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Registrar entrenamientos y compartirlos con otros usuarios puede generar situaciones de estrés. Adobe Stock El peligro de obsesionarse con las apps deportivasEl auge de estas aplicaciones impulsa la motivación de miles de aficionados, pero también alimenta la adicción, el control y la validación externa
Domingo, 15 de marzo 2026, 08:01
CompartirTerminar de correr, mirar la pantalla del reloj para comprobar el ritmo medio y las pulsaciones. Pulsar 'guardar' y compartir las métricas. Para muchos deportistas, la escena es rutinaria. También la frase «Si no está en Strava, entonces no ha pasado». Para quien no la conozca, se trata de una red social que permite registrar entrenamientos y compartirlos con otros usuarios. Podría definirse como el instagram del deporte. Conectar con otros deportistas, descubrir recorridos o buscar motivación extra son algunas de las razones que explican el éxito de la compañía, que desde su creación en 2009 no ha dejado de crecer y cerró 2025 con 180 millones de usuarios. Aunque como toda tecnología con componente social, también encierra una cara menos luminosa. «Puede alimentar la adicción y la obsesión, sobre todo si te impulsa a conseguir logros constantemente», explica Irati Garzón, especialista en Psicología del deporte. Y es que en periodos de vulnerabilidad, reducir la carga de entrenamiento puede convertirse en todo un desafío cuando se está rodeado de relojes inteligentes, notificaciones y clasificaciones públicas.
«Me gustaba entrenar, pero de repente se convirtió en una obligación», relata María Fernández, atleta de trail running. Lleva más de una década corriendo con reloj inteligente, prácticamente desde que empezó en el club de atletismo de su pueblo. Hace seis meses decidió dejar de usar Strava y, aunque admite que le cuesta, intenta salir a correr una vez a la semana sin usar su reloj. «Parece una tontería, pero no lo es. Desde que soy infantil he registrado todos mis entrenamientos», explica. Lo decidió tras atravesar una etapa de gran exigencia laboral en la que disponía de poco tiempo libre. Se había inscrito en una carrera y sabía que no iba a alcanzar la marca que se había propuesto. Entonces decidió parar. «En parte porque sabía que no iba a llegar al objetivo que me había fijado», admite ahora.
Estar constantemente monitorizando la actividad física puede generar más estrés del deseado, sobre todo en deportistas amateur. «Puede desplazar el foco del disfrute y el bienestar hacia el rendimiento y el control», señala Garzón. A su consulta llegan cada vez más personas que no acuden «por la app», sino por los sentimientos que despierta en ellas. «La tecnología no causa malestar en sí misma, pero puede reforzar patrones de perfeccionismo. Algunos sienten ansiedad si un entrenamiento no queda registrado, o frustración si no coincide con lo esperado», explica. Eso es lo que le ocurría a Fernández: «Me enfadaba por cosas como tener que pararme en un semáforo o que el GPS fallase, porque no iba a quedar bien registrado», cuenta.
180 millones de usuarios
tenía la app Strava al cierre de 2025. Su éxito se explica, en parte, por el afán por compartir entrenamientos, descubrir rutas o hallar motivación extra.
«Tener esa información, en general, es positivo. Ayuda a conocerse mejor y a motivarse. Pero los datos a veces hay que cogerlos con pinzas», advierte Imanol Loizaga, ex campeón de maratón máster y entrenador nacional de atletismo. Actualmente entrena a varios grupos de corredores amateur en Bizkaia y ha observado una fijación excesiva por las métricas. «Hay gente que se fía más del reloj que de su propio entrenador». Cuando empezó a correr medía el tiempo con un cronómetro sencillo. Hoy también utiliza dispositivos digitales, pero insiste en que el problema no es la herramienta, sino la dependencia y la falta de autoconocimiento. «Yo sé a qué pulsaciones voy sin mirar el reloj. Hay personas que no lo saben, no escuchan a su cuerpo», admite. Los datos, puntualiza Garzón, no captan otros aspectos esenciales para el rendimiento deportivo, como el cansancio acumulado o el estrés. «Cuando una persona se guía sólo por métricas puede interpretar un día más lento como un fracaso, en lugar de asumirlo como parte natural del proceso», advierte. «Afortunadamente no somos máquinas. Los días malos muchas veces cuentan el doble», coincide Loizaga.
