en una de las patas, y una cadena unida a una bola de hierro –como las que llevaban los presos condenados a trabajos forzados en el siglo XIX–.
Pertenecen a la 93 Brigada Mecanizada del Ejército de Ucrania, y están desplegados en el Dombás. A priori, una celda puede parecer más apetecible que ese frente de combate, pero tras casi dos años de funcionamiento, el Batallón Alcatraz tiene cada vez más solicitudes de reos que quieren unirse.
Valentín Lyaskovsky, comandante en jefe del Batallón Alcatraz María Senovilla
“No aceptamos a todos, sólo pasa la criba un 30% de los que lo solicitan”, revela Lyaskovsky. “Por eso vamos a las cárceles en persona, para poder hacer entrevistas y ver su nivel físico, moral y psicológico. Y también sus habilidades mentales: necesitamos a gente que piense, porque les vamos a adiestrar, les vamos a dar conocimientos y material, vamos a invertir tiempo y recursos en ellos, y queremos sobrevivan a largo plazo. Así que no cogemos cualquiera”, añade.
El adiestramiento incluye clases especializadas en medicina de combate, técnicas de asalto de trincheras, prácticas de tiro y todas las enseñanzas que reciben los reclutas que no son presidiarios. Pero no se mezclan con ellos. Entrenan en un campo de maniobras aparte.
El otro ejército de Ucrania: los operarios civiles que reparan en condiciones extremas la red de energía que Putin bombardea“Me condenaron a seis años de prisión, por robo de una tarjeta bancaria. Cumplí dos años y después decidí que debía hacer algo útil para todos nosotros”, relata uno de los reclutas al que están enseñando a manejar el kalashnikov, en medio de la nieve, en ese campo de maniobras. Se llama Alexander y tiene 37 años.
“Mi hermano menor servía en el Ejército cuando me condenaron, por eso tomé la decisión de unirme también –continúa–, porque yo no quedarme atrás en una celda. Pero tuve que esperar a que terminara el proceso judicial, y eso duró dos años”.
Alexander, recluta del Batallón Alcatraz. María Senovilla
Él es de Krivói Rog, la ciudad natal de Zelenski. Tiene las manos rojas por el frío, y despellejadas de pellizcarse rellenando cargadores de fusil, pero no deja de sonreír. “Ya llevo aquí dos semanas y todo está muy bien. Me gusta, estoy aprendiendo porque hay buenos instructores. Honestamente, no esperaba algo así”, reconoce un poco sorprendido.
Ni traidores, ni violadores
Alexander es uno de los más de 11.000 reos que ya se han unido al Ejército, según datos oficiales del Servicio Ejecutivo Penal del Estado. “Tenemos la lista de crímenes, y si el delito que ha cometido la persona está entre esos crímenes, tiene la oportunidad de unirse al batallón”, prosigue su comandante.
“Es un proceso largo: hay que coordinarse con la colonia penal, con la fiscalía, con el tribunal. Y la decisión final de entregarnos a la persona para que luche con nosotros la toma un juez”, apostilla Lyaskovsky.
En esa lista de crímenes a la que hace alusión el comandante de Alcatraz se contemplan el hurto, la estafa, la posesión ilegal de bienes o delitos relacionados con drogas. Sin embargo, las personas condenadas por traición, terrorismo, corrupción, violaciones o asesinatos premeditados no pueden cambiar su condena por un kalashnikov.
Sor Lucía Caram, en Kiev: "Es raro ver a una monja que pida armas, pero en Ucrania hablamos de legítima defensa"“Fui a parar a la cárcel después de un proceso judicial bajo el artículo 120-1-2. Eso se corresponde con causar lesiones corporales graves con resultado letal”, explica ‘Malchik’, evitando pronunciar la palabra asesinato para contar el motivo de su condena. Es uno de los reclutas más jóvenes que veo, y prefiere cubrirse la cara que lo fotografíe.
“En realidad siempre quise ir al ejército, pero siendo menor de edad no podía, y cuando cumplí la mayoría de edad me metí en otros problemas”, prosigue. “Luego estuve en un hospital, en rehabilitación, y al salir se produjo una pelea. Golpeé a una persona, y esa persona murió. Tenía 20 años entonces”.
'Malchik’, recluta del Batallón Alcatraz María Senovilla
‘Malchik’ –que en ucraniano significa ‘el chico’– hoy tiene 26 años, pero a pesar de su juventud cree que el Ejército es su última oportunidad: “Ahora estoy motivado para estar aquí, me atraen las armas, no sé cómo explicarlo mejor. Para mí, ser militar es una opción de vida. Porque la otra opción es saltar de un trabajo ocasional a otro o acabar en la calle, y eso no lleva a nada”, asegura.
“Ya tuve una contusión de segundo grado y múltiples heridas de metralla, aun así quiero seguir aquí”, zanja cuando le pregunto si sabe que va a combatir haciendo las misiones más duras de la guerra, las que no quiere hacer nadie.
No hay evasión, sólo victoria
Aunque las sentencias de estos hombres quedan anuladas tras un año de servicio en el Ejército, ninguno de ellos podrá volver a la vida civil hasta que no acabe la guerra. Exactamente igual que el resto de los soldados ucranianos.
Y en el campo de maniobras donde la 93 Brigada les está adiestrando no hay barrotes, ni alambradas. Tampoco hay guardias de seguridad vigilando las entradas, porque ni siquiera hay puertas de entrada. Están en medio de la nada, y la pregunta es obligada: ¿No les preocupa que se escapen?
El Ejército de Putin presiona en el Dombás con 110.000 soldados y Ucrania intenta cortar el avance ruso“No se puede vigilar a un soldado 24 horas al día. Por eso es tan importante el proceso de selección, para escoger sólo a las personas que realmente quieren luchar”, responde el comandante Lyaskovsky.
Sorprendentemente las cifras le dan la razón: Alcatraz tiene menos deserciones que la mayoría de las brigadas ucranianas, que en muchos casos están formadas por soldados que han sido movilizados de manera forzosa, y que no querían ir al Ejército de forma voluntaria.
“Aquí ha habido muy pocos intentos de fuga, y todos han sido frustrados. Cuando sucede algo así, la persona pierde nuestra confianza y se le hace un seguimiento exhaustivo; si vemos que no tiene motivación, le devolvemos a la cárcel. Se juegan volver a perder la libertad”, asevera.
“La primera motivación de estos hombres es querer ser libres, así que son hombres muy motivados. Y más disciplinados que la mayoría, porque están acostumbrados a las normas de prisión”, asegura el comandante de Alcatraz. “Aquí tienen una oportunidad, porque nosotros no mandamos a la gente a morir, no hacemos eso; aunque la realidad es que unos sobreviven y otros mueren. Es la guerra”.