No es una crisis, ni un punto y final. Son recelos y no son menores, pero el diagnóstico aún no es grave, ni mucho menos. Sin embargo, sí que estamos ante una reconfiguración de las relaciones entre el PNV y el PSOE. Y, por tanto, Moncloa.
El desencuentro de esta semana por la imagen de IA que el PSE tuiteó contra Aitor Esteban fue sólo la consecuencia, no el síntoma. En plena batalla con Bildu por la hegemonía en el País Vasco, y cansados de los vaivenes de Pedro Sánchez, los jeltzales dan una vuelta de tuerca más a su relación con los socialistas.
Necesitan rentabilizar mejor su peso en la aritmética parlamentaria y así lo han transmitido. A partir de ahora, el partido que preside Aitor Esteban no aceptará más «imposiciones» ni decretos-batiburrillo. Y negociará cada norma con las medidas sobre la mesa y atendiendo siempre «al principio de realidad». O sea, que todos tienen que ceder para llegar a un encuentro, pero unos más que otros, claro.
El hartazgo es real. «El vaso claro que se va colmando», aseguran a este diario fuentes de la formación nacionalista. El PNV se planta: ya no abaratará ni una sola vez más su apoyo al Gobierno. Toda iniciativa se tendrá que ver «medida a medida», y negociando «de verdad», sin trampantojos.
«Nosotros no estamos para sostener gobiernos en Madrid y hace tiempo que hablamos de la mayoría negativa que hay en el Congreso. No estamos para tragar lo que quieran imponer sin negociación previa y no tiene un pase estar sin presupuestos. Pero el botón electoral solo lo tiene Sánchez y hasta que eso ocurra lo que no vamos a hacer es estar de brazos caídos, porque nuestro trabajo es seguir trabajando por Euskadi y exigir que se cumplan los acuerdos» de transferencia de competencias. «Pero también medidas para que la gente llegue a fin de mes o mejorar la sanidad», apuntan las fuentes.
Las alarmas saltaron en Moncloa el martes. El PNV anuló una reunión que iba a mantener Esteban con el dirigente socialista Antonio Hernando y el secretario general del PSE, Eneko Andueza en la sede de Sabin Etxea en Bilbao sobre la reforma del Estatuto de Gernika que los nacionalistas pretenden convertir en un nuevo estatus vasco.
¿Por qué? Porque la dirección del PSOE vasco publicó un mensaje en redes sociales en el que cuestionaban al líder jeltzale por «seguir la estela» de Bildu. «Ahora sí hay agua en la piscina», rezaba el tuit, con una imagen generada por inteligencia artificial en la que se veía a Esteban saltando vestido a una piscina.
La dirección del PNV, muy molesta por esto, quiso elevar el toque de atención. Por eso subrayó que el encuentro que se cancelaba era «con Moncloa». «Seguimos defendiendo una forma de hacer las cosas. Es una banalización de la política por parte del PSE en el País Vasco. Como han sido muchas ya las de Andueza intentando desgastar al PNV cuando somos socios de Gobierno, el PNV se ha hartado. Y por eso en Bilbao se decidió un toque a Moncloa», explican los nacionalistas.
Se trata de una manera de hacer saber al Gobierno que el desgaste no es sólo autonómico, sino que la relación debe cuidarse más desde Madrid. Pedro Sánchez acusó recibo enseguida, alabando ante Maribel Vaquero, portavoz del PNV en el Congreso, el buen entendimiento con el PNV. «Usted sabrá cómo quiere llegar hasta la convocatoria electoral, si quiere compañía o no», le había espetado la portavoz, a lo que el presidente contestó: «Por supuesto que quiero compañía, y además buena compañía como la del PNV».
El desgaste de la aritmética variable no pasa desapercibido para nadie. En el equipo de Vaquero reconocen que el choque de esta semana es un «toque de atención», porque creen que el Ejecutivo no está a lo que tiene que estar. «Este Gobierno está débil porque tiene una mayoría no suficiente y encima intenta imponernos medidas que no solucionan las cosas. No están haciendo lo que tienen que hacer porque están más pendientes de sus líos y de la política internacional. Cosa, esta última, que nos parece bien».
El PNV quiere hacer las cosas con seriedad. Por el libro. Por eso sacan a relucir su proverbial mirada jesuítica: «Hasta el último minuto vamos a negociar medidas que mejoren las cosas. Pero si necesitas el apoyo de todos, tienes que aceptar cosas de todos. No puedes fijarte sólo en lo que propongan Sumar o Junts. Mayoría significa todos [los socios]. Y nadie debe ir a máximos, sino a un punto de unión. El PNV defiende el principio de realidad. Sumar sabe que puede negociar con nosotros».
Eso sí, los nacionalistas no van a pasar más por el aro de mezclar medidas. «No aprobaremos más ómnibus, tampoco». Y no están de acuerdo con la política inmobiliaria del Ejecutivo, tras decaer el decreto de la prórroga de los alquileres: «No puede ser que nos impongan medidas en la vivienda por decreto, cuando además son medidas que no solucionan las cosas. Para [convalidar] este decreto no nos pidieron que les mandásemos medidas, como sí hicieron con el de Irán, que nos pidieron propuestas y nos aceptaron la mitad».
En Moncloa ya han tomado nota, como publicó este diario el jueves. «El PNV es un partido muy importante, hay que cuidarles», sentenciaron fuentes gubernamentales sobre la relación con ellos, concediéndoles un estatus muy relevante.
El equipo de Sánchez, que ha privilegiado y cuidado al País Vasco -22 traspasos de competencias desde que es presidente-, niega una «crisis» y llama a la «tranquilidad», pero lo cierto es que la tarde del martes se produjeron llamadas al más alto nivel entre socialistas y jeltzales para desmadejar el entuerto.