Pedro Sánchez, este miércoles, a la salida del acto institucional por el 8-M, en Madrid. Europa Press
Política El PSOE cree que el pulso con Trump supone un vuelco y que el 'no a la guerra' puede llevar a Sánchez a ganar las eleccionesLa euforia se extiende entre los más cercanos al presidente: consideran que han encontrado la manera de movilizar al electorado de izquierdas desencantado.
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Rubén Fernández Publicada 5 marzo 2026 02:55hLas claves nuevo Generado con IA
Del "Perro Sánchez" que protagonizó su resurrección política en las generales de 2023, al "make Sánchez great again" de 2026. Pedro Sánchez vuelve a intentar reinventarse, ahora convirtiéndose en la némesis de Donald Trump.
Cuando parecía que el "manual de resistencia" estaba a punto de descatalogarse, el presidente del Gobierno cree haber encontrado en el "no a la guerra" un revulsivo. Es la misma bandera que a José Luis Rodríguez Zapatero le funcionó en 2003.
En el PSOE creen que el pulso con Trump supone un vuelco a la situación política y a las encuestas que pueden llevarles incluso a ganar las elecciones.
La estrategia del enfrentamiento con Estados Unidos, aunque le distancia de los socios occidentales, le proporciona a Sánchez lo que llevaba meses necesitando: un choque directo con Trump.
Todo cambió en la tarde de este pasado martes cuando el presidente estadounidense amenazó con "cortar el comercio con España" por considerarlo "un socio terrible".
Desde ese momento, Sánchez parece haber encontrado oxígeno político. El foco ha dejado de estar en su desgaste interno, que parecía acelerarse con el carrusel de elecciones autonómicas y por los múltiples frentes en los tribunales que salpican al Gobierno.
Este miércoles, Sánchez reapareció a primera hora con un mensaje institucional en el que abanderaba el "no a la guerra".
El Gobierno alerta de un conflicto largo e intenso: "En Irán no hay una Delcy y el régimen es sólido"No se quedó ahí, unas horas más tarde, convertía el acto institucional del 8-M, Día Internacional de la Mujer, en un evento de tono marcadamente pacifista, donde se corearon consignas contra la intervención en Irán.
Por primera vez en meses, en las filas del PSOE se percibe cierta euforia.
En el partido creen que han recuperado la iniciativa política y que, como el conflicto será largo, podrán recomponerse, movilizar al electorado y acorralar al PP.
El espejo
No sería la primera vez que Trump reactiva a un político opositor. En Canadá, tras la salida de Justin Trudeau, los conservadores partían con amplia ventaja en las encuestas.
Sin embargo, los ataques de Trump contra el país vecino provocaron un cierre de filas en torno al Partido Liberal, que terminó dando un vuelco y revalidando el Gobierno bajo el liderazgo de Mark Carney.
Ese precedente es observado con atención en Moncloa y en Ferraz. La hipótesis es clara: polarizar con Trump para reagrupar a la izquierda.
El objetivo prioritario de Sánchez es movilizar a los cerca de dos millones de votantes progresistas que, desencantados, están ahora en la abstención.
A ello se suma el crecimiento de Vox y el estancamiento del PP. Los socialistas insisten en que están a sólo dos puntos de Alberto Núñez Feijóo y que podrían alcanzarlo en breve si consiguen movilizar a sus votantes.
De ahí que la consigna del "no a la guerra" se repita en redes sociales por ministros y altos cargos. También en el acto del 8-M, donde el público coreó el lema como si se tratara de la gala de los Goya de 2003.
Aunque nada parece casual. Una feminista afirmaba tras el acto que "venían preparados y organizados; no ha sido espontáneo". Todo en un salón donde se encontraban hasta seis ministros y las cúpulas de varios ministerios.
El objetivo al rescatar este cántico es evocar la intervención militar del llamado "trío de las Azores" —Estados Unidos, Reino Unido y España— que en 2003 lanzó la ofensiva sobre Bagdad para derrocar a Sadam Husein.
Sánchez no sólo busca oponerse a Trump, sino recordar en el imaginario que el PP de Aznar respaldó esta contienda bélica.
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— PSOE (@PSOE) March 4, 2026
La diferencia es que, en esta ocasión, España está más aislada, aunque el Gobierno lo niegue.
Los países que entonces se opusieron a la guerra de Irak en 2003, como Francia o Alemania, han anunciado ahora su respaldo a la intervención contra el régimen de los ayatolás. Especialmente tras la respuesta de Teherán, que ha intensificado la tensión en Oriente Medio con ataques a Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudí, así como a un país europeo como Chipre.
En el Ejecutivo defienden que no respaldar a Estados Unidos es coherente con la tradición pacifista española y sostienen que los sondeos avalan esa posición.
Recuerdan que, de forma sistemática, la opinión pública española se ha mostrado contraria a intervenciones militares en el exterior.
Foco internacional
Moncloa ya intentó activar esta palanca tras el verano, con su oposición frontal a la ofensiva israelí en Gaza.
Sin embargo, la posterior negociación de un plan de paz desdibujó el intento de Sánchez de presentarse como el principal contrapunto europeo a Trump y Benjamín Netanyahu.
De momento, el presidente ha logrado situarse en el centro del debate internacional.
Tras los ataques verbales del mandatario estadounidense, varios líderes europeos, como Emmanuel Macron y Ursula von der Leyen, se pusieron en contacto con él para mostrar respaldo institucional frente a las amenazas comerciales.
También Pekín salió en defensa del libre comercio y criticó la ofensiva arancelaria de Trump. No es un detalle menor: Sánchez tiene previsto viajar a China en abril, en una visita que adquiere ahora mayor relevancia geopolítica.
Si algo ha demostrado la trayectoria de Sánchez es su capacidad para convertir la presión en oportunidad. La cuestión es si ahora un lema y un conflicto internacional pueden bastar para revertir una situación marcada por el desgaste del Gobierno, los casos de corrupción y el malestar social por la carestía de la vida y el precio de la vivienda.