ROBERTO LÓPEZ
Jueves, 22 de enero 2026, 01:00
... El tren pasa, el tren pesa, el tren silba y trota y galopa como un caballo salvaje, blanco, hacia la noche negra. El tren nos permite detenernos sin dejar de avanzar. Decía Fernando Pessoa, ese portugués lleno de multitudes, que «el tren es la forma más civilizada de huir». Cuánta razón y qué pena.El tren es una promesa de llegada. Nadie se sube a un tren pensando en la muerte. Uno se sube pensando en la vida, en una cita, un reencuentro con la familia, la comida pendiente, la ciudad deseada, el abrazo prometido, el retorno..., en la vida, ya digo. Todos hemos cogido el tren, ese tren, el que va a Madrid, el que pasa por Adamuz, y ahora todos tenemos esta extraña sensación a escarcha, un temor nuevo, la pena más brillante.
Se cuenta que León Tolstói temía profundamente a los trenes. No solo por su ruido o por su velocidad, sino porque los veía como símbolos de un destino inevitable. No es casualidad que en Anna Karénina el tren aparezca siempre unido a la tragedia. Tolstói, siempre tumultuoso, decía que «el tren es la metáfora perfecta del progreso: no se detiene, aunque alguien caiga a las vías».
El tren es una tregua, una pausa, un puente, y un acuerdo de esperanza, un pacto silencioso entre el movimiento y la confianza. Hasta que la confianza se rompe. 20 segundos son suficientes. Maldita fatalidad. Y es que el tren también es Atocha en el 11M, la curva de Angrois y, esta semana, Adamuz. El tren es una cicatriz, el silencio después del estruendo, la memoria después del olvido. Cuánta razón y qué pena.
Todos hemos cogido ese tren, el de Madrid, el que pasa por Adamuz y hemos mirado por la ventanilla. Mirar por la ventanilla es un acto íntimo. Nunca miramos el paisaje, nos miramos a nosotros mismos atravesándolo: campos de olivos, túneles oscuros, estaciones pequeñas... Todo se desliza como en un sueño perfecto. En los auriculares de aquella niña de solo seis años, sonaba Manuel Carrasco. El tren es una promesa de llegada, pero también un refugio momentáneo, y un adiós, un hasta siempre, este luto, la pena más brillante.
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