"No queremos ser daneses. No queremos ser estadounidenses". La frase es del exprimer ministro de Groenlandia, Múte B. Egede. Y aunque el dirigente perdió su puesto durante las elecciones de 2025 capta bien el sentir de gran parte de la población de la isla ártica, una región autónoma que en la práctica sigue ligada al Reino de Dinamarca. Los sondeos revelan que a los groenlandeses no les gusta la idea de Donald Trump de convertirse en parte de Estados Unidos, pero es que muchos (muchísimos) sueñan también con decir adiós a Copenhague.
El motivo (como es habitual) hay que buscarlo en los libros de historia.
Una cifra: 85%. Los sondeos son solo eso, sondeos, pero nos ayudan a comprender mejor cómo piensan las sociedades. Con Trump insistiendo en sus aspiraciones de que Groenlandia quede bajo control de EEUU, en los últimos días se ha desempolvado un sondeo realizado hace un año, cuando el republicano (recién llegado a la Casa Blanca) dejó entrever su interés en la isla ártica.
El estudio, publicado por Berlingske y Sermitsiaq, muestra que el 85% de los groenlandeses rechaza la idea de formar parte de EEUU. Otro 9% tiene dudas al respecto y solo un 6% es partidario de izar la bandera de las barras y las estrellas. Incluso el interés de Trump por Groenlandia genera división de opiniones: un 45% de los encuestados lo ve "una amenaza", el 43% "una oportunidad".
¿Mejor con Dinamarca? Esa es una de las conclusiones que podría extraerse de la encuesta. Aunque Groenlandia se ubica en Norteamérica y su capital, Nuuk, queda más cerca de Nueva York que de Copenhague, la isla forma parte del Reino de Dinamarca. Si los groenlandeses rechazan integrarse en EEUU, ¿significa eso que están cómodos con su estatus actual? ¿Les gusta su relación con Dinamarca? Otra encuesta, algo más antigua, de 2019, revela que la respuesta es "no".
El estudio, realizado por académicos de la Universidad de Copenhague, reveló que el 67,7% de los adultos de Groenlandia aspiran a que en algún momento la isla corte sus lazos con Dinamarca. Una parte de los entrevistados respaldaría de hecho la independencia en un horizonte de diez años y otro porcentaje, mayor, lo ve factible a mediados de la próxima década. Tal vez 2019 quedé atrás en el tiempo, pero ese sentimiento parece seguir muy vivo en la isla.
"Los grilletes del colonialismo". Hace justo un año el exprimer ministro, Mute Egede, acaparó titulares con un discurso de Año Nuevo en el que deslizó la idea de que Groenlandia se independice. "La historia y las condiciones actuales han demostrado que nuestra cooperación con el Reino no han logrado crear una igualdad plena", reivindicó el líder del partido Comunidad del Pueblo.
"Ha llegado el momento de que nuestro país dé el siguiente paso. Al igual que otras naciones del mundo, debemos trabajar para eliminar los obstáculos a la cooperación, que podemos describir como grilletes del colonialismo, y avanzar", recalcacó. Egede no logró revalidarse en el cargo, pero su sucesor, Jens-Frederick Nielsen, representa también a una formación independentista, aunque del sector más moderado. Su estrategia pasa por el momento por fortalecer lazos con Copenhague, aunque dejando claro que en calidad de "socio más cercano".
En Xataka
Tras la ocupación nazi, Dinamarca firmó un pacto 1951. Desde entonces, EEUU puede pedir lo que quiera en Groenlandia
¿Y por qué ese sentimiento? Cuestiones nacionalistas aparte, el deseo de gran parte de los groenlandeses por marcar distancias con Dinamarca se explica por una razón muy simple: la relación entre ambos territorios no siempre ha sido sencilla. Todo lo contrario. El pasado reciente ha estado empañada por capítulos trágicos que han obligado a las autoridades danesas a pedir disculpas de forma pública en un intento por cicatrizar heridas y fortalecer el vínculo.
Repasando la historia. La relación actual entre el Reino de Dinamarca y Groenlandia se remonta al siglo XVIII, cuando los daneses empezaron a colonizar la isla, habitada durante siglos por los inuits. En 1814 el territorio se convirtió de forma oficial en colonia danesa, una relación que se redefinió primero en 1953 y más tarde en 1979, cuando la isla logró su autonomía. Sin embargo tardaría varias décadas en lograr que Copenhague le transfiriese competencias.
