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El Real Madrid tropieza ante Osasuna en la primera derrota de Arbeloa en La Liga y deja el liderato a merced del Barça

El Real Madrid tropieza ante Osasuna en la primera derrota de Arbeloa en La Liga y deja el liderato a merced del Barça
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Un gol de Raúl García en el tiempo de añadido dejó al conjunto blanco con la miel en los labios de remontar un partido que se puso cuesta arriba tras el gol inicial de Budimir. Vinicius fue el autor del único gol del equipo madridista.

Vinicius se lamenta tras el primer gol encajado del Real Madrid ante Osasuna. Reuters

Fútbol OSASUNA 2-1 REAL MADRID El Real Madrid tropieza ante Osasuna en la primera derrota de Arbeloa en La Liga y deja el liderato a merced del Barça

Un gol de Raúl García en el tiempo de añadido dejó al conjunto blanco con la miel en los labios de remontar un partido que se puso cuesta arriba tras el gol inicial de Budimir. Vinicius fue el autor del único gol del equipo madridista.

C. S. Publicada 21 febrero 2026 20:36h Actualizada 21 febrero 2026 20:52h

Osasuna agitó la Liga al derribar, con mérito indiscutible, al Real Madrid, que en apenas una semana puede dilapidar el liderato que tanto le costó recuperar [Narración y estadísticas del Osasuna 2-1 Real Madrid].

La imagen de los blancos es la peor noticia posible no sólo en clave liguera, sino con la vuelta de Champions ante el Benfica a la vuelta de la esquina. Pese a la ventaja del Madrid, una versión como la de El Sadar puede comprometer seriamente también su futuro europeo.

Vinicius quedó solo; su buena actuación no alcanzó para sostener a un equipo que ofrece al Barça la oportunidad de la reconquista. Osasuna, fiel a su fe, cobró por partida doble a través de sus dos nueves: Budimir primero, Raúl García al final. Quince años después, El Sadar volvió a derribar al Madrid.

En el día en que el perseguidor pasó a ser perseguido y en una plaza con espinas, Arbeloa agitó tres de los cuatro nombres de la zaga que blindaron Lisboa. Era obligado relevar al lesionado Huijsen y prudente dosificar a Trent y Rüdiger, con antecedentes de riesgo esta temporada.

No tocó más: no hay más en el banquillo. Orden sin organizador en la sala de máquinas, más acero que ingenio para liberar a Vinicius y Mbappé. Un nueve para orbitar en torno a dos estrellas que se quedaron en una por el apagón del francés.

Osasuna, en cambio, eligió el momento: invicto en casa desde noviembre, lejos del peligro y con su once de gala listo para la batalla.

El guion fue el de siempre en este cruce: balón blanco, ardor rojillo y contra como puñal. Mucho cuerpo a cuerpo en el centro, pocas ventajas, al menos mientras las piernas conservaron frescura. Partido cerradísimo, parco en imaginación y sobrado de cautelas.

Las de Osasuna eran previsibles; las del Madrid, más de lo esperado: Camavinga pegado a la izquierda para tapar las lagunas defensivas de Vinicius -el mejor de los suyos- y Arda Güler como mediocentro estricto. Lo que se pedía a Arbeloa era un equipo sólido y solidario, no vanguardista. A veces eso deriva en plano.

En el arranque, solo un minuto sísmico, el 17: dos roscas, una de Vinicius -regalo desperdiciado- y otra de Budimir, sin el efecto justo para besar el palo.

Con el paso de los minutos cambió la marea. El Madrid reculó y Osasuna avanzó, estirando a Rubén García por la banda. Un centro suyo lo cabeceó Budimir con una parte indeterminada del cuerpo y Courtois salvó con un manotazo. El croata domina el área y todo lo que cae sobre ella. Otro testarazo suyo, en pleno acoso rojillo, se estrelló en el poste.

La sacudida despertó al Madrid, que tuvo su tramo: un disparo de Mbappé -aún lejos de su plenitud- y dos de Alaba, el segundo tras asistencia de Carvajal con firma. Parecía superado el bache cuando una indecisión entre Asencio y Courtois terminó en pisotón del meta a Budimir. El VAR lo detectó y el propio croata transformó el penalti.

No fue sorpresa, sino consecuencia de la inestabilidad blanca, capaz de transitar del notable al suspenso con pasmosa facilidad. Falta movilidad, sobra confianza en la gravedad del escudo.

Un final rojillo

Tras el descanso regresó un Madrid mejor intencionado, no más rápido. Mucha posesión, poco filo ante un Osasuna replegado con inteligencia, firme en el borde del área sin hundirse. Vinicius siguió desatado contra rivales y fantasmas; Mbappé, no. Solo un derechazo de Arda Güler rozó el larguero en ese tramo.

Osasuna defendía a la altura que le convenía y, de vez en cuando, lanzaba a Víctor Muñoz por la izquierda, bólido salido de Valdebebas: punta de velocidad y aerodinámica notable, aún por pulir el último pase. Arbeloa buscó chispa por la derecha con Trent y Brahim; Lisci refrescó piernas para resistir sin sufrir.

El empate no llegó por laboratorio, sino por potencia: Valverde trazó una diagonal de derecha a izquierda y centró para que Vinicius empujara en el punto que parecía reservado a Mbappé. El francés tuvo luego la réplica en situación similar, pero Javi Galán apareció cuando Sergio Herrera ya se daba por vencido.

Y al borde del descuento, una mala salida de Ceballos selló el batacazo: Raúl García firmó un supergol, quiebro y remate casi sin ángulo, para rematar a un Madrid que pasó del fuego al hielo en noventa minutos.

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    Fuente original: Leer en El Español
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