Y es que, aunque esté enfocada hacia la salud, Strava no deja de funcionar como una red social más. «Los 'kudos' -'likes' en la app- y comentarios de otros activan un sistema de recompensa rápido al que el cerebro se habitúa», relata Garzón. El riesgo a largo plazo, según la especialista, es que el disfrute del ejercicio sea reemplazado por la validación externa. «Dejamos de estar en el cuerpo para pasar a la pantalla», señala.
«La tecnología no causa malestar en sí misma, pero puede reforzar patrones de perfeccionismo preexistentes»
El ascenso de la aplicación coincide, además, con el 'boom' del running. Correr está de moda y, como todo fenómeno cultural, se vive tanto en la calle como en el entorno digital. «En redes se han normalizado ritmos y distancias que no son comunes para un principiante», explica Loizaga. Uno de los ejemplos más ilustrativos es la emblemática Behobia-San Sebastián, que este año habilitará por primera vez la inscripción por sorteo para nuevos corredores ante el riesgo de colapso web. La media maratón guipuzcoana se ha convertido en una carrera a conquistar entre los 'runners', aunque no la única. «Se ha creado una especie de épica en torno a correr. Ahora diez kilómetros parecen poca cosa, pero tiene más mérito hacerlos bien que acabar una maratón comprometiendo la salud», señala el entrenador.
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Una joven entra en la plataforma Strava. R. C.Sobreentrenados
Para lograr objetivos ambiciosos sin caer lesionados, es esencial tener una buena preparación física. La contracara es que también hay quien se pasa a la hora de ejercitarse. «Veo a mucha gente sobreentrenada», admite Loizaga. De modo que la pregunta es inevitable: ¿cuánto hay que entrenar? «Lo que seamos capaces de asimilar. Un atleta de élite puede hacer doce sesiones semanales. Un amateur debe ajustarse a sus objetivos y a su tiempo libre, sin volverse loco con los datos», afirma. Garzón también advierte de la importancia del diálogo interno. «Pensamientos como 'si descanso, retrocedo' o 'si no entreno, fallo' aumentan la autoexigencia y pueden provocar lesiones, agotamiento emocional o falta de motivación». El deporte exige disciplina, pero no debería perder su sentido original, coinciden los expertos. «Corremos para disfrutar».
Una reds social más«Los 'likes' y comentarios de otros usuarios activan un sistema de recompensa rápido al que el cerebro se habitúa facilmente», sostiene Garzón
Irati Garzón
Especialista en Psicología del deporte
Para quienes sienten que han perdido esa conexión, Garzón propone una «desintoxicación» temporal de las aplicaciones, similar a la que hizo Fernández. «No se trata de rechazar la tecnología, sino de resetear la relación con ella cuando el uso empieza a ser compulsivo», explica. Las primeras veces que Fernández entrenó sin reloj se sintió extraña. «Fue raro, a veces hacía el gesto involuntario de mirarme la muñeca». Con el tiempo, las sensaciones fueron mejorando y la presión se disipó. «Me sentía bien. Paraba a hacer una foto o cogía el tranvía si ya no me apetecía correr más. Dejé de medirlo todo», relata. Tras ese periodo ha vuelto a usar la app, aunque en términos más autocompasivos. Abrió una cuenta nueva y redujo su red de contactos. «Solo sigo a gente que me interesa y que sé que no me va a juzgar», afirma. Limitar la exposición pública y recordar que ninguna aplicación sustituye al acompañamiento humano son otras de las claves que propone la psicóloga. «La app puede ser un registro, pero no debería convertirse en juez», concluye.
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