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El Tour 'robado' 20 años después: "Ni el mejor vidente lo podía imaginar"<br>

El Tour 'robado' 20 años después: "Ni el mejor vidente lo podía imaginar"<br>
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El gallego se sienta con MARCA para analizar reposadamente aquel Tour de 2006 y para conversar sobre Landis, la fuga que cambió su vida y del ciclismo que vino después<span class="" contenteditable="false" aria-hidden="true" tabindex="-1" style="user-select: none; pointer-events: auto;"></span>
Tour de FranciaÓscar Pereiro, 20 años después de su victoria en el Tour de Francia: “Lo mío no lo volveremos a ver jamás"

El gallego se sienta con MARCA para analizar reposadamente aquel Tour de 2006 y para conversar sobre Landis, la fuga que cambió su vida y del ciclismo que vino después

Óscar Pereiro, 20 años después de su victoria en el Tour de Francia: “Lo mío no lo volveremos a ver jamás"El Tour que Óscar Pereiro ganó dos veces: “Lo que ocurrió conmigo no lo volveremos a ver”APO CABALLERO (MARCA)
  • NACHO LABARGA / DANIEL GARCÍA V. FOTOS: APO CABALLERO
Actualizado 02/07/2026 - 06:23CESTMostrar comentarios15

Hay victorias que no llegan al podio, sino a destiempo. Óscar Pereiro (Mos, 1977) ganó un Tour con las piernas y lo recibió con una mezcla de orgullo, rabia y extrañeza. Han pasado casi 20 años y todavía habla de aquellos días como quien conserva una película entera en la cabeza.

PREGUNTA. No pudo celebrarlo en el momento, pero en MARCA sí tuvo su portada a posteriori, ¿cómo se gestó?

RESPUESTA. La portada lo dice: “La foto que me debía el Tour”. Entre comillas, porque allí casi pierdo el Tour. Casi palmamos aquel día. Creo que fue un lunes por la mañana. Imagínate: los Campos Elíseos un lunes por la mañana, y nosotros metimos el podio en medio, en la mediana. No había ni paso de cebra. Era jugarnos la vida. La recuerdo por la ilusión que me hacía a mí y por la ilusión de la gente que venía conmigo a hacer la foto. Ese día tuve una sensación de decir: “Joder, hay más gente a la que le hace ilusión, aparte de a mí”. Fue un día muy chulo.

Pereiro, posando con su famosa portada de MARCA.Apo Caballero

P. Han pasado 20 años. ¿Cómo recuerda ahora aquel Tour?

R. Ha pasado mucho tiempo, pero recuerdo cualquier detalle de aquellas tres semanas de carrera como si hubiera pasado ayer. Podría contar la historia de aquel Tour desde el primer día hasta el último, desde que salimos de Estrasburgo. Incluso desde unos días antes, con la Operación Puerto. Y no digo el último día porque el Tour no acabó aquel domingo en París, sino el martes, cuando volví a Vigo como segundo del Tour. Al final, seamos realistas: que Óscar Pereiro hubiera acabado segundo en el Tour de Francia era la leche. No estaba escrito en ningún sitio. Ni el mejor vidente de la historia podía imaginar que un tío con mis características… Sí, yo me consideraba un buen corredor, pero para estar en el ‘Top-10’. Y ‘Top-10’ porque hice cuatro ‘Top-10’ en los seis Tours que corrí. Pero de ahí a hacer podio en el Tour había un mundo; era algo impensable. Estaba haciendo el recorrido por varias redacciones de periódicos gallegos cuando me llamaron y me contaron la historia. Pero de aquel Tour lo tengo todo memorizado como si hubiera sido antes de ayer.

