El papa León XIV asiste a una reunión con organizaciones que trabajan con migrantes en el puerto de Arguineguín, durante su viaje apostólico a la isla de Gran Canaria. Yara Nardi / Reuters.
Reportajes el pontífice en canarias El Papa clama desde el antiguo muelle de la vergüenza de Arguineguín: "La dignidad humana no tiene pasaporte"León XIV convierte el puerto que simbolizó el colapso migratorio de Canarias en un llamamiento contra la indiferencia y denuncia a las "mafias que trafican con la desesperación"
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Julio César Ruiz Aguilar Puerto de Arguineguín (Gran Canaria) Publicada 11 junio 2026 13:40h Actualizada 11 junio 2026 14:07hEl calor aprieta en Arguineguín desde primera hora de la mañana. No corre apenas aire sobre la explanada del puerto donde hace apenas unos años se levantaban las tiendas improvisadas y las vallas del llamado muelle de la vergüenza, aquel símbolo del colapso migratorio que convirtió a Canarias en la puerta de entrada de África a Europa.
Aquí, donde miles de personas aguardaron durante días hacinadas, entre mantas térmicas y la incertidumbre, se alinean ahora cientos de sillas blancas. Y donde antes desembarcaban cayucos repletos de hombres exhaustos, este jueves desembarca un Papa.
Unas 1.800 personas —entre familias migrantes, voluntarios de Cáritas, obispos, autoridades y vecinos— esperaban la llegada de León XIV bajo un sol inclemente. Muchos se abanicaban. Otros buscaban refugio en cualquier sombra imposible. Y todos dirigían la mirada hacia el mismo mar que tantas veces devolvió cadáveres y supervivientes.
El papa León XIV, mantiene un encuentro con más de un millar de inmigrantes de África, América Latina y con representantes de las principales instituciones y organizaciones sociales que trabajan en los servicios de rescate, acogida e integración. en el muelle de Arguineguín, en la isla de Gran Canaria, este jueves. Ángel Medina / Efe.
El simbolismo del escenario no pasa desapercibido para el Pontífice. "La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera", proclama en uno de los discursos más contundentes de su viaje a España, pronunciado precisamente en el lugar que mejor representa el drama migratorio de la ruta atlántica.
"El Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles. La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas", afirma León XIV, que menciona expresamente a El Hierro y recuerda a las personas rescatadas del mar y también a los "cuerpos exánimes” recuperados de las aguas.
Sánchez recibe al Papa en Gran Canaria para aprovechar su respaldo a su política de fomento de la inmigraciónContra las mafias
El Papa denuncia la existencia de "mafias que trafican con la desesperación" y carga contra la "indiferencia" que permite que los pobres sean tragados por la explotación y el olvido.
"No podemos acostumbrarnos a contar muertos", advierte. Y lanza un mensaje dirigido a Europa, a la que reclama que no se acostumbre a que "el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas".
Desde el mismo muelle que durante la crisis migratoria de 2020 se convirtió en un símbolo de fracaso institucional, León XIV pide a los gobiernos ir más allá de la mera gestión de los flujos.
"No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido", sostiene. Porque, añade, "cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?".
Los mismos que han aplaudido al Papa pretenden legislar en breve contra su doctrina sobre inmigración, aborto y eutanasiaEl Pontífice se dirige también directamente a quienes abandonaron sus países. "Quiero inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes", les dice. Y les advierte de las falsas promesas de quienes convierten la migración en un negocio: "Son industrias de muerte".
La escena tiene algo de reparación histórica. El muelle que un día fue noticia por las imágenes de hacinamiento y desesperación se convierte por unas horas en un lugar de encuentro. Del antiguo muelle de la vergüenza al muelle del Papa.
Y junto al Atlántico, bajo el mismo sol que castiga a pescadores, voluntarios y supervivientes, León XIV deja una última advertencia que resuena entre las grúas y las embarcaciones del puerto.
"Que la historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas".
El papa León XIV entrega un obsequio al patrón de la Guardamar Urania, Tito Villarmea, una de las embarcaciones de Salvamento Marítimo que asisten a las personas embarcadas en cayucos y pateras. Ángel Medina / Efe.
Vidas en el mar
Antes del discurso de León XIV, varios testimonios se hicieron con el eco de todo el muelle. "Durante estos años, junto a mi equipo, habré rescatado en la mar a más de 20.000personas. Una cifra que duele, que no se olvida", ha afirmado Tito Villarmea, capitán de Salvamento Marítimo en la Guardamar Urania.
Su historia, explicó, está ligada al mar, donde murió su bisabuelo, mientras que su padre y su abuelo, ambos pescadores, tuvieron que ser rescatados mientras faenaban.
Él ahora sigue su tradición, pero salvando vidas. "Estas palabras representan a los más de 1.600 profesionales de Salvamento Marítimo que cuidan la vida en la mar. Yo sólo soy uno de ellos", ha remarcado. Y se ha despedido con un "mensaje de esperanza" para el futuro.
"Ojalá no tuviera que rescatar nunca más a ninguna persona. Trabajemos toda la sociedad para que este drama sea menor y construyamos un mundo más justo", ha concluido.