La velocidad de rotación de Saturno varía según cómo y cuándo se mida. Es todo un misterio, pero ahora por fin sabemos a qué se debe
Sin comentariosFacebookTwitterFlipboardE-mail 2026-04-06T13:00:56ZAzucena Martín
EditoraAzucena Martín
Editora Linkedintwitterinstagram8 publicaciones de Azucena MartínSaturno se ha convertido en un quebradero de cabeza para los científicos, desde que en 2004 la sonda Cassini tomó medidas de su velocidad de rotación que no coincidían con las cifras aceptadas en la comunidad científica. Poco a poco, se han ido averiguando nuevos datos que ayudan a explicar esta incoherencia, pero ha sido necesario que el Telescopio Espacial James Webb entre en juego para dar con la respuesta definitiva.
La incoherencia de Cassini. En 2004, la sonda Cassini aprovechó su visita a Saturno para medir algunos datos importantes, como su velocidad de rotación. Normalmente esto se calcula analizando parámetros que suceden de forma periódica, como los pulsos de emisión de radio. Es un método muy consolidado, que ha servido para calcular la tasa de rotación de muchos planetas. Con Cassini se esperaba obtener una cifra que coincidiese con la que previamente había tomado la sonda Voyager 2 en 1981. Sin embargo, para sorpresa de los científicos que estudiaron los datos, las cifras no cuadraban.
En Xataka243 días dando la vuelta sobre sí mismo: lo que dura "un día" en cada uno de los planetas del Sistema SolarUn empuje misterioso. Un planeta no puede acelerarse o frenar sin una fuerza externa que lo impulse. Debería haber algo impulsando esos cambios en la velocidad de rotación. O, como mínimo, algún factor desconocido que estuviese falseando los resultados. Todo esto fue un misterio hasta 2021, cuando un equipo de científicos de la Universidad de Leicester publicó un estudio en el que se aportaban nuevas pistas.
Las auroras entran en escena. Durante un mes, los científicos de la Universidad de Leicester midieron las emisiones infrarrojas en la atmósfera superior de Saturno. Esto les permitió cartografiar una serie de flujos variables de actividad en la ionosfera, la capa de la atmósfera en la que abundan las partículas ionizadas. Es decir, átomos que han ganado o perdido electrones y han adquirido una carga negativa o positiva, respectivamente. Estos flujos se relacionaron con la formación de auroras. Sin embargo, había algo raro. Al contrario que en otros planetas, incluida la Tierra, buena parte de esas auroras se estaban produciendo por la acción de vientos giratorios dentro de la propia atmósfera de Saturno, no solo por la influencia de la magnetosfera.
Un recordatorio sobre las auroras. Las auroras se forman cuando las partículas cargadas interaccionan con los átomos que componen la atmósfera de un planeta, excitándolos y provocando la emisión de luz. Normalmente, estas partículas cargadas proceden de la actividad solar, como ocurre en la Tierra, o de erupciones volcánicas en lunas cercanas, como pasa en Júpiter. Sea como sea, se concentran en una región externa a los planetas, conocida como magnetosfera. En el caso de Saturno, con el estudio de 2021 se vio que también se estaban formando auroras dentro de la propia atmósfera del planeta.
En la Tierra las auroras se forman a partir de la actividad solarUn puzzle aún incompleto. La interacción de las moléculas y átomos de la atmósfera con las partículas cargadas no provoca solo la emisión de luz. También provoca la emisión de radiación en otras regiones del espectro. Por ejemplo, pulsos de radio. Recordemos que estos pulsos son los que se usaron para medir la rotación de Saturno. Las auroras podrían estar falseándolos. Esas auroras, según hemos visto hasta ahora, se producen por la acción de vientos giratorios en la propia atmósfera de Saturno. ¿Pero de dónde vienen esos vientos?
Llega la estrella del rock. El Telescopio Espacial James Webb es la estrella del rock de los telescopios espaciales. Un instrumento de última generación, capaz de llegar donde otros telescopios no pudieron. Por eso, gracias a él, se han podido tomar las mediciones necesarias para encontrar el origen de los vientos de Saturno. Concretamente, ha captado el resplandor causado en el infrarrojo por una molécula de la atmósfera superior de Saturno, llamada catión trihidrógeno.
Esta es muy útil, porque actúa como una especie de termómetro. Es muy susceptible a las condiciones ambientales, de manera que su estado de ionización ayuda a conocer la temperatura circundante. Al analizar minuciosamente su estado en distintas regiones del hemisferio norte de Saturno, se ha podido hacer un mapa tanto de temperaturas como de densidad de partículas.
La pieza que faltaba. Los patrones de temperatura y densidad de partículas coinciden con los que se predijeron en una serie de modelos informáticos hace 10 años. En estos modelos, esos patrones se originaban cuando las propias auroras actúan como fuente de calor.
El ciclo sin fin. Lo que pasa es lo siguiente: las auroras, con toda su exhibición de luz y radiación, calientan la atmósfera en un punto concreto. Este calentamiento provoca el desplazamiento de partículas entre puntos a distinta temperatura, generando un viento cargado de electricidad. Este viento, a su vez, impulsa partículas cargadas eléctricamente, que provocan la formación de más auroras.
Es un círculo vicioso o, como explican los autores del estudio, una bomba de calor planetaria. Un sistema perfecto que se alimenta por sí solo. Y, por supuesto, el misterioso factor externo que traía de cabeza a los científicos que intentaban medir la rotación de Saturno.
Imagen | NASA | Bruce Waters (Wikimedia Commons) | Vicent Guth (Unsplash)
En Xataka | El James Webb lleva años detectando puntos rojos en el universo: el único problema es que no sabemos qué son