Óscar, con García y Labarga.APO CABALLERO

P. ¿Cuándo y cómo se enteró de que lo había ganado?

R. Me llamó Carlos Arribas. Yo estaba en la redacción del Faro de Vigo. Me llama y me dice que acaba de dar positivo alguien que había hecho podio en el Tour. Y yo digo: “Joder. Pues yo no soy, como sea este —Landis—, me cago en la puta”. Al momento recuerdo que llamé a Chente. Le dije: “Hostia, Chente, tío, que nos han reventado el último día del Tour”. “¿Qué ha pasado?”. “Pues tío, creo que ha dado positivo Landis. Nos hemos perdido el día más bonito, por lo menos para mí, encima de una bicicleta”. Después hablé también con Zandio. Fue así como me enteré.

Pereiro, escuchando.APO CABALLERO

P. ¿La sensación fue esa, la de pensar que le habían robado el día más bonito de su vida?

R. Te voy a ser sincero. Mi primera sensación fue, y lo voy a decir literalmente porque soy muy espontáneo: “Vaya puta mierda. Otra vez el ciclismo...”. Ese Tour empieza con la Operación Puerto. Arrancar en Estrasburgo daba una sensación muy rara. Incluso mucha prensa se fue del Tour: española, alemana... Era la sensación de un Tour en el que se quedaban los menos delincuentes. Esa es la realidad. La primera semana transmitía una sensación muy fea. Pero es cierto que, a medida que pasaban los días, el aficionado volvió a engancharse a un ciclismo que parecía más real. Veníamos de unos años en los que corríamos contra un US Postal y un Discovery imponentes, frente a los que no se podía hacer nada. En aquel Tour, en nueve o diez días, hubo seis o siete líderes diferentes. Era una carrera en la que se volvían a ver pájaras y desfallecimientos. Un tío perdía 20 minutos, casi 30, en Pla de Beret y, al día siguiente, era capaz de ponerse líder. Floyd revienta el día de La Toussuire y vuelve a ponerse líder en Morzine. Era un Tour que volvía a enganchar al aficionado al ciclismo. Yo sentía que nos habían dado una oportunidad cuando al ciclismo estaban a punto de pisarle la cabeza y rematarlo. En aquel momento habría afirmado que el Tour tenía que haber acabado como acabó, conmigo segundo. Pero cuando te enteras del positivo de Floyd, mi sensación fue: “Me he perdido el último día del Tour con mi equipo”. Habría sido una sensación increíble.

Óscar Pereiro, posando para MARCA.Apo Caballero

En La Toussuire, por lo menos para mí, la sensación era: “Esto no me lo quita nadie”. Tengo un montón de detalles grabados. Nike preparando zapatillas amarillas, relojes para todo el mundo, gafas para mis compañeros... Las zapatillas las tengo en casa. Me las habían hecho completamente amarillas, con la fecha del Tour de Francia. Pedí a Oakley gafas amarillas para todos. Es que quedaba un día. Las zapatillas las sigo conservando. No tienen ni calas. Están en la caja. Había muchos detalles. Llevábamos tiempo pensando qué íbamos a hacer. El día de La Toussuire fue como un golpe encima de la mesa. Reconozco que, si en Montélimar el pelotón no quiere, no me pongo líder. Pierdes el liderato en Alpe d’Huez por diez segundos, pero en La Toussuire lo recuperas a puro huevo. Haces tercero en la etapa, das un golpe de efecto y solo queda la etapa que acaba en Morzine. Sinceramente, no era ninguna locura pensar que se podía ganar el Tour en aquel momento. Por eso reaccionamos así.

Pereiro, con los periodistas de MARCA.APO CABALLERO.

