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Política

El Papa esta examinando a la Iglesia española de cara a su futura renovación

El Papa esta examinando a la Iglesia española de cara a su futura renovación
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La visita de León XIV a España está siendo también una gran operación de observación eclesial. Más allá del baño de masas, del prolongado y persistente aplauso del Congreso de los Diputados y de la evidente comodidad con la que el Pontífice se mueve en España, el viaje papal deja también una serie de claves intraeclesiales menos visibles, aunque más importantes a largo plazo. Junto a la pastoral o institucional, el viaje está teniendo una dimensión claramente ad intra. León XIV no solo ha venido a hablarle a la sociedad española, sino también a observar a su Iglesia, medir sus equilibrios internos y tomar nota de sus fortalezas, debilidades y tensiones.

La primera sorpresa se produjo al conocer la composición del séquito pontificio. La presencia del secretario de Estado, el Sustituto y el secretario para las Relaciones con los Estados forma parte de la normalidad protocolaria de cualquier viaje apostólico. Sin embargo, junto a ellos hay tres cargos curiales cuya participación no suele ser habitual en este tipo de desplazamientos. Dos de ellos son españoles y podría explicarse su presencia por causa de su nacionalidad: el cardenal Fernández Artime, Pro-prefecto para la Vida Religiosa y el recién designado Prefecto para la Caridad, el agustino español Luis Marín de San Martín.

Mucho más significativa resulta la presencia del sucesor de Prevost al frente del Dicasterio de los Obispos, Filippo Iannone. En Roma no ha pasado inadvertido ese detalle. Allí se destaca que esos tres nombres formarían parte del núcleo de confianza del Santo Padre, especialmente Marín de San Martín, compañero de orden religiosa y figura próxima a su sensibilidad eclesial. Pero la participación de Iannone añade una lectura adicional: el Papa parece decidido a estudiar personalmente el tablero episcopal español. Además, la presencia, totalmente inusual, de quien se encarga de presidir el dicasterio encargado de nombrar a los obispos viene a marcar que, aparte del viaje en sí, el Papa quiere conocer de primera mano quién es quién en el episcopado español, que avanza hacia una renovación profunda.

En la actualidad, existen cuatro diócesis vacantes y seis prelados con la edad de 75 años sobrepasada. Algunos, de manera muy amplia, como el cardenal Juan José Omella. A ello se suma el futuro de la Conferencia Episcopal. Su presidente, Luis Argüello, no podrá ser reelegido, por cuestión de edad, cuando venza su mandato en 2028. Resulta lógico pensar que León XIV haya aprovechado este viaje para identificar perfiles y posibles liderazgos futuros. Es indudable que el cardenal de Madrid, José Cobo, ha salido fortalecido de este viaje. La organización yha sido impecable y el éxito ha sorprendido a la propia empresa. Los temores a que se expresara la oposición a Cobo, a causa de su pacto con Félix Bolaños respecto al Valle de los Caídos, se diluyeron rápidamente.

Ahora bien, si algo distingue a este Papa es que primero escucha, se hace una composición de lugar y luego decide. Qué nadie se crea que, porque muestre cercanía, lo tiene todo ganado, pues sus nombramientos están resultando bastante sorpresivos. Que se lo pregunten al Dicasterio para la Comunicación, en el que ha designado a una laica, María Montserrat Alvarado, que hasta ahora era la directora de EWTN News. Primera mujer laica al frente de un dicasterio y, además, viene de una cadena a la que el Papa Francisco llamó «obra del diablo».

Especialmente relevante es la visita del Papa a la sede de la Conferencia Episcopal. No por el hecho en sí -que se ha producido en todos los viajes papales-, sino por la toma de contacto con el episcopado español. Con un asunto que sigue cacareando sobre las cabezas mitradas: la gestión de la pederastia. El Papa ha hecho hincapié en esta cuestión, como queriendo recordar a los obispos que el tema no está cerrado. En Roma, ya durante el pontificado de Francisco, nunca se mostraron plenamente satisfechos con la gestión realizada por el episcopado español. Por otra parte, el Santo Padre recordó a los obispos la necesidad de dar más espacio a los laicos y de asumir que la crisis vocacional que atraviesa Europa debe servir para fortalecer al laicado. No se trata de lamentarse continuamente, sino de aprovechar incluso las situaciones de crisis.

UN PAPA DIFERENTE

El Papa ha hablado a los obispos de la paz de los problemas que se suscitan en la vida interna de la Iglesia. Él los conoce bien como misionero, superior de orden religiosa, obispo y miembro de la curia. Sabe que vivimos en un mundo secularizado, en el que apenas se plantea la vocación a la vida sacerdotal o religiosa. Razón por la que no elude su existencia, sino que pretende afrontarla con su testimonio.

Detrás de este Papa sereno y prudente, aunque incapaz de ocultar tanto su felicidad como los momentos en que se emociona, se esconde un hombre con grandes dotes de gobierno, no en vano se desempeñó durante doce años como prior general de los agustinos. Y como hombre de gobierno formará su equipo a un ritmo cadencioso, sabedor de que, por su edad, no tienen cabida ni la ansiedad ni las prisas.

León no se parece a ninguno de sus antecesores. Algunos han querido ver a un nuevo Juan Pablo II en su estancia en Madrid, pero le falta la voz potente, el magnetismo y el énfasis de aquella fuerza de la naturaleza, así como aquella vida de oración tan profunda que caracterizaba al Papa polaco. Tampoco es un fino teólogo como Ratzinger ni un populista como Bergoglio. Prevost es algo distinto que se irá revelando con el tiempo, pero lo que ya resulta evidente es que disfruta viajando y que, en ese aspecto, seguirá la estela de Wojtyla.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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