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Luis Manoja, en su escuela, con uno de los perfumes que ha creado. Migue Fernández El sumiller de Málaga que convierte el vino en perfumeLuis Manoja crea seis fragancias inspiradas en las notas y matices de grandes etiquetas de distintos países
Viernes, 24 de abril 2026, 00:11
... Luis Manoja. Con más de treinta años de trayectoria y una nariz a prueba de aromas, al sumiller malagueño se le ocurrió que podría trasladar todos esos paisajes y colores del vino a un frasco de esencia, a un perfume que recogiera todas esas notas.«Algo diferente»
«Es curioso pero España es el país de Europa con menor gasto en perfume, en general no se le da tanto valor como a otras cosas. Hoy en día todo el mundo huele igual, vamos a las dos o tres grandes cadenas de perfumerías que hay y está muy estandarizado todo. Yo quería hacer algo diferente, me acordé de aquellos vinos de pañuelo que nacieron de los caballeros jerezanos que se ponían vino en el pañuelo y me imaginé la posibilidad de traducir a perfume todas las notas que nos ofrecen y sobre todo sus paisajes», cuenta este torremolinense que asegura que lo único que hace es reinterpretar todos esos aromas a los mejores vinos.
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El sumiller, probando una de las fragancias. Migue Fernández«Más de uno ya me ha dicho que estoy loco, pero luego reconocen que es algo chulo». Lo dice entusiasmado con un proyecto muy personal y ambicioso, pero a la vez con el vértigo de quien abre una nueva ventana tanto para perfumistas como para bodegueros.
«Son dos mundos que en el fondo tienen mucho que ver, desde la exclusividad hasta las notas en nariz: salida, corazón y fondo en el perfume, y primaria, secundaria y terciaria, en sumillería», advierte Manoja, con cierto vértigo: «Me he lanzado, pero no sé cómo irá, me preocupa un poco que pueda haber público, aunque me anima haber recibido ya algún mensaje interesándose y alguna inscripción a través de la web».
Bajo reserva y 'on line'
De hecho, se venderán bajo reserva y de forma 'on line'. Todos están detallados en www.theworldofsomm.com. Ahí «el vino se convierte en fragancia». Desde el mencionado Sauvignon Blanc, que refleja esa «uva que madura lentamente y acaba siendo tropical«, hasta el toque ahumado e incluso a carbón y tabaco del whisky escocés de Islay. La mejor prueba es olerlo en la copa y después pulverizado en forma de perfume.
Lo mismo sucede con Barolo, del Piamonte, con notas a cereza, pétalos de rosa o trufa; el Pinot Noir y sus matices a cereza, rosas, frambuesa y violeta; el Sherry Solera, con sus toques salinos, a almendra tostada, a avellana y a madera oxidada; o el portugués Vintage Port y esos recuerdos a cereza negra, ciruela madura, chocolate negro y madera envejecida.
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Las seis propuestas, con sus correspondientes vinos. Migue Fernández«Cada vino es único en el mundo, se debe a un paisaje, un terreno, una luz, una lluvia… Por eso los aromas a los grandes vinos del mundo son únicos». No en vano, los perfumes de Somm salen en ediciones limitadas numeradas, «como las botellas de vino». En su caso, en frascos de 50 mililitros entre 140 y 400 euros.
Un año de trabajo por fragancia
Algún bodeguero ya le ha hecho su petición al enterarse, pero él advierte de que le lleva un año hacer sólo uno. Él los crea, es decir, selecciona bien el vino y estudia todos sus matices, notas y aromas y lo traslada al laboratorio, que es el que finalmente se encarga de materializarlo, analizando variables desde la evolución en la piel hasta su concentración de aceite.
Requiere un proceso. Ni todos los vinos pueden llegar a ser perfume ni todos tienen los matices necesarios. Sólo los grandes. Y él ha apuntado alto. A esas etiquetas y terrenos top. Al fin y al cabo su nariz, y memoria, son capaces, no sólo de olerlos, también de recordarlos con todos sus matices. Lleva tres décadas catando vinos. Se percibe en la charla.
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Migue FernándezAdemás, le sale natural su faceta docente. De hecho, por la mañana da clases en un centro homologado en Fuengirola y por las tardes (a veces incluso noches al tener alumnos de Latinoamérica), mayoritariamente 'on line' desde Réchaud Hospitality Service School, la escuela de servicios de alta gastronomía que fundó hace más de una década en plena calle San Miguel de Torremolinos.
Casi un museo del sumiller. Junto a las evidentes botellas de vino de todo el mundo, una colección de catadores profesionales (también conocido como tastevin), utensilios vintage y artículos de prensa, correspondientemente enmarcados, sobre su trayectoria. Entre ellos, desde los que dan cuenta de sus diferentes premios como el Nariz de Oro hasta la última entrevista que se publicó en SUR, el pasado verano. Esperemos que este también quede enmarcado en ese 'pasillo de la fama'.
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