P. ¿Cuándo empezó a cambiar el chip y a darse cuenta de que había ganado el Tour de Francia?

R. En el momento en que hablas con los compañeros eres consciente de que el ciclismo vuelve a estar metido en la mierda y, al mismo tiempo, de que tú acabas de perder un momento muy bonito que sabes que no va a volver. El primer shock duró diez, quince o veinte minutos. Después empiezas a pensar en todo lo que has perdido por esta historia. Piensas por qué el día en que se celebra el podio de cualquier carrera no están ya hechos todos los análisis. Piensas cómo se puede ganar una carrera en diferido. Sobre todo, piensas en lo que has perdido como equipo. Ganar es muy bonito, pero compartir una victoria con tu equipo es algo impagable. Eso no se puede recuperar. Sí, he hecho fotos en París. He tenido la fortuna de ser un ganador del Tour que pudo ir de amarillo durante una semana. Para mí habría sido mucho más duro haber ido segundo durante todo el Tour y que el último día me declararan ganador. Yo, por lo menos, no tengo la foto del podio, pero sí tengo fotos de amarillo. Tengo la sensación de haber vivido de amarillo. Esa es la pena que me queda. Pero, por mi forma de ser, soy así. Primero me fastidió que el Tour volviera a estar manchado de mierda. Después me fastidió no poder vivir de amarillo el último día en los Campos Elíseos junto a mis compañeros. Pero, a las 24 horas, dije: “No puedo llorar esta mierda”. Me ha tocado vivirlo así y así va a ser toda mi vida. No puedo estar pensando en lo que podría haber sido, porque no voy a cambiar nada. Me tocó vivirlo así y ya está.

Recuerdo cualquier detalle de aquellas tres semanas de carrera como si hubiera pasado ayer

Pereiro, a MARCA

P. ¿Cómo vivió aquel año desde que se enteró del positivo hasta la foto de la portada?

R. Hubo momentos de agobio, no te voy a decir lo contrario. Cuando sucede algo así y sabes más o menos cómo va a acabar la historia, lo que quieres es cerrar ya una carpeta, archivar el caso y ponerte a lo mismo de siempre. Yo me sentía como un actor secundario en una película. El actor principal era Floyd Landis. Da positivo, decide recurrir, pedir el contraanálisis... Y, de repente, se monta —o por lo menos esa es mi sensación— un culebrón que dura muchísimo tiempo, más de un año. En ese culebrón yo tenía todos los días un papel secundario. Cada día salía una noticia y siempre había un periodista o alguien que me preguntaba. Era como estar metido en una rueda de la que resultaba muy difícil salir. Sin quererlo, mi nombre aparecía cada día públicamente. No era fácil. Recuerdo que, semanas antes del Tour de 2007, Eusebio me dijo: “Óscar, tío, o te centras o no te veo”. Y era verdad. Por mi forma de ser, por intentar atender a todo el mundo y quedar bien con todo el mundo, a veces me iba a entrenar y quedaba con periodistas a mitad del entrenamiento porque querían hablar de no sé qué. Fue agobiante.

¿Se acuerda Pereiro de quién ganó cada título en 2006?APO CABALLERO (MARCA)

Yo me sentía como un actor secundario en una película. El actor principal era Floyd Landis

Óscar Pereiro

Después iba por la calle y la gente me decía: “Virtual ganador del Tour”. Hubo una época en la que decidí no vestir nada amarillo, absolutamente nada, porque parecía que estaba reivindicando que quería ser ganador del Tour. Y para nada. Intentaba vivir al margen de todo aquello, pero fueron muchos meses. Con el paso del tiempo, y ya años más tarde, te digo que probablemente soy quien soy hoy gracias a haber ganado el Tour como lo gané. Creo que, si hubiera ganado el Tour aquel domingo, perfecto: Óscar Pereiro gana el Tour, vuelves al año siguiente, haces de gregario de Alejandro Valverde, porque era lo que me tocaba hacer a mí, acabas otra vez décimo en el Tour de Francia y ya está: otro ganador del Tour. Pero todo aquello ayudó a que la gente conociera, además de a Óscar Pereiro ciclista, a Óscar Pereiro persona. De verdad lo creo. Muchas de las funciones que hago ahora, a todos los niveles, en medios de comunicación y demás, son consecuencia de aquellos trece meses. Dentro de lo malo que me tocó vivir, considero que me aportó cosas importantes para mi vida.

