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El pueblo de Málaga que tiene un apodo desde hace más de cuatro siglos

El pueblo de Málaga que tiene un apodo desde hace más de cuatro siglos
Artículo Completo 767 palabras
A Villanueva de Tapia se la conoce desde finales del siglo XVI como El Entredicho, debido a las disputas por sus tierras, que obligaron a Felipe III a intervenir personalmente

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Vista panorámica de Villanueva de Tapia J. Almellones El pueblo de Málaga que tiene un apodo desde hace más de cuatro siglos

A Villanueva de Tapia se la conoce desde finales del siglo XVI como El Entredicho, debido a las disputas por sus tierras, que obligaron a Felipe III a intervenir personalmente

Javier Almellones

Málaga

Domingo, 8 de febrero 2026, 00:13

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Villanueva de Tapia está entre un auténtico mar de olivos J.A.

Ese vacío legal -una tierra que estaba «en entredicho», a la espera de resolución- terminó convirtiéndose en nombre propio. Documentos del siglo XVI ya mencionan la zona como «el término del Entredicho», un lugar sin fronteras claras y gestionado entre recelos, pactos frágiles y una convivencia agraria que era más pragmática que cordial.

El historiador y médico Ricardo Conejo Ramilo recopiló numerosos testimonios sobre esta situación. Entre ellos, destaca el de un anciano que declaró en 1610 que las tierras habían sido pastadas «en comunidad» durante más de setenta años para evitar choques directos entre Archidona e Iznájar. Aquella solución práctica acabaría cimentando uno de los apodos más singulares de la geografía malagueña.

La intervención de la Corona

La disputa acabó escalando hasta la Corona. Allí apareció la figura clave de Pedro de Tapia, jurista de peso en la administración real y alcaide del castillo de Loja. Tapia defendió ante Felipe III que, dado el litigio irresoluble entre ambas villas, aquellas tierras debían considerarse realengas, es decir, propiedad del Rey.

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Monolito dedicado al fundador de la villa, Pedro de Tapia J.A.

El monarca aceptó este razonamiento y en 1602 declaró realengas las tierras del Entredicho. Pero el verdadero cambio llegó un año más tarde: en 1603, Pedro de Tapia las compró directamente a la Corona por 12.000 ducados, un acuerdo que sería ratificado definitivamente en 1605.

Con esta adquisición, Tapia obtuvo jurisdicción plena sobre el territorio y comenzó a darle forma a un nuevo núcleo de población. Así nació oficialmente Villanueva de Tapia, llamada así en su honor. Lo que había sido una dehesa en disputa empezó a transformarse en una villa estructurada, abierta a nuevos pobladores y con una organización administrativa propia.

La fundación de la villa atrajo a colonos de localidades vecinas e incluso de zonas más alejadas. A partir de 1605 se construyó la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, primer gran hito urbanístico del nuevo núcleo. Alrededor de ella empezó a ordenarse la actual trama urbana, con la plaza principal como eje social y administrativo.

El viejo Entredicho dejó de ser un espacio ambiguo para convertirse en una comunidad estable, con vida parroquial, actividad agrícola y límites definidos. El conflicto que había marcado su origen quedaba atrás... aunque su nombre siguió viajando durante siglos.

El apodo que se mantiene

A pesar de adoptar el nombre de Villanueva de Tapia hace más de cuatrocientos años, el término «El Entredicho» sigue vivo. En la tradición oral, en el habla cotidiana de los pueblos cercanos e incluso en el gentilicio popular -los vecinos siguen siendo conocidos como 'entredicheros'-, este sobrenombre permanece así como un guiño a su pasado.

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Mirador del Entredicho J.A.

También ha quedado reflejado en la toponimia local, como ocurre con el mirador del Entredicho, desde el que se divisa el perfil blanco del municipio y parte de las tierras que un día estuvieron bajo disputa. Es un recordatorio silencioso de un origen complejo que acabó dando forma a una villa con nombre propio.

Villanueva de Tapia es hoy un municipio tranquilo, integrado y orgulloso de su historia. Pero detrás de esa normalidad se esconde un relato único: el de un pueblo que nació literalmente de un conflicto fronterizo, y que conserva en su apodo la memoria de aquella época en la que su territorio estuvo, tanto legal como metafóricamente, «en entredicho».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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