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El Papa afea a la clase política la gestión migratoria: critica tanto el escaso control de las mafias como la falta de humanidad

El Papa afea a la clase política la gestión migratoria: critica tanto el escaso control de las mafias como la falta de humanidad
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Lejos de los paisajes de postal, el primer día del Pontífice en las islas estuvo marcado por las pateras, las víctimas de explotación y una Iglesia llamada a abrirse a los márgenes. Más información: El Papa clama desde el antiguo muelle de la vergüenza de Arguineguín: "La dignidad humana no tiene pasaporte"

El papa León XIV bendice a Pa, uno de los migrantes con los que realizó una ofrenda floral en memoria de los migrantes fallecidos en el mar, en el muelle del puerto de Arguineguín, este jueves. Yara Nardi / Reuters.

Reportajes El Papa afea a la clase política la gestión migratoria: critica tanto el escaso control de las mafias como la falta de humanidad

Lejos de los paisajes de postal, el primer día del Pontífice en las islas estuvo marcado por las pateras, las víctimas de explotación y una Iglesia llamada a abrirse a los márgenes.

Más información: El Papa clama desde el antiguo muelle de la vergüenza de Arguineguín: "La dignidad humana no tiene pasaporte"

Las Palmas de Gran Canaria Publicada 12 junio 2026 02:04h

Si alguien hubiera aterrizado este jueves en Canarias sin saber nada de Canarias, habría podido pensar que las islas son esto: un muelle al que llegan cayucos, unas víctimas que todavía esperan ser escuchadas y una multitud que sale a la calle para ver pasar a un Papa.

Canarias no es eso, claro. Pero fue la Canarias que León XIV eligió mirar en su primer día en el archipiélago, muy lejos de las postales, los hoteles y los volcanes.

A primera hora de la mañana, en el puerto de Arguineguín, el calor caía sobre la explanada como una losa. Había sillas blancas, vallas, voluntarios, curas, autoridades, familias migrantes, pescadores, vecinos, obispos y policías moviéndose de un lado a otro con esa mezcla de solemnidad y desorden que tienen siempre los grandes actos.

El papa León XIV desembarca de un avión de Iberia en la Base Aérea de Gando, contigua al Aeropuerto de Gran Canaria, este jueves. Yara Nardi / Reuters.

Unas 1.800 personas esperaban al Papa en el mismo lugar donde, hace unos años, miles de migrantes durmieron hacinados bajo carpas. Entonces se le llamó el muelle de la vergüenza. Este jueves era otra cosa. O al menos se llamaba de otra manera: "muelle de la esperanza", lucía un cartel. El mismo suelo, el mismo mar, otra escenografía.

León XIV no esquivó el símbolo. Lo abrazó desde el principio. "La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera", dijo frente al Atlántico, ese mar que en Canarias más que sólo paisaje es una frontera.

Habló de El Hierro, de los cayucos, de los cuerpos recuperados del agua, de quienes llegan vivos y de quienes no llegan. "El Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles", dijo también. No era una frase cualquiera en un lugar cualquiera.

El Papa cargó contra las mafias que trafican con la desesperación, contra los tratantes que esclavizan mujeres y niños, contra las promesas falsas que empujan a miles de personas a subirse a una embarcación precaria.

El papa León XIV reza tras depositar una ofrenda floral en memoria de los migrantes fallecidos en el mar, en el muelle del puerto de Arguineguín, en Gran Canaria. Yara Nardi / Reuters.

A los gobiernos

Pero no dejó todo el peso en los traficantes. Apuntó también a Europa, a los gobiernos, a las instituciones y a la costumbre. "No podemos acostumbrarnos a contar muertos", advirtió. Y pidió que el Mediterráneo y el Atlántico no terminen siendo "cementerios sin lápidas".

En Arguineguín, la frase tenía un filo evidente. Allí no hacía falta explicar demasiado. Bastaba mirar alrededor. El puerto que durante la crisis migratoria mostró al mundo la incapacidad del sistema de acogida aparecía ahora ordenado para recibir al Pontífice.

Donde hubo mantas y ambulancias, había sillas, flores, discursos y una espera casi festiva. No era una reparación, sin embargo. Era, como mucho, una escena superpuesta sobre otra. La vieja imagen seguía debajo.

