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El Puente Colgante de Bilbao, filigrana con carácter de hierro

El Puente Colgante de Bilbao, filigrana con carácter de hierro
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También conocido como el Puente Vizcaya, se trata de un medio de transporte accesible que opera las 24 horas y que cuenta con un gran valor histórico. Leer
Así se gestionaEl Puente Colgante de Bilbao, filigrana con carácter de hierro
  • IRATXE BERNAL Bilbao
Actualizado 26 AGO. 2026 - 00:14En 1890, el arquitecto Alberto Palacio logró que el proyecto creado junto al ingeniero Ferdinand Arnodin fuera aprobado por el Ministerio de Fomento.Araba PressSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

También conocido como el Puente Vizcaya, se trata de un medio de transporte accesible que opera las 24 horas y que cuenta con un gran valor histórico.

Un día cualquiera, la barquilla del Puente Colgante sobrevuela 155 veces la ría del Nervión. A un lado, Portugalete. Al otro, Getxo. Hoy cuesta imaginarlo, pero en 1893, el año de su inauguración, ambas eran ciudades balneario y la misión original del transbordador consistía en proporcionar a los bañistas, aristócratas y burgueses que estaban inventando el turismo, una forma moderna y cómoda de pasar de una a otra.

Sin embargo, el Puente Vizcaya -que ese es el nombre oficial del ingenio- enseguida se convirtió en un medio de transporte esencial que, además de ofrecer una alternativa más segura a los botes, ahorraba a carros y carruajes el viaje hasta Bilbao para cruzar de margen. Y, encima, lo hacía sin entorpecer el cada vez mayor tráfico marítimo de la revolución industrial.

De modo que, pese a esos primeros aires de grandeza, en su barquilla los muy pudientes convivieron desde el principio con obreros, aldeanas, sardineras y arrieros. Los unos compraban billete de primera y se acomodaban en los bancos cubiertos pegados a las orillas por diez céntimos. Los otros viajaban en la parte central, de pie y a la intemperie, por la mitad. Los animales pagaban en función de su tamaño: caballos, mulas y bueyes, diez por cabeza; becerros, puercos y carneros, cinco. Una curiosidad: hasta que la recaudación total no llegaba a los cincuenta céntimos, no se cruzaba.

La barquilla puede trasladar seis vehículos tipo turismo en un mismo trayecto y admite camiones de hasta 9.000 kilos.Araba Press

Hoy, el transbordador parte cada ocho minutos durante el día y cada treinta entre la medianoche y las cinco de la mañana. No para. De ello se ocupa una plantilla en la que todos hacen de todo. "Dejando aparte las tareas del equipo de mantenimiento y los puestos de controladores (quienes manejan la barquilla desde la cabina situada en los pilares de Portugalete), que tienen trabajos más específicos, los demás estamos para lo que haga falta. Un día te puede tocar estar en la tienda de recuerdos y, al siguiente, si falta un compañero, de interventor en la barquilla", explica su directora gerente, Marta Uriarte.

La primera tarea del turno de la mañana es realizar una serie de controles y revisiones fijas de elementos tanto estructurales como mecánicos. Así, por ejemplo, todos los días el equipo técnico sube a las cúspides -a 61 metros de altura- para chequear tanto el estado de las péndulas -los setenta cables de acero que sujetan el travesaño horizontal- como el de los yugos que las unen a los ocho cables principales de sustentación y también inspecciona el carril sobre el que, como un tren invertido, se desplaza el carro de ruedas -doce de ellas con motores incorporados- que mueven la barquilla.

La barquilla tarda minuto y medio en completar los 160 metros que separan Portugalete de Las Arenas.Araba Press

"A pesar de su apariencia, el puente es una filigrana y hay que conocerlo muy bien. Hay que tener el oído, el tacto y la vista muy finos. Los miembros del equipo técnico son capaces de decirte que al venir, en un viaje normal, han notado que una de las 36 ruedas del carro puede tener un problema. Lo perciben", asegura.

Si detectan cualquier anomalía que requiera detener el transbordador, suben el material necesario y, mientras sea posible, porque no haga falta la luz de día, se soluciona durante la noche. "La prioridad es siempre evitar suspender el servicio. Por eso es tan importante hacer mantenimiento preventivo. Trabajamos con un estudio de ingeniería, MC2, que se conoce el puente como la palma de su mano y cada año vamos con ellos marcando qué intervenciones hay que ir haciendo", señala Uriarte.

La continua actividad del transbordador (durante todo el día y todos los días del año) obliga a su servicio técnico a trabajar incluso con la barquilla en movimiento.

Hace unos meses, por ejemplo, se destinaron 160.000 a la renovación de los 18 cables que sujetan la barquilla para prevenir los efectos de las altas temperaturas estivales. El calor dilata tanto la estructura del puente como los propios cables, cuya elasticidad iba mermando, por lo que la barquilla acababa perdiendo algo de altura con respecto al muelle de atraque. De hecho, el verano pasado tuvieron que restringir de seis a cuatro el número de coches que podían subir para que el peso no dificultara aún más la maniobra.

Por suerte para su balance, que no recibe más ayuda externa que 18.000 euros de la Diputación vizcaína, ya hubo quien hace tres décadas hizo una rehabilitación integral. Durante sus primeros 103 años de vida, el puente estuvo gestionado por la sociedad creada por Alberto Palacio, su arquitecto. Cumplido ese plazo, en 1996, los empresarios Javier Cardenal, José María Arriaga y José Martín Uriarte (el padre de Marta) solicitaron la nueva concesión que debía otorgar la Autoridad Portuaria de Bilbao, actual propietaria de la infraestructura.

No les amilanó que el declive industrial y la llegada del metro fueran a reducir el volumen de pasajeros. Querían devolverlo a la modernidad y, segurísimos de que no desmerecería frente al Guggenheim, exprimir su valor histórico. Ahí está, de hecho, el reconocimiento por parte de la Unesco como Patrimonio de la Humanidad logrado hace ahora veinte años.

Unas 80.000 personas suben cada año a la pasarela situada sobre el travesaño, a 45 metros de altura.Araba Press

Una intervención histórica

Aquella puesta al día supuso para su actual gestora, la sociedad Transbordador de Vizcaya, una inversión cercana a los tres millones de euros, pero transformó el monumento. Sin comprometer el traslado de viajeros, como en 1893, el puente mira desde entonces de nuevo a los turistas. Para empezar, porque aquella intervención permitió hacer realidad una idea de su arquitecto original: abrir al público la pasarela que, a 45 metros de altura, discurre sobre su travesaño principal. Subir cuesta hoy once euros y cada año lo hacen 80.000 personas.

En 1996, la nueva empresa gestora del puente empezó a buscar ingresos vinculados al turismo, como las dos tiendas de recuerdos situadas en sus pilares.Araba Press

Además, se abrieron dos tiendas de recuerdos -una en cada margen-, se crearon espacios que se pueden alquilar y se abrió a nuevas experiencias como exhibiciones de puenting o el rodaje de películas.

Cada año lo cruzan cerca de tres millones de personas y más de 420.000 vehículos, pero de los 2,95 millones de euros que facturó en 2025, el 30% ya no provenía de la barquilla. Y ese es el camino, porque para 2032 está prevista la inauguración de un túnel subfluvial que unirá ambas márgenes y que le restará pasajeros. "Algo habrá que pensar. Quizá poner un restaurante en la pasarela", adelanta Uriarte, volviendo, por cierto, a otra idea que ya tuvo Palacio hace 133 años.

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Fuente original: Leer en Expansión
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