Test: Pereiro en silencio... hasta que aparece un ciclista mejor que él.APO CABALLERO

P. ¿Tuvo contacto con Landis después de aquello?

R. No, nunca. Al principio, cuando me entero del positivo, es verdad que quiero hablar con él. Landis no dejaba de ser un excompañero mío. Teníamos buena relación y piensas: “Joder, este tío tiene que estar tocado”. Intenté hablar con él, pero no fui capaz. No me cogió el teléfono. Después, durante La Vuelta 2006, en Madrid, me dice Perdi: “Oye, que viene Floyd mañana”. Y yo le respondo: “Me gustaría estar con él, pero en privado”. Como alguien con quien había tenido una amistad. Quería preguntarle cómo estaba, qué había pasado.

Un momento de la entrevista.APO CABALLERO

Pero lo que sentí en Madrid fue que había una encerrona. Había un montón de medios de comunicación y lo que buscaban eran fotos de nosotros dos. Entonces decidí que, para mí, aquello no era ningún cachondeo. No he vuelto a hablar nunca más con él. Y después, a medida que fue sacando mierda y metiéndome a mí también por medio, ya no volví a tener ningún tipo de contacto con él.

Óscar Pereiro, de amarillo.

P. La famosa fuga bidón, eso de ‘hacer un Pereiro’. ¿Cómo la recuerda?

R. Aquello pasa por varias circunstancias. Primero, por esa pedrada que tengo yo de intentar motivarme con cualquier cosa. Eso no sucede si yo no pierdo veintitantos minutos el día anterior. Y no sucede si una pedrada mía no me lleva a decir, subiendo al autobús: “Mañana voy a reventar esta puta carrera”. Yo creo que de ahí viene todo. Dices esa frase, todo el mundo se ríe: “Si estás muerto”. Y al desayuno del día siguiente: “¿Vas a reventar la puta carrera?”. Y yo: “Pues claro”. Ya por orgullo dije: “Lo tengo que hacer”.

Al día siguiente salgo y voy escapado casi todo el día con Hincapie. Nos pillan a unos diez kilómetros de meta, más o menos. Y al día siguiente otra vez: había que intentarlo durante todo el día. Primero porque el equipo no tenía nada que hacer. Alejandro estaba en casa, Karpets estaba peor que yo… El día de la etapa que acaba en Montélimar, por la mañana, había la sensación de que la fuga iba a llegar. Esto, el que está en el mundo del ciclismo, lo siente. Etapa de 240 kilómetros, Macizo Central, un calor de cojones, el líder era Floyd, que era el más fuerte, pero su equipo no era el más fuerte de la carrera. De alguna manera, sin saberlo oficialmente, todos sabíamos en el pelotón que Phonak no iba a tener problema en soltar el liderato para pasar unos días de recuperación de cara a los Alpes.

Esa mañana era: “Hay que pillarla”. Se salió a mil. Hasta que nos juntamos cinco galgos de primer nivel. Mira que he cogido fugas en mi vida, pero igual fueron los 40 o 50 kilómetros más caros para meterse en una fuga. Siempre con menos de 20 segundos, porque todo el pelotón sabía que esa fuga iba a llegar a meta. Nadie sabía lo que iba a pasar, pero había muchos equipos interesados. Llega un momento en el que tengo la sensación de que reventamos al pelotón. Cuando se empieza a generar distancia, dentro de la buena sintonía que teníamos entre nosotros, no hubo ningún momento de decir: “Quedan 200 kilómetros, vamos a levantar el pie”. No. Aquí no se habló de eso. Era rodar al mismo ritmo, a toda leche. Y de repente empiezan: 8, 10, 12 minutos… Fue así hasta que llevábamos más de 25 minutos, cuando ya empieza a haber una posibilidad real.

