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El punki de Vitoria que salió en la portada del New York Times

El punki de Vitoria que salió en la portada del New York Times
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Conocido desde crío en la capital alavesa por sus robos, el cojo Manteca se hizo viral en la huelga estudiantil de 1987
El punki de Vitoria que salió en la portada del New York Times

Conocido desde crío en la capital alavesa por sus robos, el cojo Manteca se hizo viral en la huelga estudiantil de 1987

Regala esta noticia Añádenos en Google El cojo Manteca, durante la manifestación estudiantil en Madrid de 1987. (E. C.)

David González

25/05/2026 a las 08:52h.

El cojo Manteca le llamaban. Nacido en Mondragón (Guipúzcoa) en 1967, perdió una pierna a los 16 años tras recibir una descarga al subirse a ... un poste eléctrico. Meses después, Juan -aunque él prefería Jon- se instaló junto a sus padres y cinco hermanos en Sansomendi, en Vitoria (Álava). Enseguida ganó fama. Primero en el barrio y, al poco, en toda la ciudad. Por su pericia con las muletas y por su sostenida participación en pequeños robos. «Era fácil pillarle. No había muchos delincuentes con sus características», se congratula un policía local (entonces municipal) ya retirado.

El 23 de enero de 1987, Madrid ardía con las protestas estudiantiles, avivadas tras el disparo recibido por una universitaria a manos de la Policía. Un fotógrafo profesional inmortalizó a un punki con una sola pierna mientras destrozaba con una muleta el letrero de la estación de metro de Banco de España, en la plaza de Cibeles. La imagen salió en todos los telediarios y periódicos. De España y de medio mundo. La edición internacional de 'The New York Times' la colocó en su portada. Era Jon.

Pronto se desveló que ese alborotador nada tenía que ver con aquellas protestas estudiantiles. Acababa de llegar a la capital. Esa mañana pedía limosna hasta que, imbuido del ambiente, se dedicó a romper cuanto halló por delante.

Cada movimiento suyo fue telegrafiado

A partir de ahí, cada movimiento suyo fue telegrafiado. Por ejemplo, en la Aste Nagusia'87 de Bilbao no se le ocurrió mejor idea que interrumpir el concierto matutino de la banda municipal de música en el Arenal. Se subió al escenario para hacer las veces de director de orquesta. La intervención de una patrulla de la Policía Municipal evitó que una muchedumbre le lanzara a la ría.

Más anécdotas. El periodista televisivo Jesús Quintero llegó a entrevistarle en su programa 'El perro verde', con audiencias millonarias. También mereció titulares tras sus estancias en la cárcel de Valencia o en la de Nanclares de la Oca. Para unos personificaba el hastío de una juventud abocada a un futuro incierto. Otros, en cambio, le veían como un peligro para la sociedad.

El enfado de su padre

En Vitoria no daban crédito. «No veas qué sorpresa cuando le vi en la televisión rompiendo el letrero. Pensé 'la madre que le parió'», evoca otro agente jubilado. «Es que para nosotros era ese chaval que siempre se metía en líos, pero nada más. Te voy a dar un dato que pocos conocen. Su primera ficha policial aquí data del 30 de enero de 1984», refleja otro antiguo policía. Ese atestado habla de que se coló de madrugada junto a otros compinches en el colegio Manuel Machado. Ahí contaba con 17 años. «Al principio iba con una pierna ortopédica que le iban cambiando según crecía, pero algo ocurrió que pasó a las muletas».

Su familia no llevó nada bien esa fama. A los pocos días de que la estampa de su hijo recorriera medio planeta, Belisario, su padre, comentó que «el que está amargado soy yo. Ya está bien de propaganda por televisión. Una y otra vez, a cámara lenta y todo. ¿Es que él tiene la culpa de todo lo que está pasando? Necesitaban un cabeza de turco. Alguien que cargue con todas las culpas. Y le han elegido a él, el más tonto».

En aquella época la relación con los suyos era más que tensa. De hecho hacían vida por separado tras abandonar el piso familiar sin avisar. «No sé nada de él desde hace un año. Quiero que se olviden de nosotros y nos dejen en paz», rogó su madre en otra entrevista concedida al diario 'Ideal' de Granada.

«Todos acabaron muy mal»

«Los suyos no podían con él. Faltaba a clase de forma continuada», aseguran veteranos de la comisaría de Aguirrelanda. Dejó los estudios en octavo de EGB (cuyo equivalente actual sería segundo de la ESO).

«Siendo adolescente se juntó con una cuadrilla en la que todos acabaron muy mal», aseveran los policías consultados. Empezaron a colarse en fábricas «para robar tonterías como bolígrafos y agendas». Pero como suele ser habitual, subieron de categoría.

«Un día, un peatón descubrió una bolsa con una escopeta recortada en su interior. También había unos pantalones cortos con garabatos de bolígrafo». Este policía enseguida los relacionó con Manteca. «Es que tres días antes los llevaba puestos y mientras esperaba a que hiciéramos el atestado se dedicó a pintárselos», ríe. Al parecer pretendía cometer un atraco en algún negocio de la capital alavesa. Todos estos policías ya retirados coinciden en que «nunca nos dio problemas. Era bastante respetuoso con nosotros».

Siempre con una estética punk, Quintero le dio voz en una aparición estelar en su programa televisivo de culto y hoy mitificado. Visiblemente afectado por las drogas, Manteca contó ante el micrófono que «a mí me mola vivir, todos los años que pueda» y «no ha habido día en que no me lo haya pasado guay». Corría 1988. Gracias a esta intervención, el cojo recuperaba de forma momentánea cierta popularidad para caer enseguida en el olvido.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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