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A.M.C. El programa de familias de acogida, desbordado por el aumento de niños en desamparoJunta y asociaciones especializadas buscan hogares para 54 menores que actualmente permanecen en centros de protección
Domingo, 5 de abril 2026, 00:27 | Actualizado 00:47h.
CompartirEs una aspiración histórica de los profesionales que trabajan con niños en desamparo: que en el año 2030 no haya menores de 13 años en centros de protección. Pero la realidad es que a día de hoy los sigue habiendo. Niños que acaban tutelados por la administración porque sus familias no pueden, no saben o no quieren cuidar de ellos. Sufren abandono, falta de escolarización, malos tratos físicos o psíquicos o sobreviven en un ambiente familiar tóxico. A veces son situaciones graves que se prolongan en el tiempo e, incluso, irreversibles en las que el menor nunca vuelve con su familia biológica. Pero en otras ocasiones, la retirada es solo temporal y hay esperanza de reconducir unas circunstancias vitales adversas.
En cualquier caso, cuando eso ocurre, el objetivo es que el menor pase a crecer con una familia de acogida. «El calor de un hogar es insustituible para paliar las mochilas de traumas y carencias de apego con las que llega», advierte Ruth Sarabia, delegada de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía en Málaga. Sin embargo, no siempre hay hogares disponibles y en ese punto está Málaga, donde el programa de familias de acogida está desbordado por el aumento de niños en desamparo. «Buscamos familias acogedoras para 54 menores». Es el SOS lanzado por la administración autonómica, que en estos momentos tiene 932 menores tutelados en la provincia (cifra que dista mucho de los 650 que tenía antes de la pandemia). Del total, 286 se encuentran en centros de protección de la Junta y 546 en hogares (453 en acogida familiar y 93 en guarda con fines de adopción), lo que supone que casi el 60% del total está bajo cobijo de particulares. «Pero hacen falta más», insisten.
Este incremento de menores que requiere protección responde a múltiples factores, aunque la crisis sanitaria del Covid-19 supuso un punto de inflexión. «Desde entonces se ha detectado un repunte significativo de problemas de salud mental en adolescentes de entre 13 y 15 años, que se refleja en absentismo escolar, adicciones a videojuegos y aislamiento. A esto se suma el maltrato y el descuido por parte de progenitores que, en muchos casos, sufren también patologías mentales o adicciones agravadas por el confinamiento», explica Sarabia.
Además, según la delegada, Málaga presenta una particularidad demográfica: el incremento del 30% en residentes extranjeros desde 2019. «Esto ha diversificado el sistema, que ahora acoge a menores de distintas nacionalidades, junto a los menores extranjeros no acompañados (MENAS) que llegan a la provincia».
«El calor de un hogar es insustituible para paliar las mochilas de traumas y carencias de apego con las que llega el menor»
Ruth Sarabia
Delegada de Inclusión Social de la Junta de Andalucía en Málaga
A todo eso hay que sumar que desde la aprobación de la Ley 4/2021, de 27 de julio, de Infancia y Adolescencia de Andalucía se amplió de 7 a 13 años la edad protegida para entrar en un centro de menores: «El acogimiento residencial no se acordará para los menores de 13 años, salvo que no sea posible una alternativa familiar», reza la norma, lo que llevó a que un mayor número de niños precisaran de un hogar. Así lo ha puesto de manifiesto Marisol Romero, coordinadora de la Fundación Hogar Abierto, que en la actualidad trabaja con 167 familias y 222 menores acogidos. 33 de esas familias son de acogida urgente, es decir, disponibles 24/7 para atender la llegada de un menor vulnerable. Una cantidad que multiplica por cuatro las ocho que tenían en 2019 y, pese a todo, son insuficientes para absorber el aumento de niños en desamparo. «Esta escasez de familias de urgencia (FAU) se debe en parte al miedo y la incertidumbre, ya que reciben a los niños sin información previa sobre su estado. Además, su número fluctúa constantemente, ya que muchas, transcurridos los seis meses de la acogida de urgencia, pasan a ser familias de acogida temporales (dos años) o pausan su disponibilidad por motivos personales», aclara.
Algo «inédito» en la historia del sistema malagueño es que, por primera vez, las familias ajenas (aquellas sin vínculos de sangre) superan a las familias extensas (abuelos o tíos) en el acogimiento. Este fenómeno refleja una sociedad cada vez más «individualista», asegura Sarabia, donde, en ocasiones, los familiares directos se sienten incapaces de asumir el cuidado del joven, especialmente ante problemáticas complejas como las relacionadas con la salud mental o las conductas de riesgo en adolescentes.
Pero el problema no es solo cuantitativo. Existe un desajuste cualitativo donde el sistema no es capaz de responder a todas las necesidades por la falta de familias para perfiles específicos, como en este caso se demanda: hermanos, menores con discapacidad o niños mayores de siete años. «A veces no se trata de falta de voluntad, sino de recursos y no tienen por qué ser solo económicos», matiza Juan José Casado, presidente de Infania, quien corrobora el déficit de familias acogedoras.
Desequilibrio
Los datos recogidos en su asociación desde la pandemia revelan un importante desajuste: mientras que el número de menores que requieren acogimiento en familia ajena ha crecido un 29%, la disponibilidad de familias activas apenas ha aumentado un 10%. «Esta brecha evidencia un desequilibrio que impacta directamente en la gestión de los casos de desamparo». A finales de 2021, la cifra de menores atendidos por su organización para ser acogidos se situaba en torno a los 80 casos. Cuatro años después, el volumen ha ascendido hasta los 106. Sin embargo, el censo de familias activas (aquellas que tienen a un menor conviviendo en su hogar en el momento de la estadística) se cerró en 2025 con tan solo 79 familias. Esta diferencia numérica se traduce en una mayor carga para los hogares disponibles, asegura Casado, ya que en la práctica, esto supone que cada vez es más frecuente encontrar familias que acogen a más de un menor de forma simultánea para cubrir la demanda.
El sistema se divide principalmente en tres modalidades: urgencia (seis meses), temporal (dos años) y permanente. El presidente de Infania asegura que el acogimiento de urgencia representa aproximadamente entre el 30% y el 40% del total de las intervenciones y es considerado la pieza clave del engranaje. «Es la puerta de entrada al sistema. Lo que se consigue con el acogimiento de urgencia es que prácticamente, salvo casos muy extremos de necesidades muy especiales, los niños permanezcan en familia», señala el experto.
En cuanto a los requisitos para ser padres de acogida son, según Sarabia, «más laxos» que los necesarios para una adopción. Así, tras una reunión informativa sobre los tipos de acogimiento y la situación en la que llegan los menores, se cumplimenta una solicitud y se les hace una entrevista de idoneidad a ambos progenitores, juntos y por separado. «No se precisan ingresos extraordinarios y, además, cuentan con una ayuda económica de la Junta de Andalucía (500 euros mensuales si es un menor que no tiene necesidades educativas especiales y algo más de 700 euros por niño si es un grupo de hermanos), ventajas fiscales y pueden acogerse a la baja de maternidad/paternidad».
En cualquier caso, la urgencia por encontrar nuevos hogares, «no es porque los centros de menores estén colapsados», aclara Sarabia. Tras la última licitación, Málaga cuenta con unas 20 plazas libres en ellos. «El llamamiento a la sociedad no es por falta de espacio físico, sino por una cuestión de humanidad».
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