Óscar Pereiro, en el Tour 2006.ASO

Mi única reacción era que no entendía cómo seguía dando relevos. Porque Sastre podía ganar el Tour. Yo estaba disfrutando el podio de alguna manera. Creo que nadie me metería con cinco estrellas para ganar el Tour, pero si quedan siete días de carrera y me vuelves a meter ahí, a un tío que llevaba tres décimos en el Tour, yo no lo dejaría entrar otra vez en la lucha. Chavanel sí, porque era un cachondo y se reía. Quinziato igual. Pero no tenían actores principales a los que yo pudiera incordiar. No fue hasta falta de 10 o 15 kilómetros cuando les dije: “Yo me voy a ir con el que llegue a meta, pero no voy a disputar la etapa”. Jaime Arenas me decía: “Óscar, hay que disputar la etapa”. Y yo: “¿Cómo voy a disputar la etapa?”. Porque desde que llegas a meta hasta que llega el pelotón, con acelerar un poco, te quedas sin etapa y sin liderato. Mi sensación era que no podía hacer eso. Arranca Voigt, me voy con él y a partir de ahí hasta meta.

P. Unos días antes casi se baja del Tour…

R. Sí, casi me bajo. Encima de la bici pasas muchos días mal, pero lo peor es cuando sientes la frustración de que tu trabajo no vale para nada. El día anterior a Pla de Beret acabamos en Pau, subimos Marie-Blanque y yo tengo unas sensaciones de la leche, incluso mejores que el año anterior, en 2005, cuando había acabado décimo y había ganado la combatividad. Pero no sé qué cojones me pasa el día de Pla de Beret. Ya subiendo el Tourmalet mis sensaciones son terribles. Me quedo sin agua. La carrera iba bastante rápida y llega Rojo coronando, me da dos bidones de agua, me los bebo de un trago y empiezo a sudar con una sensación muy extraña. En el Peyresourde lo estoy pasando mal. Cuando el pelotón va en 50 o 60 tíos, uno es crítico consigo mismo. Yo consideraba que no podía estar sufriendo cuando iban 50 tíos subiendo a ritmo. Un ritmo rápido, pero a ritmo. Cuando reviento en el Portillón ya digo: “Hasta aquí”. Se me caían las lágrimas de impotencia, de sentir que no valía para esto. Fue un castigo y una tortura durante muchos kilómetros. Recuerdo que vino Giuseppe Guerini y me dijo: “Tío, ¿qué te pasa?”. Era la frustración de decir: “Me lo juego todo aquí y todo se va al garete”.

La caída de Óscar Pereiro en el Tour de Francia de 2008

Mi sensación fue: “Voy al hotel, cierro la maleta y me voy a mi casa”. Me salvan mis amigos de toda la vida. Yo creo sinceramente que no me hubiera bajado, pero en ese momento lo tenía pensado: “Yo no sirvo para esto. A casa y a dedicarme a otra cosa”. Vas subiendo a media hora, en la grupeta, y yo, por fortuna, no estaba acostumbrado a ir en grupetas en las grandes vueltas. A falta de cuatro kilómetros para meta veo a cuatro chalados corriendo a mi lado y diciendo: “¡Casca, Casca, Casca!”. Es el mote que me pusieron mis amigos desde entonces. Levanto la cabeza y cuando los veo digo: “Pero estos gilipollas… si voy muerto aquí, a media hora de la cabeza”. Me estaban animando como si fuera a ganar el Tour. En ese momento hubo un cambio. Dije: “Si esta gente está así, yo no me puedo ir a mi casa”. De ahí viene la famosa frase: “Mañana voy a reventar el Tour”.

P. Después de todo eso se retiró aburrido de la bicicleta.

R. Me retiré aburrido y decepcionado. Con la sensación de ser un yonqui. En aquella época, con el ciclismo que nos tocó vivir, tenías que ser muy fuerte. No dejabas de tener a un país detrás cada vez que corrías una carrera, pero siempre con la mirilla puesta: “Este es un delincuente”. Ibas por la calle con la sensación de estar en tu casa las 24 horas controlado, de tener la puerta abierta para que vinieran a sacarte sangre o a hacerte mear.

