Donald Trump durante la ceremonia de entrega del trofeo tras la final del Mundial. Lee Smith Reuters
Oriente Próximo El Pentágono oculta los costes reales de la guerra en Irán y un rechazo social mayor que Vietnam acorrala a TrumpSólo el 33% de los estadounidenses apoya el conflicto frente a un 59% que se opone.
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Guillermo Ortiz Publicada 21 julio 2026 02:39h Las clavesLas claves Generado con IA
La contabilidad de esta guerra empezó siendo una cifra manejable y ha terminado convertida en un agujero negro. En marzo, apenas iniciada la operación Furia Épica, funcionarios del Pentágono comunicaron a los congresistas estadounidenses en una sesión a puerta cerrada que el coste de los seis primeros días superaba los 11.300 millones de dólares.
A finales de abril, el jefe de finanzas en funciones, Jules Hurst III, elevaba la estimación ante el Comité de Servicios Armados: unos 25.000 millones, la mayoría en munición, mantenimiento y reposición de equipos. A comienzos de mayo, la cifra ya rozaba los 29.000 millones.
El 30 de junio, el director de la Oficina de Gestión y Presupuesto, Russell Vought, testificaba que se habían gastado "unos 30.000 millones".
Atrapados en la ratonera de Ormuz: Irán transforma la 'Furia Épica' de Trump y Netanyahu en un mes en una guerra sin salidaEsa es la contabilidad pública; la otra es muy distinta. El pasado miércoles, la NBC reventó el relato oficial: según tres altos funcionarios estadounidenses y tres personas familiarizadas con las estimaciones internas, el coste de la guerra podría más que triplicar la cifra de 30.000 millones.
El cálculo interno del Pentágono se sitúa entre 80.000 y 100.000 millones cuando se contabilizan la reparación de las bases dañadas, la sustitución de las aeronaves destruidas y la reposición completa de la munición gastada.
La distancia entre ambas cifras es exactamente lo que diferencia la pretendida operación quirúrgica anunciada el 28 de febrero y la guerra de desgaste en la que ha derivado el conflicto.
Desglosar ese dinero ayuda a entender dónde se evapora. En el capítulo ofensivo, los misiles y demás munición constituyen el mayor gasto bélico hasta la fecha: unos 26.000 millones según un informe del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos (CSIS) del 23 de junio.
Ahora bien, donde el presupuesto se dispara es en cuestiones defensivas, de protección de unas bases que se han convertido en dianas. Un informe del Servicio de Investigación del Congreso de mayo identifica 42 aeronaves dañadas —entre ellas, cuatro F-15E Strike Eagle, un F-35A, un A-10 y siete cisternas KC-135—.
Despegue de un caza para participar en los ataques del pasado día 19 de julio. CENTCOM
Sólo la reconstrucción de las instalaciones golpeadas por los misiles iraníes podría superar por sí sola los 30.000 millones. A ello se suma un suplemento de 87.000 millones solicitado por la Casa Blanca al Congreso: 21.000 para munición, 17.300 para costes operativos y 12.100 en programas "clasificados".
La deuda pública de EEUU ronda los 39.000 millones de dólares.
Las ocultaciones del Pentágono
The New York Times publicaba este lunes un artículo que añade a esa opacidad contable una dimensión más incómoda: la humana. El diario revelaba que el Pentágono ocultó decenas de heridos estadounidenses en los ataques iraníes contra bases en Jordania la semana pasada.
En los días previos al ataque del viernes, que mató a dos soldados y dejó a un tercero desaparecido, Irán llevó a cabo otras tres ofensivas contra las fuerzas norteamericanas en el país que hirieron a decenas de militares y dañaron varios helicópteros. El Pentágono no informó de ninguna de ellas.
No es algo nuevo. En los primeros días de la guerra, el Departamento de Defensa aseguró que menos de una docena de militares habían resultado heridos, para acabar reconociendo que eran más de 140 cuando Reuters obtuvo las cifras completas.
La ABC calificó entonces aquel episodio como una ruptura inusual de las normas de transparencia, una práctica que el Pentágono ha mantenido como pilar de su rendición de cuentas ante la ciudadanía y las familias desde la Segunda Guerra Mundial.
Trump presume de que Irán ha liberado a una ciudadana de EEUU en plena escalada bélica aunque Teherán lo niegaA finales de marzo, el propio CENTCOM cifraba en más de 300 los heridos del primer mes y en trece los muertos. Desde entonces, silencio.
Un silencio, por lo demás, deliberado y sistemático. Según el Times, el Mando Central no celebra una comparecencia importante sobre la guerra desde principios de mayo, ha dejado de informar regularmente del número de objetivos iraníes alcanzados y ha dejado de actualizar el total acumulado de personal estadounidense herido.
Las justificaciones que ofrecen los propios mandos resultan tan reveladoras como el silencio mismo. Un alto cargo alegó que el CENTCOM no está obligado a divulgar información sobre militares heridos, en particular sobre los que se reincorporan pronto al servicio.
Otro sostuvo que revelar detalles de los ataques ayudaría a Irán a afinar la puntería de sus misiles balísticos y drones.
El argumento de seguridad operativa es legítimo; también lo es sospechar que, en año electoral, un recuento actualizado de heridos sería políticamente inasumible.
El precio que pagan los otros
El tercer coste de esta guerra no lo paga Washington: lo pagan quienes alojan sus bases. La lista de daños en territorio aliado es larga.
