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El papel de la fiscalidad en el empobrecimiento de la clase media en España

El papel de la fiscalidad en el empobrecimiento de la clase media en España
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Arcadi España, ministro de Hacienda Europa Press.

Opinión El papel de la fiscalidad en el empobrecimiento de la clase media en España Publicada 20 agosto 2026 12:09h

Después de años de estudio y análisis del impacto de la fiscalidad sobre las rentas familiares, poco sorprende que el contribuyente medio destine más de medio año de su coste laboral bruto para pagar impuestos y cotizaciones sociales.

Si esto fuera para contar con mejores y más eficientes servicios públicos básicos, podríamos estar de acuerdo, más allá de matices ideológicos o prácticos. Sin embargo, la evidencia más reciente apunta a lo contrario.

A pesar de la antigüedad (2023), la última encuesta del CIS sobre la calidad de los servicios públicos nos ayuda a entender que la mayoría de la sociedad española piensa que, entre 2018 y 2023, las administraciones públicas han empeorado en los trámites administrativos y el tiempo en resolver gestiones o en el trato a los ciudadanos.

El 43,8% de los ciudadanos piensa que los servicios públicos funcionan de forma poco satisfactoria y un 9,1% nada satisfactoria. El descontento ciudadano es muy notable, por este orden, en la Administración de Justicia, la asistencia en centros de salud públicos, las obras públicas e infraestructuras o los servicios sociales, entre otros.

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Desde 2023 a esta parte, nada hace pensar que esta tendencia haya cambiado. Más bien lo contrario. Con lo cual, la discusión del balance entre el incremento de la presión fiscal real y si se ha traducido o no en mejores servicios públicos queda aparcada para centrarnos en qué parte de la renta generada por el trabajo de cada ciudadano español termina realmente disponible en su bolsillo después de pagar impuestos y cotizaciones.

Y hasta qué punto este factor explica en parte el declive del nivel de vida de los españoles a pesar del crecimiento récord del PIB.

Los últimos datos permiten radiografiar con bastante precisión esta situación. A partir de las Cuentas Trimestrales no Financieras de los Sectores Institucionales del INE, la suma de impuestos directos y cotizaciones sociales pagados por los hogares equivalía aproximadamente al 34,8% de su renta disponible bruta en junio de 2018. En marzo de 2026 alcanza el 39,7%. En menos de ocho años, el indicador ha aumentado 4,9 puntos porcentuales, un 14% en términos relativos.

No estamos, por tanto, ante una sensación subjetiva de que pagamos más impuestos, sino que existe un cambio cuantificable en la distribución de los recursos generados por las familias entre renta disponible y obligaciones fiscales.

Peso de los impuestos sobre la renta, el patrimonio etc. y cotizaciones sociales sobre la renta disponible bruta. Javier Santacruz a partir de datos del INE.

Entre el segundo trimestre de 2018 y el primer trimestre de 2026, la renta disponible bruta ha crecido en términos nominales a una tasa media del 4,93%, mientras que la inflación también media ha aumentado a razón de un 2,8% anual.

En términos reales, aproximadamente, el avance de la renta disponible familiar ha sido de sólo un 2% medio anual y es exclusivamente gracias al enorme incremento de las transferencias sociales (en su gran mayoría públicas) tanto monetarias como en especie, porque si sólo fueran los salarios de los trabajadores estaríamos ante una renta incluso decreciente.

En paralelo, la OCDE acaba de proporcionar otra forma de observar el mismo fenómeno. El Taxing Wages 2026 sitúa la cuña fiscal de un trabajador medio soltero y sin hijos en España en el 41,4% del coste laboral, frente al 35,1% de media de la OCDE.

En el año 2000, nuestra cuña fiscal era del 38,6%, mientras que la media de la OCDE alcanzaba el 36,1%. Desde entonces, España la ha elevado 2,8 puntos mientras que la OCDE la ha reducido en uno. Es especialmente significativo lo sucedido en la última década. Entre 2015 y 2025 la cuña fiscal española aumentó 2,1 puntos, mientras permaneció prácticamente estable en la OCDE. No es una anomalía de un ejercicio concreto sino que es una tendencia, tal como analizábamos en estas páginas hace unos meses.

"La cuña fiscal de España se ha elevado 2,8 puntos desde el año 2000, mientras que la OCDE la ha reducido en uno"

Y el problema se agrava cuando introducimos la familia. Para un matrimonio con un solo salario medio y dos hijos, la cuña fiscal española alcanza el 36,8%, frente al 26,2% de la OCDE, lo que coloca a España en séptima posición.

Tener dos hijos reduce la cuña respecto a un trabajador sin hijos solamente 4,6 puntos en España, mientras que el alivio medio de la OCDE es de 8,9 puntos. Nuestro sistema fiscal protege comparativamente poco a las familias con hijos.

Todo ello sucede, además, sobre una renta familiar que continúa mostrando serias dificultades para converger con Europa.

Como hemos señalado en análisis anteriores, el problema de la economía española no es exclusivamente cuánto crece el PIB, sino cuánto de ese crecimiento termina convirtiéndose en renta real disponible para los hogares.

Desde el euro

Desde la entrada en el euro, impuestos directos y cotizaciones han crecido más deprisa que los salarios y las rentas de la propiedad, mientras ha aumentado simultáneamente la dependencia de las transferencias públicas.

A ello se ha añadido desde 2021 un mecanismo particularmente dañino como es la inflación. La ausencia de una deflactación sistemática del IRPF ha permitido que los incrementos nominales de salarios destinados simplemente a compensar la pérdida de poder adquisitivo provoquen aumentos reales de tributación. Es la conocida “progresividad en frío” o “rémora fiscal”. El resultado es que el trabajador cobra más en euros nominales, paga un tipo efectivo mayor y, en consecuencia, es más pobre en términos reales.

España necesita discutir menos sobre cuánto puede seguir aumentando la recaudación y más sobre cuánta renta queda finalmente en manos de quienes la generan. Deflactar de manera automática el IRPF, revisar las cotizaciones sobre los salarios bajos y medios y reforzar de verdad el tratamiento fiscal de los hijos no son regalos fiscales sino que son instrumentos para devolver capacidad de decisión a las familias y reducir la penalización fiscal del trabajo.

Porque una economía no mejora simplemente cuando recauda más. Mejora cuando trabajar, ahorrar, invertir, progresar profesionalmente y crear un proyecto de vida personal y familiar de futuro como ocurre en los países europeos más avanzados permiten aumentar de manera sostenida la renta disponible real. Y eso es precisamente la senda de la convergencia real que debemos retomar cuanto antes.

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    Fuente original: Leer en El Español
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