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El pilates con calor, especialmente mediante tecnología infrarroja, se consolida como una de las tendencias emergentes del fitness al mejorar la flexibilidad, la circulación y el gasto energético, aunque los expertos advierten de la importancia de aplicarlo como complemento dentro del entrenamiento.
No hay deporte que no suba la temperatura, así que parece algo ilógico que, al realizar cualquier actividad física, aumentemos artificialmente la gradación térmica. Sin embargo, en el mundo del fitness ha surgido una tendencia muy interesante que echa, nunca mejor dicho, más leña al fuego. El pilates con calor -especialmente el basado en tecnología infrarroja- es una práctica emergente que gana tracción entre los aficionados a este entrenamiento. Una práctica que, según apunta un estudio publicado en Journal of Human Kinetics, busca optimizar el rendimiento sin elevar el impacto físico.
Pero, ¿cómo pasar más calor durante una sesión de pilates puede mejorar nuestra condición física? Para Andrea Crespo, adjunta a la dirección de Six Harmonies -espacio dedicado al pilates, la recuperación física y al bienestar en Madrid- la respuesta es sencilla: "El entrenamiento en ambientes térmicos elevados puede mejorar la flexibilidad, favorecer la respuesta cardiovascular y aumentar el gasto energético, además de optimizar la circulación sanguínea y la recuperación muscular".
En el desarrollo de tecnologías de calor infrarrojo introduce, señala la experta, un elemento diferencial relevante para los amantes del pilates. "Este tipo de radiación penetra en los tejidos y eleva la temperatura corporal desde el interior. En entornos especializados, las sesiones se desarrollan en salas a unos 35 grados con lámparas que acompañan a los ejercicios clásicos de pilates en esterilla", apunta Crespo. Asimismo, destaca que esta tecnología es beneficiosa para la regeneración de tejidos o la producción de colágeno. "El calor no es un complemento, sino un eje del método: no es solo sudar; es una herramienta que permite que te recuperes mientras estás entrenando", asegura. En este contexto, desde Six Harmonies se han dado cuenta de que el calor actúa como facilitador del movimiento. "Este calor infrarrojo penetra en la piel y mejora la flexibilidad sin estresar las articulaciones. Es progresivo y siempre va acompañado de estiramiento", agrega Crespo.
Por otro lado, el componente metabólico también forma parte del atractivo de esta nueva tendencia fitness: "Al final el cuerpo está en constante eliminación de toxinas y con la sudoración puede haber una quema calórica mayor", señala Crespo, aunque matiza que el valor estructural del pilates se mantiene: "El método clásico es clave para alinear el cuerpo, evitar lesiones y trabajar musculatura profunda". En su diferenciación interna, apunta a dos enfoques: "El pilates de máquinas es más preventivo, mientras que el de infrarrojos es más intenso a nivel cardiovascular".
Aunque se trata de una disciplina abierta, algunos centros ponen el foco en el público femenino. "No es exclusivo para mujeres, pero es cierto que puede ayudar en procesos hormonales como la menstruación o la menopausia", indica Crespo. No obstante, el entrenamiento en calor exige ciertas precauciones. "Siempre recomendamos hidratarse bien antes de la sesión y reponer electrolitos después", advierte. En cuanto a la frecuencia, establece un marco orientativo: "Entre cuatro y cinco días a la semana es lo ideal para notar beneficios a largo plazo". Asimismo, subraya limitaciones claras: "No lo recomendamos para personas con problemas cardiovasculares o embarazadas".
Subir la temperatura
El estudio de Journal of Human Kinetics sobre los efectos fisiológicos del entrenamiento en condiciones de calor analiza distintos trabajos experimentales sobre exposición al calor -tanto activa (entrenamiento en calor) como pasiva (sauna o agua caliente)- y concluye que el organismo desarrolla adaptaciones fisiológicas significativas. Entre ellas, destacan el aumento del volumen plasmático, la reducción de la frecuencia cardiaca, una menor temperatura corporal en reposo y en esfuerzo, y una mejora del gasto cardíaco máximo. Estos cambios permiten al cuerpo ser más eficiente en entornos térmicos exigentes.
El informe también subraya que estos efectos pueden comenzar a observarse en pocos días, aunque su consolidación requiere exposiciones más prolongadas, generalmente superiores a dos semanas. No obstante, plantea una lectura más pragmática: la exposición al calor puede ser una herramienta útil dentro de un programa de entrenamiento, especialmente en contextos donde el deportista compite en condiciones térmicas adversas. Sin embargo, "su uso debe entenderse como un complemento, no como un factor determinante del rendimiento". De hecho, el propio informe señala que el tiempo invertido en estas estrategias -entre 30 y 40 minutos adicionales por sesión- puede competir con otros elementos críticos como el descanso, la nutrición o la carga de entrenamiento. Algo que también subrayan desde Six Harmonies: "Puedes venir con dolor muscular después de entrenar fuerza y aquí recuperas mientras te mueves", concluye Crespo, que añade que esta tendencia no será una moda pasajera y que, progresivamente, los estudios respaldarán más sus beneficios para la salud y la longevidad.
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