Kuwait ha visto arder una planta de electricidad y agua alcanzada dos veces en dos días; Baréin sufrió daños graves en un edificio residencial, y un ataque contra el aeropuerto internacional kuwaití mató a una persona e hirió a más de sesenta. Por último, en Doha, un niño resultó herido por la metralla de un proyectil interceptado.
Son países que, como resumió un análisis de la revista Foreign Policy, no eligieron esta guerra ni controlaron su calendario, y varios de los cuales habían pasado meses mediando precisamente para evitar este escenario.
Una columna de humo emerge del lugar donde se encuentra la embajada de Estados Unidos en Kuwait. Cedida.
De ahí que la irritación con Washington haya dejado de ser un rumor diplomático.
Ya en los primeros compases del conflicto, funcionarios de dos países del Golfo confesaron a Associated Press su decepción por la gestión estadounidense, empezando por la falta de aviso previo del ataque del 28 de febrero y por el rechazo de sus advertencias sobre las consecuencias devastadoras que tendría para toda la región.
Uno de esos funcionarios afirmó que los países del Golfo estaban frustrados e incluso enfadados porque el ejército estadounidense no los ha defendido lo suficiente.
Existe la convicción extendida de que la operación se ha centrado en proteger a Israel y a las tropas norteamericanas dejando que ellos se defiendan solos, a lo que añadió que las reservas de interceptores de su país se estaban agotando rápidamente.
Públicamente, el tono es más medido. El primer ministro y ministro de Exteriores catarí, el jeque Mohamed bin Abdulrahman al Thani, expresó en una llamada con el viceprimer ministro jordano la "más enérgica condena" a los ataques iraníes e instó a Washington y Teherán a volver a la diplomacia.
El presidente Donald Trump recibe al emir de Catar , Tamim bin Hamad Al Thani, en el viejo Air Force One durante una escala para respostar. Evelyn Hockstein. Reuters.
Jordania, por su parte, convocó al embajador iraní exigiendo el fin de unos ataques "injustificados".
Dicho esto, bajo esa cortesía parece que se está resquebrajando algo más profundo. Fawaz Gerges, de la London School of Economics, sostiene que la guerra ha hecho añicos el pacto implícito de décadas por el que el Golfo ofrecía energía e inversión a cambio de la protección estadounidense.
Estos países acelerarán la diversificación de sus alianzas al comprender que no pueden confiar en Estados Unidos para proteger su energía, su gente y su soberanía. Abdulaziz Sager, del Gulf Research Center, califica de "horrendo" el coste económico para la región.
Peor que Vietnam, más rápido que Irak
Y así llegamos al dato que debería quitar el sueño en la Casa Blanca y que, sin duda, está en la base de todo este secretismo.
Según la media ponderada del Silver Bulletin del estadístico Nate Silver actualizada este mismo lunes, sólo el 33% de los estadounidenses apoya el conflicto frente a un 59% que se opone —una desaprobación neta de 26 puntos—, aunque encuestas individuales dibujan cuadros aún más severos.
Un sondeo de Ipsos y The Washington Post del 16 de julio arrojó un 69% de rechazo frente a un 29% de aprobación, la peor nota de todas las políticas de Trump. La encuesta situaba al presidente en un 37% de aprobación general y por debajo del 40% en su gestión de la guerra.
Por su parte, Ipsos y Reuters detectan que el 79% de los estadounidenses cree que la implicación militar durará "un período prolongado", frente al 65% de mayo.
La comparación histórica es demoledora. El estudio de Ipsos y The Washington Post muestra que solo el 28% de los estadounidenses cree que esta guerra merece la pena, menos apoyo del que registraron las guerras de Afganistán e Irak en las series históricas del diario.
Dos portaviones, submarinos y más de 20 buques: así impone EEUU el nuevo bloqueo contra Irán decretado por TrumpCon todo, el espejo verdaderamente incómodo es Vietnam. Cuando Gallup preguntó por primera vez si enviar tropas había sido un error, en agosto de 1965, sólo el 24% respondió que sí y un contundente 60% dijo que no.
Hubo que esperar a octubre de 1967 para que los partidarios de considerarlo un error superaran por primera vez a sus detractores (47% frente a 44%) y hasta agosto de 1968 para que una mayoría, el 53%, lo dijera abiertamente. La guerra de Irán ha alcanzado un rechazo mayor en menos de cinco meses.
Más allá del éxito o el fracaso de la operación, que el tiempo medirá, hay una explicación clara: la polarización en la política estadounidense hace que los demócratas se opongan por sistema a cualquier medida de Trump.
Pero es que, a su vez, el movimiento MAGA, con su impulsor e ideólogo Steve Bannon al frente, comparte aquí ese desencanto. Votaron a Trump y a JD Vance porque les prometieron el final de las "guerras eternas", de la intervención de Estados Unidos en conflictos extranjeros y la reducción de la deuda pública con recortes en todos los sectores de la administración, incluido el ejército.
La promesa pareció cumplirse con la creación del DOGE, liderado por Elon Musk, pero se ha ido diluyendo con los sucesivos conflictos en Israel, Venezuela, Irán y quién sabe si Cuba o Groenlandia. Trump prometió una edad de oro y una paz eterna y está metido en mil tinglados. Nada apunta a que tenga el conocimiento ni la habilidad para salir de ellos de forma airosa.