Como reconoce el propio Ejecutivo danés, ese hito no se logró hasta entrado el siglo XXI, aunque el Reino sigue ostentando algunas funciones clave, como las competencias de asuntos exteriores, seguridad y política financiera. Desde 2009 la isla dispone de un estatuto de autonomía reformado (avalado por una amplia mayoría de su población) que le dota de la posibilidad de autodeterminación
En la práctica gran parte de la economía de la isla se apoya en los denominados "block grant", las aportaciones del Gobierno danés. Hay quien cree de hecho que el sistema de bienestar nórdico apoyado en Dinamarca y la contribución danesa a las finanzas isleñas son cruciales para mantener su vínculo vivo. EEUU lo sabe y probablemente por eso valora pagar entre 10.000 y 100.000 dólares a cada groenlandés para animarlos a ‘divorciarse’ de Dinamarca, según Reuters.
En Xataka
Groenlandia se ha convertido en una obsesión para Estados Unidos por un motivo simple: se creen el calentamiento global
Dos episodios para el olvido. En la relación reciente entre Dinamarca y Groenlandia hay dos capítulos que pesan especialmente e incluso han erosionado la imagen de "colonizadores benignos" que durante generaciones han tenido de sí mismos los daneses. Uno de esos episodios implica a miles de mujeres indígenas.
Una investigación de 2022 reveló que durante décadas, entre los 60 y prácticamente comienzos de los 90, miles de mujeres inuit fueron forzadas a utilizar métodos anticonceptivos, recurriendo a dispositivos intrauterinos que en ocasiones se implantaban sin permiso o conocimiento de las pacientes.
Algunas fuentes señalan que ese plan de natalidad danés afectó a alrededor de 4.500 mujeres (y niñas) groenlandesas entre 1966 y 1976. El objetivo: controlar el crecimiento de la población inuit. Las revelaciones son tan alarmantes que hace unos meses la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, participó en un acto en Nuuk durante el que pidió perdón por "la injusticia y dolor" causados.
Cerrando heridas. No ha sido la única vez que las autoridades danesas han tenido que disculparse. Hace años lo hicieron por otro capítulo turbulento en la relación entre ambos territorios: un experimento social iniciado en los años 50 que consistió en sacar a niños intuís groenlandeses de sus hogares (en ocasiones con presiones) para dejarlos al cuidado de familias de acogida de Dinamarca.
La idea era que se empaparan del idioma y la cultura continental para luego "modernizar" la isla ártica. El experimento, hoy conocido como "Los pequeños dinamarqueses", fue un fracaso y obligó a Frederiksen a disculparse en 2022. Tres años antes Trump había dejado entrever ya su interés por Groenlandia.
Imágenes | Annie Spratt (Unsplash) y Visit Greenland (Unsplash)
En Xataka | El problema de Groenlandia no es que no tenga minerales: es que sacarlos de allí es una pesadilla de ingeniería
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La noticia
El problema de Dinamarca no es que EEUU quiera Groenlandia: es que Groenlandia no quiere a Dinamarca
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
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El problema de Dinamarca no es que EEUU quiera Groenlandia: es que Groenlandia no quiere a Dinamarca
Los groenlandeses no quieren ser parte de EEUU, pero su relación con Dinamarca dista mucho de ser idílica
"No queremos ser daneses. No queremos ser estadounidenses". La frase es del exprimer ministro de Groenlandia, Múte B. Egede. Y aunque el dirigente perdió su puesto durante las elecciones de 2025 capta bien el sentir de gran parte de la población de la isla ártica, una región autónoma que en la práctica sigue ligada al Reino de Dinamarca. Los sondeos revelan que a los groenlandeses no les gusta la idea de Donald Trump de convertirse en parte de Estados Unidos, pero es que muchos (muchísimos) sueñan también con decir adiós a Copenhague.
El motivo (como es habitual) hay que buscarlo en los libros de historia.
Una cifra: 85%. Los sondeos son solo eso, sondeos, pero nos ayudan a comprender mejor cómo piensan las sociedades. Con Trump insistiendo en sus aspiraciones de que Groenlandia quede bajo control de EEUU, en los últimos días se ha desempolvado un sondeo realizado hace un año, cuando el republicano (recién llegado a la Casa Blanca) dejó entrever su interés en la isla ártica.
El estudio, publicado por Berlingske y Sermitsiaq, muestra que el 85% de los groenlandeses rechaza la idea de formar parte de EEUU. Otro 9% tiene dudas al respecto y solo un 6% es partidario de izar la bandera de las barras y las estrellas. Incluso el interés de Trump por Groenlandia genera división de opiniones: un 45% de los encuestados lo ve "una amenaza", el 43% "una oportunidad".
¿Mejor con Dinamarca? Esa es una de las conclusiones que podría extraerse de la encuesta. Aunque Groenlandia se ubica en Norteamérica y su capital, Nuuk, queda más cerca de Nueva York que de Copenhague, la isla forma parte del Reino de Dinamarca. Si los groenlandeses rechazan integrarse en EEUU, ¿significa eso que están cómodos con su estatus actual? ¿Les gusta su relación con Dinamarca? Otra encuesta, algo más antigua, de 2019, revela que la respuesta es "no".