Me retiré aburrido y decepcionado. Con la sensación de ser un yonqui

Óscar Pereiro

P. ¿Qué fue lo más raro que le pasó en un control?

R. Comiendo en un restaurante en Santiago. Un 22 o 23 de diciembre, en vacaciones. Me llamaron a casa y, evidentemente, dije: “Yo no voy a volver a casa a hacer un control. Estoy aquí localizado”. Fueron al restaurante y me hicieron un control en el baño. No encontré la motivación para seguir en un deporte que desde pequeño me habían vendido como el de los héroes. En ese momento sentí que éramos yonquis. Hicieras lo que hicieras, siempre estabas bajo la duda de todo el mundo. Pasa el tiempo y lo analizas de otra manera. Creo que también fui muy duro conmigo mismo. A veces hay que pensar en uno mismo y no tanto en la gente. Pero era la realidad, era un momento complicado. Incluso ahora, que mi sensación es que el ciclismo tiene una salud como hacía mucho que no tenía, todavía escucho comentarios que me duelen, insinuando que seguramente hay algo por ahí que todavía no detectan y no sé qué. En aquel momento considero que me puse demasiado en el papel de víctima, de sentir que todo el mundo te miraba. Probablemente solo lo sientes tú.

P. Ante un equipo como Sky, ¿hubiera ganado el Tour de Francia?

R. Imposible. Ni yo ni nadie. Si realmente conseguí ganar el Tour de 2006 es porque no había un equipo que tuviera el poder que tenía Sky en aquel momento, ni como Sky ni como a día de hoy el UAE. No puede haber una fuga de esos niveles. Creo que he sido el último afortunado en poder sorprender en una gran carrera. Es que no va a volver a suceder. Ni va a volver a suceder lo mío ni va a volver a suceder lo de Voeckler. Hoy los equipos tienen las fugas muy controladas. Hay muchísimo nivel. Veo el equipo del UAE y, de ocho, seis podrían estar entre los cinco primeros de un Tour si fueran líderes en otro equipo. No va a volver a pasar. Es imposible. Primero porque hay muchísima información. Los propios directores saben a qué nivel y cuánto pueden aguantar los corredores. Y si no es un equipo, es otro. Es imposible. No va a volver a pasar nunca más.

P. Volviendo a su Tour, ¿qué significa estar en ese grupo con Bahamontes, Ocaña, Perico, Indurain o Contador?

R. Sigo siendo realista. Tuvimos la fortuna de que nos juntaran a todos en una vuelta cicloturista en Ibiza hace dos años. Estás a su lado y dices: “Esto es increíble”. A Alberto se lo digo mucho: “Yo no nací para ganar el Tour. Tú naciste para ganar el Tour. Miguel Induráin nació para ganar el Tour. Perico nació para ganar”. Yo no nací para ganar el Tour. He sido un afortunado al que le dieron una oportunidad única en su vida para meterse en ese grupo. Hay quien dice que me regalaron el Tour. Yo creo que nadie me lo regaló, pero me tocó la lotería al darme la oportunidad de entrar en el club. Me siento un privilegiado. Y sigo admirando a todos ellos cada vez que estoy a su lado.

Pereiro, entre pregunta y pregunta.APO CABALLERO

P. Corrió con Valverde. ¿Qué le faltó a Alejandro para ganar un Tour?

R. Probablemente, en algún momento, suerte. En otros, mucha presión. Y después, coincidir en una época muy difícil. Con Armstrong era imposible. Luego vino toda la época de Alberto, Froome... Ha ganado La Vuelta. Para mí es uno de los corredores más completos que he visto en mi vida. Siempre digo que Alejandro, de todas las personas con las que corrí, probablemente era el que más talento tenía. Alberto tenía mucho talento, pero le sacaba el máximo rendimiento a cualquier cosa de su cuerpo y de su entrenamiento. Alejandro era puro talento. No sé qué le pudo faltar. Probablemente una carrera que se le hacía más pesada de lo que él creía. El año en que acaba tercero en el Tour, cuando se le caen las lágrimas, para mí lo indica todo. Es la lucha de conseguir un podio en una carrera que soñaba ganar. Creo que desde el primer momento, cuando lo fichan en Illes Balears, se le puso el objetivo del Tour. Alejandro sí tenía un Tour en las piernas, en algún año. El año de la caída, en 2006, estaba muy bien. Creo que también se cae en 2007. Probablemente el punto de fortuna que he tenido yo, él no lo ha tenido. Pero piernas tenía.

