Feijóo y Azcón durante el acto de fin de campaña.
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN El PP debe mantener su identidad y su hegemonía en sus pactos con Vox Publicada 10 febrero 2026 02:45hEl discurso de Alberto Núñez Feijóo este lunes ante la Junta Directiva Nacional ha inaugurado una nueva fase de entendimiento con la formación de Santiago Abascal.
Al mostrar su disposición a llegar a "acuerdos razonables" con Vox, Feijóo solemniza que el PP se orienta a que la trayectoria de desencuentros dentro del bloque de la derecha deje paso a una entente estratégica.
Génova demuestra haber extraído las conclusiones correctas de lo sucedido este 8-F, cuyo mensaje ha sido nítido: la mayoría social desea que las fuerzas de la derecha se entiendan porque, ante todo, desea desahuciar al sanchismo.
Los ciudadanos no perdonarían que las cuotas de poder o los personalismos blindasen la permanencia de un modelo que el domingo recibió un severo correctivo en las figuras de Pilar Alegría y el socialismo aragonés.
En esta ocasión, ambos actores parecen estar por la labor de enterrar el hacha de guerra.
Vox, que abandonó los gobiernos autonómicos en 2023, reclama ahora su entrada en ellos para ocupar determinadas consejerías.
Por su parte, el PP ha resuelto de forma inteligente que le interesa que los de Abascal asuman carteras de gestión, y que así compartan la responsabilidad y el desgaste de gobernar.
Es positivo que se exploren acuerdos. La gobernabilidad es un imperativo, y existen numerosos puntos de encuentro en materia económica, fiscal y de defensa de la unidad nacional en los que ambos partidos pueden y deben caminar juntos.
Sin embargo, el PP debe afrontar estas negociaciones sin que le tiemble el pulso.
Si a Vox, en efecto, cabe exigirle "responsabilidad" para que no se convierta "en un muro" que impida gobernar, al PP debe exigírsele firmeza.
Jorge Azcón y la dirección nacional no pueden permitir que la necesaria suma aritmética diluya la identidad de un partido que es, por definición, una derecha liberal, moderada y europeísta.
No conviene olvidar la realidad de los números por mucho que Vox haya crecido. A pesar del auge de la formación de Abascal, el PP sigue siendo el partido hegemónico, como ha subrayado Feijóo al llamar a Vox a no confundir el "buen resultado de ser terceros con ser primeros".
En Aragón, el dato es incontestable: los populares han obtenido prácticamente el doble de votos que Vox.
Esa preponderancia debe reflejarse proporcionalmente en los pactos. El pragmatismo no puede confundirse con la entrega de la agenda política a las tesis más maximalistas de sus socios.
El PP es hoy el partido de centroderecha que mejor aguanta el tirón en toda Europa frente al empuje de la ultraderecha, un fenómeno que ha devorado a sus homólogos en Francia o Italia.
Y precisamente porque Feijóo ha logrado mantener esa fortaleza a lo largo de todo el camino, sería un error garrafal malograrla ahora distanciándose de la centralidad.