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El top 10% de las personas más ricas del mundo causan la mitad de los daños ambientales de todo el planeta

El top 10% de las personas más ricas del mundo causan la mitad de los daños ambientales de todo el planeta
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El 10% de los más ricos del planeta, el top de las grandes fortunas, son responsables de daños ambientales multimillonarias, de entre 1,7 y 5,7 billones de dólares, cifran que superan la financiación total necesaria para cumplir con los objetivos climáticos y el freno a la pérdida de biodiversidad. Leer
Salud y CienciaEl top 10% de las personas más ricas del mundo causan la mitad de los daños ambientales de todo el planetaActualizado 18 JUN. 2026 - 17:00Acto de Oxfam Intermón en vísperas del inicio de la cumbre del G7 en Évian, Francia, en el que la oenegé denuncia denuncia que la riqueza de los 'milmillonarios' de la energía aumento en 9,8 billones de dólares en medio de la quinta crisis económica mundial registrada desde 2020", mientras que "los países del G7 recortaron la ayuda a los países más pobres del mundo en 48.000 millones entre 2024 y 2026.Edgar Sapiña ManchadoEFE

El 10% de los más ricos del planeta, el top de las grandes fortunas, son responsables de daños ambientales multimillonarias, de entre 1,7 y 5,7 billones de dólares, cifran que superan la financiación total necesaria para cumplir con los objetivos climáticos y el freno a la pérdida de biodiversidad.

El coste ambiental atribuido a las acciones del 10% de las personas que más gastan, correspondientes, en general, a las grandes fortunas tanto a nivel mundial como en el país más rico de cada continente, son responsables de daños ambientales por valor de entre 1,7 y 5,7 billones de dólares (1,47 billones de euros).

Estas cifras superan la financiación necesaria tanto para cumplir con el objetivo de financiación climática para 2035 acordado en la COP30 —993.000 millones de dólares—, como para cubrir la financiación necesaria para detener la pérdida de biodiversidad hasta 2030 —657.000 millones de dólares—, según un trabajo realizado por un equipo de la Universidad de Leiden, en Países Bajos, y el Oxford Martin School de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, que se publica en Communications Sustainability, revista del grupo Nature.

"El artículo pone de manifiesto que el 10% de consumidores más ricos de los países con más emisiones de gases de efecto invernadero ocasionan casi la mitad de los daños generados por el cambio climático", señala Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante.

"El artículo corrobora el desarrollo de un mundo cada vez más desigual, con una población rica que es la más responsable del impacto del cambio climático actual y de la pérdida de biodiversidad que se está produciendo en el planeta", señala en SMC España. "Sus efectos, por el contrario, son más evidentes y cuantiosos en las sociedades menos avanzadas, que no pueden hacer frente por sí solas a dichos daños".

"Es una muestra más de lo que se denomina la 'secesión de los ricos' en el mundo actual: una población rica cada vez más rica y sin limitaciones en su consumo, frente a un porcentaje cada vez mayor de población pobre que experimenta los efectos de las acciones de los primeros, agrega Olcina. "En ese 10% de población más rica entrarían las grandes fortunas y las empresas que representan de España, aunque en el conjunto mundial es una participación muy pequeña frente a países como EE. UU., China o India".

El trabajo señala la necesidad de que los más ricos contribuyan más y aporten más dinero a las acciones de mitigación del cambio climático, destaca este catedrático, además de aplicar el principio de 'quien contamina paga'. "No obstante", puntualiza, "ese principio se ha demostrado poco eficaz para reducir el impacto medioambiental en los países donde se ha aplicado, porque los que tienen dinero terminan pagando para poder seguir contaminando. Hay formulas impositivas que pueden resultar más eficaces, como tasas por volumen de facturación (empresas) o por volumen de patrimonio (personas físicas).

"La recaudación debe tener siempre un sentido finalista: que se utilice el dinero para medidas de reducción de cambio climático y se realice una publicación anual, transparente, de dicho proceso. Por otra parte, el dinero que pueda recaudarse de la población más rica no debe ir solo a mitigación, sino, sobre todo, a adaptación de territorios y sociedades al impacto del cambio climático, que no se va a poder solucionar en el corto y medio plazo".

Cómo se calcula la desigualdad

"El estudio es novedoso en el contexto de la literatura sobre huellas ambientales del consumo porque monetiza los impactos globales por decil de gasto provenientes de un estudio previo", ahonda Neus Escobar, investigadora en el Centro Vasco de Investigación sobre Cambio Climático (BC3).

