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Internacional

El Papa en el Congreso: «La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación»

El Papa en el Congreso: «La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación»
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León XIV defiende ante diputados y senadores la «diplomacia valiente» y la acogida a los migrantes, pero remarca también su posición contraria al aborto y la eutanasia
El Papa en el Congreso: «La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación»

León XIV defiende ante diputados y senadores la «diplomacia valiente» y la acogida a los migrantes, pero remarca también su posición contraria al aborto y la eutanasia

Regala esta noticia Añádenos en Google El Papa recibe una ovación tras su discurso en el Congreso. (EFE)

Paula De las Heras

Madrid

08/06/2026 a las 11:28h.

En el hemiciclo más crispado de la reciente historia democrática española, ante diputados y senadores que llevan años sin encontrar un lenguaje común, el Papa ... León XIV lanzó este lunes su mensaje más directo a la clase política: «La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación». En cualquier otro contexto la frase podría haber sonado a lugar común, pero pronunciada por el mismo Pontífice que días antes había advertido contra los «muros» y los «enfoques identitarios que pueblan el mundo de enemigos y fantasmas», adquirió el peso de una interpelación moral con destinatarios evidentes.

Como el sábado, advirtió de que el rearme como respuesta «casi inevitable» a la inestabilidad internacional le preocupa, y recordó que «la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario». Ese es el hilo que conecta los tres días de León XIV en Madrid: la convicción de que las palabras pueden «abrir caminos o cerrarlos», y de que quienes ejercen responsabilidad pública tienen «una especial obligación de custodiar la palabra». Pero su discurso reposó también sobre la idea de que el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona «precede a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento»

«¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo?», cuestiona

Esa premisa le permitió desplegar un mensaje de quirúrgica equidistancia- Nadie salió del Palacio de las Cortes con las manos vacías. Tampoco nadie salió indemne. El Gobierno de Pedro Sánchez, que atraviesa uno de sus peores momentos políticos acuciado por los casos de corrupción que salpican al PSOE, ha leído los primeros días de la visita del pontífice como un aval a sus posiciones en política exterior y migración. El Papa del sábado —el que cargó contra los «enfoques identitarios» y abrazó a un migrante senegalés en Cáritas— era un aliado cómodo. El del lunes en el Congreso fue más exigente.

León XIV reclamó vías seguras para los migrantes y condenó la mera «gestión de flujos» como respuesta insuficiente. Pero en el mismo discurso defendió que toda vida humana debe ser «reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural» y rechazó la «cultura del descarte». «¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?», cuestionó.

El Papa reivindicó también el «derecho primario e inalienable» de los padres a elegir la educación de sus hijos y reivindicó la familia como «realidad humana primera». Un mensaje en el que la derecha se siente cómodo. Sin embargo, advirtió de que allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico «se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos». Una condena que en la España de los pactos autonómicos entre PP y Vox, donde el llamado «principio de prioridad nacional» se abre paso en las políticas de vivienda y empleo, adquiere una lectura política difícilmente ignorable.

Libertad moderna y cristianismo

Con un mensaje de respeto a la división entre el orden político y el religioso el papa Prevost hizo también una defensa del peso de la «tradición cristiana» en la construcción de la «libertad moderna». «En esa escuela interior, los pueblos aprendieron que el derecho debe servir al bien, que la justicia pone límites a la fuerza, que el poder necesita legitimidad, que los pobres pertenecen plenamente a la comunidad, que el extranjero debe ser acogido conforme a su dignidad y que la vida humana jamás puede ser tratada como mercancía», resumió. Y a continuación advirtió: «Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse».

Paradójicamente, su intervención fue ampliamente aplaudida por políticos de todo signo. Solo el BNG y Podemos estaban ausentes de unos escaños desde los que el jefe de la Iglesia católica recibió una ovación de hasta siete minutos. Entre los ausentes, también estaban los dos expresidentes socialistas, Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, recluido en su casa para preparar la declaración como imputado por tres delitos de corrupción ante le juez Calama. Los populares José María Aznar y Mariano Rajoy sí acudieron.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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