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El Purgatorio no existe

El Purgatorio no existe
Artículo Completo 510 palabras
La revista cultural francesa 'Le Grand Continent' hizo esta semana un regalo a los lectores de un mundo empeñado en la desmemoria y adicto al activismo. En un planeta en el que todos desean volver a formar parte del tren de los constructivistas rusos —subirse a la locomotora de un proceso que va hacia atrás—, 'Le Grand Continent' recupera una entrevista hecha a Jorge Luis Borges realizada en el año 1977, en Roma. El escritor, crítico y político Alberto Arbasino pregunta y Borges contesta. El asunto empieza a quemarropa. «Borges es el mejor autor contemporáneo vivo», increpa Arbasino. «No estoy de acuerdo», contesta Borges. Es una conversación deliciosa, censurable para los más militantes. Borges habla de aquellos autores importantes para él: Conrad , Kipling, Yeats, Dante. También a aquellos que no le gustan: Baudelaire, Mallarmé, Balzac. Al momento de la conversación, Borges tiene setenta y siete años y ejerce una forma de memoria que hoy resulta casi extravagante: la del gusto. No necesita coincidir con un escritor para reconocerlo. «Las opiniones son lo más superficial», dice en algún momento. Hace ya unos meses, con motivo del traslado de su obra completa de Lumen a Alfaguara , Gustavo Guerrero me dijo algo que vuelve ahora a la cabeza: «Borges es un autor que no ha conocido purgatorio». Desde 1951 permanece en Gallimard; fue el primer latinoamericano que entró en La Pléiade . Sus libros cambian de casa, de lengua, de generación de lectores, pero siguen ahí. Hay algo deliciosamente borgiano en esa ausencia de purgatorio. Sobre todo porque Borges consideraba la 'Divina Comedia' la mayor obra de la literatura sin ser católico ni creer en el Infierno, el Purgatorio o el Paraíso. «Lo que me interesa son los sueños de Dante», explica a Arbasino. Quizá el talento tenga esa forma de memoria. Dante pudo colocar a sus admirados paganos en el Limbo; Borges podía disentir de Yeats o Whitman y seguir leyéndolos. La literatura permitía todavía esas contradicciones. Casi medio siglo después, lo verdaderamente valioso de esa entrevista es el derroche de inteligencia y la naturalidad con la que Borges separa una obra de las opiniones de su autor y vuelve, una y otra vez, a lo único que parece importarle: qué libros merecen ser recordados. Leo y sonrío. El Purgatorio no existe, no para los verdaderos genios.

La revista cultural francesa 'Le Grand Continent' hizo esta semana un regalo a los lectores de un mundo empeñado en la desmemoria y adicto al activismo. En un planeta en el que todos desean volver a formar parte del tren de los constructivistas ... rusos —subirse a la locomotora de un proceso que va hacia atrás—, 'Le Grand Continent' recupera una entrevista hecha a Jorge Luis Borges realizada en el año 1977, en Roma. El escritor, crítico y político Alberto Arbasino pregunta y Borges contesta. El asunto empieza a quemarropa. «Borges es el mejor autor contemporáneo vivo», increpa Arbasino. «No estoy de acuerdo», contesta Borges. Es una conversación deliciosa, censurable para los más militantes. Borges habla de aquellos autores importantes para él: Conrad, Kipling, Yeats, Dante. También a aquellos que no le gustan: Baudelaire, Mallarmé, Balzac. Al momento de la conversación, Borges tiene setenta y siete años y ejerce una forma de memoria que hoy resulta casi extravagante: la del gusto. No necesita coincidir con un escritor para reconocerlo. «Las opiniones son lo más superficial», dice en algún momento. Hace ya unos meses, con motivo del traslado de su obra completa de Lumen a Alfaguara, Gustavo Guerrero me dijo algo que vuelve ahora a la cabeza: «Borges es un autor que no ha conocido purgatorio». Desde 1951 permanece en Gallimard; fue el primer latinoamericano que entró en La Pléiade. Sus libros cambian de casa, de lengua, de generación de lectores, pero siguen ahí. Hay algo deliciosamente borgiano en esa ausencia de purgatorio. Sobre todo porque Borges consideraba la 'Divina Comedia' la mayor obra de la literatura sin ser católico ni creer en el Infierno, el Purgatorio o el Paraíso. «Lo que me interesa son los sueños de Dante», explica a Arbasino. Quizá el talento tenga esa forma de memoria. Dante pudo colocar a sus admirados paganos en el Limbo; Borges podía disentir de Yeats o Whitman y seguir leyéndolos. La literatura permitía todavía esas contradicciones. Casi medio siglo después, lo verdaderamente valioso de esa entrevista es el derroche de inteligencia y la naturalidad con la que Borges separa una obra de las opiniones de su autor y vuelve, una y otra vez, a lo único que parece importarle: qué libros merecen ser recordados. Leo y sonrío. El Purgatorio no existe, no para los verdaderos genios.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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