«Simplemente cogieron la fruta y salieron corriendo», relata el dueño del comercio, atónito al ver cómo los padres de los menores les jaleaban desde la distancia
Regala esta noticia Añádenos en GoogleM. Pérez
19/09/2026 a las 13:57h.Las imágenes pueden parecer una inocente travesura infantil, pero en realidad no lo son. Dos niños, aparentemente de entre tres y seis años de edad, ... ataviados con pasamontañas se acercan a la entrada de una frutería en una localidad inglesa y luego huyen después de robar al menos una rodaja de sandía. Lo dicho: quizás una travesura. Salvo porque al dueño del comercio le extrañó que los dos chiquillos fueran encapuchados y sus padres aparentemente les jalearan desde la distancia.
Y no todos con buenas intenciones. Yigitoglu se percató de que los padres de los dos pequeños ladrones permanecían a unos metros. «Sonrieron y parecían decir: 'Bien hecho'. No podía creerlo. Daban la sensación de que estaban entrenando a los niños para robar. Yo también soy padre, y pensé: '¡Qué mala manera de criar a los hijos!'»
El comerciante grabó el hurto con las cámaras de seguridad que, precisamente, instaló en su tienda de frutas y hortalizas para prevenir los robos. Uno de los niños vestido con una camiseta amarilla parece dudar sobre qué fruta llevarse. El segundo, más pequeño, camina directo al lugar donde se exponen las rodajas de sandía y coge una de ellas. Los dos huyen a la carrera. La víctima ha contado al periódico británico que decidió publicar la grabación en las redes sociales «para denunciar públicamente a estas personas», consciente de que la Policía «no puede ocuparse de todos los delitos menores». Opina que son turistas porque no ha tenido conocimiento de que los pequeños malhechores hayan asaltado otros comercios. «A menudo, cuando la gente los ve (los vídeos), regresa, se disculpa y paga por lo robado. Pero en este caso no los he vuelto a ver. Quizá puede ser una lección para ellos que terminen expuestos en las redes sociales«, sostiene el tendero, que promete retirar el vídeo si la familia le pide disculpas.
Con este hurto, Yigitoglu puede decir que lo ha experimentado casi todo. Colocó las cámaras porque perdía «mucho dinero» en sustracciones. Ahora ha perdido clientes porque le prohíbe la entrada a todo aquel que queda grabado en plena rapiña de las estanterías. Una anciana que caminaba con la ayuda de un andador le robaba chocolate. Y un individuo aprovechó una ocasión en que tenía expuesta una caja de tomates para arojárselos a los viandantes que pasaban por la calle. «No sé cómo vamos a seguir adelante con el negocio», se lamenta.
El comercio minorista británico se enfrenta a una auténtica epidemia de robos, que incluso ha obligado a la Policía a poner en marcha un plan especial de seguridad. En seis meses, los asaltos han aumentado un 13%. La situación parece desbordarse. Sólo entre Inglaterra y Gales, la cifra de delitos anual es de 500.000. Medio millón. Y lo peor es que los ladrones son cada vez «más descarados, más organizados y más agresivos», según las asociaciones de comerciantes.
Las fuerzas de seguridad centran sus esfuerzos en las bandas, que las hay, y en los delincuentes multirreincidentes. Según las estadísticas, el 68% de los casos los comete un 10% de ladrones que actúan una y otra vez sin descanso. El señor Yigitoglu teme que los dos niños que se llevaron la fruta de su tienda acaben en este grupo por lo temprano de sus primeros golpes.
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