Y no sólo por el escenario. También por las historias. Antes de tomar la palabra, el Papa había escuchado los testimonios de varias personas vinculadas a la acogida. Entre ellos, el de Blessing, una migrante víctima de trata y explotación sexual cuya voz, aunque ella no pudo estar presente, estuvo muy presente en el acto.

Un voluntario lee el testimonio de una víctima de la trata de personas mientras el papa León XIV se reúne con organizaciones que trabajan con migrantes en el puerto de Arguineguín, durante su viaje apostólico a la isla de Gran Canaria. Yara Nardi / Reuters.

"Si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable", respondió León XIV. "Si te trataron como una cosa, la Iglesia quiere decirte hoy: eres hija y hermana, eres bendición".

El Pontífice habló de las mujeres utilizadas por las redes de explotación y de las falsas promesas que convierten la necesidad en un negocio. "Son industrias de muerte", advirtió.

Aquella primera parada en Arguineguín marcó el tono del resto del día. Porque la visita de León XIV a Canarias no pareció diseñada para celebrar la popular imagen de las islas como tierra de playas, sino para detenerse en aquellos lugares donde la Iglesia y sociedad se enfrentan a sus propias contradicciones.

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En el corazón

Después del puerto, el Pontífice se dirigió al corazón histórico de Las Palmas de Gran Canaria. En Vegueta recibió de manos de la alcaldesa, Carolina Darias, la llave de oro de la ciudad, en un año especialmente simbólico por el 548 aniversario de su fundación.

Y, a pocos metros, en la Catedral de Santa Ana, se encontró con obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y agentes de pastoral de la Diócesis de Canarias.

Allí el tono fue distinto, pero no tanto el mensaje. El obispo José Mazuelos recordó que las islas son una "encrucijada en medio del Atlántico entre África y América" y describió una sociedad acostumbrada a recibir, pero también atravesada por la secularización y por las dificultades para transmitir la fe.

El claretiano Santiago Cerrato reivindicó el trabajo de la Iglesia en "las fronteras y los márgenes", mientras que Enélida Hernández, secretaria general de Pastoral, defendió una Iglesia "en salida", capaz de acercarse a quienes viven alejados o heridos.

León XIV recogió esa idea y pidió fortalecer una espiritualidad que no se quedara encerrada en los templos. Citó la encíclica Deus Caritas Est de Benedicto XVI y animó a los fieles a seguir ofreciendo el amor recibido a través de la acogida, la escucha y el cuidado de las personas más vulnerables.

El papa León XIV saluda a los fieles tras salir de una reunión con obispos, sacerdotes, diáconos, fieles, seminaristas y agentes pastorales en la catedral de Santa Ana, en Las Palmas de Gran Canaria, durante su viaje apostólico a la isla de Gran Canaria. Simone Risoluti / Vatican Media.

"Los animo a seguir adelante, fuertemente arraigados en Él, para continuar navegando con valentía en este nuevo tiempo de la historia", les dijo.

La última imagen del día era la de una multitud congregada en el Estadio de Gran Canaria para participar en la gran misa con la que culminaba una jornada histórica. Miles de personas llegadas desde todos los rincones del archipiélago llenaban las gradas para asistir a un acontecimiento que ninguna generación de canarios había vivido antes.

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"Por los difuntos y los migrantes que han perdido la vida en el océano Atlántico, para que sean acogidos en el abrazo del Padre y sean consoladas las familias que sufren por su pérdida. Roguemos al Señor", se oró en wolof, una lengua hablada principalmente en Senegal, Gambia y Mauritania.

Había familias enteras, sacerdotes, peregrinos y muchos curiosos que querían ser testigos del paso del primer Papa por las islas. Pero incluso en una jornada inevitablemente festiva, León XIV dejó claro qué Canarias había venido a mirar.

El papa León XIV saluda a los fieles al llegar en el papamóvil para celebrar la Santa Misa en el Estadio de Gran Canaria, en Las Palmas de Gran Canaria, durante su viaje apostólico a la isla de Gran Canaria. Yara Nardi / Reuters.

No habló del turismo, ni del clima, ni de las cifras récord de visitantes. Habló del mar como frontera, de las mujeres explotadas por las mafias, de la necesidad de una Iglesia abierta y de quienes viven lejos del centro.

Al caer la tarde, quedaba una sensación difícil de ignorar. El primer Papa que visitó Canarias había preferido acercarse a los muelles, a las fronteras y a los márgenes. A esa otra Canarias que rara vez aparece en los folletos turísticos, pero que este jueves ocupó el centro del escenario.

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