El estudio, realizado por académicos de la Universidad de Copenhague, reveló que el 67,7% de los adultos de Groenlandia aspiran a que en algún momento la isla corte sus lazos con Dinamarca. Una parte de los entrevistados respaldaría de hecho la independencia en un horizonte de diez años y otro porcentaje, mayor, lo ve factible a mediados de la próxima década. Tal vez 2019 quedé atrás en el tiempo, pero ese sentimiento parece seguir muy vivo en la isla.
"Los grilletes del colonialismo". Hace justo un año el exprimer ministro, Mute Egede, acaparó titulares con un discurso de Año Nuevo en el que deslizó la idea de que Groenlandia se independice. "La historia y las condiciones actuales han demostrado que nuestra cooperación con el Reino no han logrado crear una igualdad plena", reivindicó el líder del partido Comunidad del Pueblo.
"Ha llegado el momento de que nuestro país dé el siguiente paso. Al igual que otras naciones del mundo, debemos trabajar para eliminar los obstáculos a la cooperación, que podemos describir como grilletes del colonialismo, y avanzar", recalcacó. Egede no logró revalidarse en el cargo, pero su sucesor, Jens-Frederick Nielsen, representa también a una formación independentista, aunque del sector más moderado. Su estrategia pasa por el momento por fortalecer lazos con Copenhague, aunque dejando claro que en calidad de "socio más cercano".
¿Y por qué ese sentimiento? Cuestiones nacionalistas aparte, el deseo de gran parte de los groenlandeses por marcar distancias con Dinamarca se explica por una razón muy simple: la relación entre ambos territorios no siempre ha sido sencilla. Todo lo contrario. El pasado reciente ha estado empañada por capítulos trágicos que han obligado a las autoridades danesas a pedir disculpas de forma pública en un intento por cicatrizar heridas y fortalecer el vínculo.
Repasando la historia. La relación actual entre el Reino de Dinamarca y Groenlandia se remonta al siglo XVIII, cuando los daneses empezaron a colonizar la isla, habitada durante siglos por los inuits. En 1814 el territorio se convirtió de forma oficial en colonia danesa, una relación que se redefinió primero en 1953 y más tarde en 1979, cuando la isla logró su autonomía. Sin embargo tardaría varias décadas en lograr que Copenhague le transfiriese competencias.
Como reconoce el propio Ejecutivo danés, ese hito no se logró hasta entrado el siglo XXI, aunque el Reino sigue ostentando algunas funciones clave, como las competencias de asuntos exteriores, seguridad y política financiera. Desde 2009 la isla dispone de un estatuto de autonomía reformado (avalado por una amplia mayoría de su población) que le dota de la posibilidad de autodeterminación
En la práctica gran parte de la economía de la isla se apoya en los denominados "block grant", las aportaciones del Gobierno danés. Hay quien cree de hecho que el sistema de bienestar nórdico apoyado en Dinamarca y la contribución danesa a las finanzas isleñas son cruciales para mantener su vínculo vivo. EEUU lo sabe y probablemente por eso valora pagar entre 10.000 y 100.000 dólares a cada groenlandés para animarlos a ‘divorciarse’ de Dinamarca, según Reuters.
Dos episodios para el olvido. En la relación reciente entre Dinamarca y Groenlandia hay dos capítulos que pesan especialmente e incluso han erosionado la imagen de "colonizadores benignos" que durante generaciones han tenido de sí mismos los daneses. Uno de esos episodios implica a miles de mujeres indígenas.
Una investigación de 2022 reveló que durante décadas, entre los 60 y prácticamente comienzos de los 90, miles de mujeres inuit fueron forzadas a utilizar métodos anticonceptivos, recurriendo a dispositivos intrauterinos que en ocasiones se implantaban sin permiso o conocimiento de las pacientes.
Algunas fuentes señalan que ese plan de natalidad danés afectó a alrededor de 4.500 mujeres (y niñas) groenlandesas entre 1966 y 1976. El objetivo: controlar el crecimiento de la población inuit. Las revelaciones son tan alarmantes que hace unos meses la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, participó en un acto en Nuuk durante el que pidió perdón por "la injusticia y dolor" causados.
Cerrando heridas. No ha sido la única vez que las autoridades danesas han tenido que disculparse. Hace años lo hicieron por otro capítulo turbulento en la relación entre ambos territorios: un experimento social iniciado en los años 50 que consistió en sacar a niños intuís groenlandeses de sus hogares (en ocasiones con presiones) para dejarlos al cuidado de familias de acogida de Dinamarca.
La idea era que se empaparan del idioma y la cultura continental para luego "modernizar" la isla ártica. El experimento, hoy conocido como "Los pequeños dinamarqueses", fue un fracaso y obligó a Frederiksen a disculparse en 2022. Tres años antes Trump había dejado entrever ya su interés por Groenlandia.