Los especialistas asegura que el descanso, la recuperación y dormir bien pueden ser factores que decida quién gana el Mundial.
Salida de los jugadores de la selección para entrenar en la Baylor School.RFEF- MIGUEL ANGEL LARA
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Nada más acabar el partido contra Uruguay,Luis de la Fuente miró a lo que viene, a la entrada en la fase de eliminación directa. Analizó factores del juego a mejorar, con la velocidad a la hora de hacer circular la pelota en primer plano. Valoró las lesiones de Nico y Yeremy, sus consecuencias y soluciones. Y lanzó un mensaje sobre un factor que a partir de ahora gana peso: el descanso.
"Nos esperan viajes largos. Va a ser muy importante la recuperación, descansar bien. Puede que tanto o más que lo futbolístico", explicaba el seleccionador. Ese es un factor que le inquieta desde hace meses: el de un Mundial cargado de situacionesnunca vistas antes. Después de jugar los dos primeros en Atlanta, a dos horas en coche de su campo base, la selección encadena los viajes a Guadalajara, regresa a Chattanooga y el martes deja su casa en Tennessee para viajar a California.
Arranca el Mundial que también se gana durmiendo. Marcado por las distancias kilométricas enormes y viajes casi transoceánicos entre sedes, las selecciones han identificado a su rival más temible antes de cruzar la línea de cal: la fatiga extrema y el desfase horario. Saltar de un huso horario a otro de manera constante es una trampa peligrosa para el organismo de los jugadores. "El descanso es el entrenamiento invisible que dará el título", aseguran los expertos y quienes controlan esos campos en los que De la Fuente pone el foco.
A diferencia de citas más compactas del pasado, con Qatar en las antípodas, este Mundial de tres países gigantes obliga a los futbolistas a pasar casi tantas horas en el aire como en el césped. Los médicos advierten de que la privación del sueño no solo nubla la toma de decisiones durante los partidos, sino que dispara de forma alarmante el riesgo de lesiones musculares. En un torneo corto donde un pinchazo te manda a casa, los hoteles de concentración de las selecciones se han convertido en pequeños laboratorios
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El avance tecnológico pone a disposición de las selecciones recursos impensables no hace demasiado tiempo. Con dispositivos wearables se monitoriza al milímetro la calidad del sueño profundo de cada jugador. Antes de bajar a desayunar, los cuerpos técnicos ya pueden saber cómo ha sido la calidad de su descanso y cómo afrontan la jornada de entrenamientos o partidos.
Las ya célebres gafas 'anti-luz azul' y el control lumínico se han convertido en un elemento común para los jugadores. Su valor es el de establecer rutinas estrictas para engañar al cerebro. Se fuerza la producción de melatonina controlando la luz de las habitaciones y aconsejando el uso de lentes especiales durante los traslados.
Los vuelos se programan al minuto. Se prefiere retrasar el viaje de vuelta y dormir en la ciudad del partido para no romper el ciclo de descanso en el hotel de origen. "El descanso es la base del rendimiento. Es un pilar. Tener una buena recuperación es clave para competir y entrenar. En eso trabajamos los distintos departamentos: el nuestro, el médico... Si no lo estás, sufres. Es una parte importante y en la que se invierte", explica Carlos Cruz, el preparador físico de la selección.
En esta Copa del Mundo tan especial hay selecciones que han decidido ampliar su expedición con un entrenador del sueño. Especialistas y neurólogos especializados en ritmos circadianos asesoran sobre cuándo se come, cuándo se vuela y cuándo se apagan las luces. Porque esta es una Copa del Mundo que se puede ganar durmiendo... bien.
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