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El otro ejército de Ucrania: los operarios civiles que reparan en condiciones extremas la red de energía que Putin bombardea

El otro ejército de Ucrania: los operarios civiles que reparan en condiciones extremas la red de energía que Putin bombardea
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Con temperaturas de 20 grados bajo cero, trabajan en turnos interminables para devolver el suministro de luz y calefacción a millones de hogares. Más información: Rusia sigue bombardeando a los civiles del Donbás mientras exige en la mesa de negociación que le entreguen ese territorio. 

Operarios de DTEK reparan una subestación eléctrica en el centro de Kiev, en plena ola de frío extremo y de bombardeos rusos. María Senovilla

Europa CUATRO AÑOS DE GUERRA El otro ejército de Ucrania: los operarios civiles que reparan en condiciones extremas la red de energía que Putin bombardea

Con temperaturas de 20 grados bajo cero, trabajan en turnos interminables para devolver el suministro de luz y calefacción a millones de hogares.

Más información:Rusia sigue bombardeando a los civiles del Donbás mientras exige en la mesa de negociación que le entreguen ese territorio. 

Kiev Publicada 23 febrero 2026 01:36h

Las claves nuevo Generado con IA

Están a punto de cumplirse cuatro años de invasión rusa, y en Ucrania ahora mismo se pelea en dos frentes de combate muy diferentes: el que mantienen los soldados desde las trincheras –a golpe de dron, fusil y artillería– y la guerra contra la oscuridad y el frío que están librando millones de civiles en las ciudades más alejadas del campo de batalla.

Putin ha ampliado su guerra a gran escala contra la población civil dejando sin electricidad ni calefacción ciudades enteras, y lo ha hecho en medio del invierno más extremo que se recuerda en décadas, con temperaturas que están bajando de los 20 grados bajo cero en Ucrania.

El asedio energético no es una táctica nueva para Rusia. Sin embargo, los bombardeos sistemáticos que ha infringido desde el mes de enero –sin dar tregua ni un solo día– contra estas infraestructuras críticas han puesto al país contra las cuerdas.

Interior de uno de los cientos de refugios térmicos -puntos de invencibilidad- instalados por las autoridades en Kiev. María Senovilla

Con semejante ritmo de ataques, no da tiempo de reparar los daños, que se van acumulando. Es estos momentos, Ucrania está a menos del 50% de su capacidad de producción de electricidad, y los apagones programados para no sobrecargar el maltrecho sistema cada vez duran más.

En ciudades como Kiev –una de las más atacadas– la mayoría de los hogares no tienen más de tres o cuatro horas de luz al día. Y miles de viviendas llevan varias semanas sin calefacción, con temperaturas en el interior de las habitaciones que rozan los cero grados.

Turnos de 36 horas

“Yo también llego del trabajo y no tengo luz en casa; me levanto para ir a trabajar y tampoco tengo. Pero no me rindo, trabajo todo el día para poder restablecer el suministro”, reconoce Taras, el jefe de un equipo de operadores de subestaciones transformadoras y de distribución de la empresa DTEK. Ellos son lo que intentan reparar lo irreparable, para que las ciudades no colapsen ante un apagón total.

Taras, jefe de equipo de operadores de subestaciones transformadoras y de distribución de la empresa DTEK. María Senovilla

“Ahora mismo no tenemos un horario fijo: podemos trabajar 12 o 14 horas seguidas, yo he llegado a hacer turnos de día y medio sin parar”, asegura mientras repara una subestación del centro de Kiev –a 17 grados bajo cero– que se ha incendiado por una sobrecarga.

“La red no está preparada para funcionar en estas condiciones”, asegura el ingeniero de DTEK. La semana pasada, otro operario eléctrico murió electrocutado en una estación como la que está reparando el equipo de Taras. Y todos reconocen que están exhaustos.

Pero a pesar del cansancio, de los accidentes laborales que están sufriendo por trabajar entre el hielo –y algunas veces bajo el fuego– este otro ejército de Ucrania no se detiene. Tal vez por eso, el Kremlin los ha convertido en un nuevo objetivo, bombardeando autobuses de DTEK con trabajadores que acuden a sus lugares de trabajo.

Estado de emergencia

Más de 600.000 personas huyeron de la capital de Ucrania sólo en el mes de enero, un millón de hogares permanecen desconectados de la red eléctrica, y decenas de miles sobreviven con cortes de calefacción y agua corriente.

La situación es tan crítica que se ha declarado el estado de emergencia. Y aunque las autoridades han abierto cientos de refugios térmicos –llamados puntos de invencibilidad– con estaciones para cargar los móviles y comida caliente, no todos tienen uno cerca.

En estos puntos de invencibilidad, alimentados con generadores de gasolina, se agolpan decenas de residentes de día y de noche. De hecho, el Gobierno de Zelenski ha flexibilizado el toque de queda –que prohíbe salir a la calle a los residentes de Kiev a partir de la media noche– para que puedan buscar refugio del frío que hay dentro de las casas.