Este calculaba huellas de carbono (CO), fósforo (P), nitrógeno (N), consumo de agua dulce y pérdida de biodiversidad asociadas al consumo final en hogares, incluyendo energía, bienes y servicios. Para traducir las huellas de unidades físicas a monetarias, los autores usan valores del Manual de Precios Medioambientales de 2024, lo cual implica ciertas suposiciones para armonizar unidades de impacto o para escalar el valor de los impactos según el PIB per cápita.

Todo ello les permite calcular el coste del daño medioambiental total del consumo per cápita del 10% más rico del mundo (entre 2.300 y 7.500 dólares al año), siendo el de los consumidores en Estados Unidos el más elevado (entre los 19.000 y los 63.000 dólares) y el más bajo el de los consumidores más ricos en India (entre 410 y 1.400 dólares). El estudio concluye que esta cantidad cubriría con creces la financiación necesaria para alcanzar, en su conjunto, los objetivos mundiales de conservación de la biodiversidad para 2030 y los objetivos de mitigación del cambio climático.

El estudio "contribuye al debate sobre la desigualdad o la imparcialidad de los objetivos globales de mitigación y sostenibilidad, aportando pruebas de que los consumidores de los países más ricos provocan una mayor degradación medioambiental a escala global, lo que implica que tienen una mayor responsabilidad por sobrepasar los límites planetarios, siendo el cambio climático y la pérdida de biodiversidad los aspectos más importantes".

Al cuantificar estos impactos, "también pone de manifiesto el perjuicio económico causado por la degradación medioambiental, y sugiere que este debería compensarse de alguna manera, teniendo en cuenta que los costes del daño medioambiental son más elevados en los países con un PIB per cápita más alto. Esto también aporta argumentos al debate sobre la insuficiente financiación internacional destinada a abordar las causas medioambientales, ya que, con frecuencia, son los países con un PIB per cápita más bajo, pero con un mayor capital natural, los que deben asumir los mayores esfuerzos de conservación y protección ambiental".

Escobar apunta también que en el estudio los daños medioambientales se basan en el consumo final, mientras que las personas con mayores ingresos también acumulan más ahorros e inversiones que, en caso de tenerse en cuenta, aumentarían aún más la diferencia entre países y su supuesta responsabilidad a la hora de financiar las iniciativas medioambientales.

Más allá de identificar, plantear soluciones

Los investigadores ofrecen una visión útil sobre la desproporción en la responsabilidad ambiental , aunque solo identifican el problema y no lo resuelven, señala por su parte Ana Hernández, planificadora en Biodiversidad y Recursos Naturales de la Fundación para la Investigación del Clima (FIC).

Desde la planificación territorial, la experiencia indica que las políticas ambientales globales solo tienen impacto real cuando se traducen en soluciones concretas: qué especies proteger y dónde, qué cuenca hidrográfica necesita qué medida de adaptación, qué comunidad rural puede protagonizar qué transición. Sin ese aterrizaje, los billones de dólares de "factura ambiental" que calcula el estudio son cifras sin consecuencias prácticas, añade Hernández.

"El principio de Quien contamina paga es necesario, pero la experiencia ha demostrado que no es suficiente. Hace falta que quien conserva también cobre, que las comunidades rurales que mantienen ecosistemas funcionales reciban el reconocimiento económico e institucional que hoy se les niega, y que la planificación territorial basada en evidencia científica actúe como puente entre los acuerdos globales y las decisiones que se toman a escala de una cuenca, un corredor ecológico o un municipio de cien habitantes".

Encontrar soluciones, aunque sean intermedias, requiere considerar tres elementos de forma simultánea, propone: "Marcos regulatorios con límites físicos reales, no solo económicos: hay daños ecosistémicos que no se compensan con dinero y que deben prohibirse con independencia de la capacidad de pago del causante".

"En segundo lugar", prosigue, "la responsabilidad de cadena completa, porque no puede seguir permitiéndose que los países consumidores exporten su impacto ambiental a los países productores y contabilicen una huella limpia".

"El tercero es la inversión sostenida en gobernanza local: los territorios que albergan la biodiversidad y los servicios ecosistémicos que queremos conservar necesitan fortalecer su capacidad técnica, sus recursos y su participación real en las decisiones, no limitarse a ser receptores de políticas diseñadas lejos de su realidad".


Communications Sustainabilityhttps://doi.org/10.1038/s44458-026-00079-x

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Fuente original: Leer en Expansión
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