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Rafael Grossi, durante la rueda de prensa en la sede del OIEA. AFP El OIEA llama a una «contención extrema» de la guerra en Oriente Medio para evitar un incidente nuclearLa agencia de la ONU confirma que los niveles de radiación se mantienen normales en la región y que los ataques no han causado daños en las instalaciones atómicas de Irán, que «no deben convertirse en objetivos militares»
Lunes, 2 de marzo 2026, 12:59 | Actualizado 13:07h.
... iraníes siguen intactas. Después de una reunión extraordinaria de la Junta de Gobernadores de la OIEA en Viena, donde tiene su sede la organización, su director general, Rafael Grossi, ha informado que no existen indicios de ataques ni daños en las instalaciones clave del régimen para su programa nuclear. Grossi ha pedido, además, a todas las partes una «contención extrema» para evitar que la crisis derive en un escenario de riesgo radiológico o en un deterioro irreversible del marco de no proliferación nuclear.Tampoco se ha registrado un aumento de los niveles de radiación en los países vecinos, que el OIEA monitoriza de forma continua, en las últimas cuarenta y ocho horas, aunque, en opinión de Grossi, esta circunstancia no elimina la preocupación. La región alberga múltiples instalaciones nucleares civiles y de investigación, tanto en Irán como en otros países que han sido blanco de ataques o que participan en la escalada. «En un contexto de tensión militar, cualquier incidente, incluso accidental, podría tener consecuencias transfronterizas«, ha advertido.
Fuentes internas de la OIEA consultadas por este periódico señalan que Irán solamente ha visto disminuir el volumen de material para la fabricación de combustible nuclear, vinculado al complejo de investigación en Isfahan y las instalaciones en Natanz y Fordo, donde se enriquece el uranio. Uno de los elementos que más inquietud genera en estos momentos dentro de la agencia es la interrupción de los canales de comunicación con las autoridades reguladoras iraníes.
Teherán no ha respondido a los últimos intentos de contacto por parte del organismo y la falta de interlocución dificulta la verificación en tiempo real y limita la capacidad de reacción ante cualquier eventualidad. Grossi ha insistido en que estos canales son «indispensables» para garantizar la seguridad nuclear y ha recordado que, incluso en momentos de máxima tensión política, la cooperación técnica entre el OIEAe Irán ha sido un pilar fundamental para evitar malentendidos y mantener la estabilidad del programa atómico civil.
Grossi no ha dejado de señalar el riesgo que supone una situación de guerra en un territorio en el que hay material nuclear activo y ha prevenido que «la combinación de ataques militares, represalias y la presencia de instalaciones atómicas en varios países de Oriente Próximo incrementa la amenaza para la seguridad nuclear regional». El hecho de que la OIEA no haya detectado por el momento fugas ni alteraciones en los niveles de radiación no significa con total seguridad que no se estén produciendo y el director general ha insitido en que un ataque directo contra una central o un laboratorio, o incluso un impacto accidental, podría liberar material radiactivo y obligar a evacuar áreas densamente pobladas, generando a su vez oleadas de refugiados.
El organismo ha reiterado que las instalaciones nucleares no deben convertirse en objetivos militares y Grossi se ha permitido recordar que atacar un reactor o una planta de investigación no solo violaría principios fundamentales del Derecho Internacional, sino que podría desencadenar una crisis humanitaria y medioambiental de gran escala. Por eso, ha defendido que la única vía sostenible para evitar que Irán avance hacia capacidades militares en el ámbito nuclear es retomar la diplomacia y ha declarado que el uso de la fuerza, «presente en las relaciones internacionales desde tiempos inmemoriales, es la opción menos favorable».
En su opinión, las negociaciones, aunque difíciles, siguen siendo posibles. La diplomacia nuclear, dijo, «es incluso más dura» que la convencional, pero no por ello inviable. La cuestión «no es si las partes volverán a la mesa, sino cuándo lo harán. Y cuanto antes se produzca ese retorno, menor será el riesgo de que la situación actual desemboque en un punto de no retorno». Desde su condición de actor no político, sino encargado de verificar, medir y alertar sobre riesgos que pueden tener consecuencias globales, el OIEA alerta contra una «espiral de confrontación prolongada».
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