P. ¿Cómo ve el ciclismo actual?

R. Es un ciclismo espectacular, pero yo creo que era más espectacular hace tres años que ahora. Hace tres años, cuando veíamos a Pogacar, a Vingegaard, a Van Aert ganar etapas en el Tour con el maillot amarillo, con exhibiciones terribles, era un ciclismo diferente al que estábamos viviendo. Pero el ciclismo actual, después de esos años que nos fascinaban a todos, se está volviendo para mí más monótono. Probablemente el año que viene la Milán-San Remo no tenga la audiencia que tuvo este año. ¿Por qué? Porque ya la ha ganado Pogacar. Ahora todos estamos esperando a que gane Roubaix. Y cuando gane Roubaix miraremos a otro lado. Ahora vamos a ver si gana Suiza. Es como decir: “A ver hasta dónde llega este tío”. Las carreras en sí, para mí, no tienen esa locura que tenían hace tres años. Aquel Tour, no recuerdo cuál fue, el de Van Aert, fue para mí el mejor Tour de la historia como espectador. Todos los días eran una locura. Vingegaard reventando a Pogacar en el Galibier, Van der Poel ganando en Mûr-de-Bretagne… Eran cosas de decir: “Joder, son ciclistas de otra pasta”. Porque compiten de una manera diferente. No hay calculadora.

Pereiro, durante la entrevista.APO CABALLERO.

Para mí el ciclismo ahora es calculadora pura y dura. ¿Cuál es el objetivo del Tour? Ver si Vingegaard puede estar cerca de Pogacar y ver cuántos Tours puede ganar Pogacar. A veces hay la sensación de que Pogacar está como aburrido de ganar. A mí me ilusionó más aquello de lo que me ilusiona ahora. ¿Por qué nos aburrían los Tours de Froome o del Sky? Y no les quito mérito: ojalá yo fuera el mánager de Sky o de UAE y tuviera un equipo como los que tienen ellos. Lo digo de cara al espectador. Mi sensación, cuando hablas con la gente, es que ya no se va de la playa a los bares a ver las etapas del Tour porque la primera semana igual ya está todo liquidado. El año pasado, la primera semana estaba liquidado. Chris Froome, en La Pierre-Saint-Martin, en la primera etapa de montaña, liquidaba el Tour. De cara al espectador creo que no es bueno.

P. ¿Quiere que Pogacar venga a LaVuelta?

R. Según qué Pogacar venga a LaVuelta.

P. ¿Cómo ve el Tour 2026?

R. Tengo la ilusión de que el rendimiento de Vingegaard el año pasado estuviera afectado por la caída de la Itzulia. Eso espero. Pero la sensación es que veo a Pogacar muy superior a todos. No veo a Evenepoel a su nivel, sinceramente. Me encanta Remco, pero no lo veo a ese nivel. Hoy veo a Pogacar por encima de todo el mundo. Es cierto que habrá que ver hasta dónde llega Seixas, pero creo que Pogacar está un punto por encima del resto. La ilusión que tengo, y lo digo de verdad, es que Vingegaard consiga un nivel parecido al de Pogacar para tener un Tour emocionante y bonito.

Tengo la ilusión de que el rendimiento de Vingegaard el año pasado estuviera afectado por la caída de la Itzulia

Óscar Pereiro

P. ¿Cree que haber hecho el Giro de Italia puede pesar de cara al Tour?

R. Es que no le ha costado mucho ganarlo. Creo que el nivel de estrés no ha sido muy heavy. Va a correr el Tour con la tranquilidad de que ya ha ganado una grande. No ha sido un Giro del tú a tú, del día a día. Por momentos tenía la sensación de que él mismo estaba haciendo tests en etapas, días en los que no tenía ni que atacar. Un Vingegaard que quiere ganar etapas, que quiere mostrar que es el mejor. Pero no creo que estuviera al cien por cien en el Giro. Creo que ha ganado el Giro fácil.

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