La ONG World Central Kitchen reparte 'borsch' caliente a la población civil que acude a los refugios térmicos instalados en Kiev. María Senovilla

Pero con cada nuevo bombardeo masivo contra las plantas de calefacción y electricidad que aún quedan en pie, la situación se hace más insostenible. Y estos refugios térmicos no son suficientes para todos.

Cuatro años de bombardeos

Los bombardeos sistemáticos contra la infraestructura crítica de Ucrania comenzaron en otoño de 2022, cuando el Kremlin implementó una oleada de ataques contra centrales eléctricas –en ciudades como Járkiv– que ocasionaron los primeros apagones generalizados en el país.

Después, en la primavera de 2024, la acometida contra estas plantas de producción fue tan intensa que dejaron fuera de servicio casi el 60% de la red, poniendo en alerta a toda la Unión Europea ante el riesgo de que se desenergizara el país y se apagaran las cuatro centrales nucleares que están conectadas al suministro eléctrico ucraniano –incluida la de Zaporiyia, aunque esté ocupada por Rusia–.

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Pero 2025 fue el año más devastador. El incremento de los bombardeos rusos contra las ciudades ucranianas fue terrorífico: Putin lanzó más de 100.000 drones suicidas, 60.000 bombas aéreas y 2.400 misiles.

Las sirenas antiaéreas sonaron más de 19.000 veces por los ataques, haciendo imposible vivir o trabajar con normalidad, incluso en las ciudades más alejadas del frente de combate. Se registraron ataques que duraron 12 e incluso 24 horas continuadas. Y la infraestructura eléctrica –de nuevo– estaba entre los objetivos de esas bombas.

Crimen de guerra

En este 2026, Putin se ha propuesto dar la puntilla a la red de energía de Ucrania. Como tantas veces ha hecho a lo largo de estos cuatro años de invasión, cuando no puede avanzar en el frente de combate, ataca objetivos civiles en las ciudades para desestabilizar el país.

Es un crimen de guerra. Sin justificación posible, ya que las tropas que combaten en el frente no están conectadas a esta red de energía –obviamente en los árboles no hay enchufes, y en las trincheras no hay radiadores comunitarios–.

Sin embargo ciudades como Odesa, Járkiv, Dnipro y –sobre todo– la capital Kiev están siendo desmanteladas poco a poco, a golpe de bombardeo diario. Y sin que la comunidad internacional eleve siquiera la voz.

Un operario eléctrico repara una subestación en el centro de Kiev, en plena ola de frío y de bombardeos. María Senovilla

“La situación ha empeorado mucho este año, hay más solicitudes de emergencia que nunca”, aclara uno de los operarios del equipo de Taras, mientras intenta reparar algunas piezas que se han fundido en la subestación eléctrica.

“A algunos se les restablece el suministro de inmediato, mientras que otros tienen que esperar mucho más tiempo. Pero alguien debería hablar con los ciudadanos, explicarles bien la situación, porque los chicos están trabajando sin parar y hacen todo lo que pueden”, añade Taras, después de atender a un vecino que se ha acercado a preguntarles cuándo volverá la luz a su casa.

No se puede reparar todo

El año pasado, el Ministerio de Energía de Ucrania desveló que más de 63.000 instalaciones de infraestructura energética habían sido atacadas por Rusia. Las centrales nucleares –que de momento Putin no se ha atrevido a bombardear– impiden que el país se apague del todo.

“La destrucción se va acumulando”, explican los operarios. Centrales enteras han sido reducidas a escombros, y será necesario construir desde cero buena parte de ellas. Algo que no es posible hasta que no haya un alto el fuego. Así que por el momento, operarios como Taras y su equipo ponen “parches” a la red.

“Hace mucho frío y no es fácil reparar la red en estas condiciones, y a esto se suman las alarmas aéreas, durante las cuales no podemos trabajar. Pero tenemos que seguir”, apostilla Taras antes de despedirnos en Kiev, en uno de los días más fríos del invierno.

El frío como arma de guerra

Mientras, en el plano diplomático continúan las negociaciones a tres bandas impulsadas por Trump –entre Ucrania, Rusia y Estados Unidos–. Y la presión aumenta sobre el Gobierno de Zelenski por esta crisis de energía, sin precedentes, que tiene a millones de ucranianos sumidos en la oscuridad y el frío. Justo donde los quería Putin.

Son una pieza más del tablero de juego, donde Rusia está utilizando el frío como arma de guerra. Sin embargo, y aunque parezca difícil de creer, la población de Ucrania está resistiendo de una manera estoica a golpe de meme.

Las redes sociales se han llenado de vídeos que muestran con humor cómo los ucranianos se han adaptado a vivir días enteros sin luz ni calefacción. Es su forma de resistencia pasiva, de mostrar a Rusia que no se van a doblegar y tampoco van a exigir al Gobierno que firme una capitulación.

Son la resistencia. Los operarios que llevan puesto un casco mientras reparan las estaciones eléctricas, y los ucranianos que se graban envueltos en mantas y calentando con velas la comida mientras esperan a que vuelva la luz.

Todos ellos se han propuesto superar el que está siendo “el invierno más duro de sus vidas”, aunque por dentro se pregunten con incertidumbre qué les deparará el quinto año de guerra que está a punto de comenzar.

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