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Internacional

El tripartidismo que viene

El tripartidismo que viene
Artículo Completo 736 palabras
Lo que está comenzando a asomar la patita en España no es un modelo funcional y operativo, con tres fuerzas capaces de generar mayorías distintas. Muy al contrario, es una geometría fija con una sola suma políticamente viable

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Ilustración José Ibarrola

César Calderón

Fundador y director general de la consultora Redlines

Viernes, 27 de marzo 2026, 00:22

... tácticamente brillante: en lugar de negociar con los socialdemócratas que habían ganado las elecciones, saboteó a conciencia y deliberadamente esas conversaciones y pactó con el FPÖ del neonazi Jörg Haider. La derecha moderada prefirió el escándalo internacional -que lo hubo, y gordo- a dejar gobernar a la izquierda moderada.

España no ha llegado a ese punto -al menos aún no-, pero lo relevante no es el destino austriaco, sino el mecanismo que lo produce. Porque un proceso similar podría estar ya en funcionamiento aquí, con una particularidad estructural que lo hace considerablemente más complejo de gestionar. Y es que lo que está comenzando a asomar la patita en nuestro país no es un tripartidismo funcional y operativo: es decir, tres fuerzas capaces de generar mayorías distintas según programas y circunstancias. Muy al contrario, lo que tenemos delante es un tripartidismo de geometría completamente fija, con una sola suma políticamente viable.

La izquierda española no tiene suma. Puede gobernar mientras sus socios lo consientan y sus socios lo consienten mientras les compense. Cuando deje de compensarles, no habrá mayoría alternativa que la sustituya. En Austria, el ÖVP podía cruzar al otro lado, pactar con los socialdemócratas y había Gobierno. En España no hay otro lado. El Partido Popular y Vox no se necesitan por afinidad: se necesitan porque la aritmética no ha dejado ninguna otra puerta abierta.

Esa necesidad mutua tiene una segunda capa que complica aún más el cuadro. PP y Vox no son simplemente aliados aritméticos condenados a compartir el poder: son, en una porción nada despreciable de su electorado, competidores directos por el mismo caladero electoral. El votante de derecha hastiado de la España plurinacional recibe la oferta de dos formaciones que -con distintos modales en la mesa y distinta temperatura en el discurso- le dicen aproximadamente lo mismo.

El nuevo tripartidismo español es, por tanto, asimétrico en dos sentidos simultáneos: solo una de sus tres partes queda excluida -en buena medida por voluntad propia- de cualquier suma posible y las otras dos, obligadas a gobernarlo todo juntas, se disputan además una parte del mismo electorado. No existe en la historia reciente de las democracias occidentales ningún caso en que esa doble tensión se administre sin coste.

Las consecuencias de esta geometría no son difíciles de anticipar. Una cosa es la buena voluntad de Alberto Núñez Feijóo de gobernar para todos -que, como el valor en los militares, se presupone- y otra bien distinta lo que ocurre cuando uno de los dos partidos que sostienen ese más que probable futuro Gobierno sabe perfectamente que su única vía hacia la hegemonía pasa por triturar a su socio moderadito.

Vox no necesita que el PP gobierne mal: necesita que el PP parezca insuficiente, que cada concesión a la mayoría sea una traición, que cada política de consenso sea una rendición. Es un socio con los incentivos perfectamente invertidos y ese socio tiene, además, por compañía internacional a Viktor Orbán, a Donald Trump, a Robert Fico, a Jair Bolsonaro y a toda la caterva del nacionalpopulismo mundial, que no es precisamente una escuela de lealtades institucionales ni de respeto por las reglas del juego.

En definitiva, si un milagro no lo evita, España va a estrenar en no demasiado tiempo un tripartidismo trucho de una sola salida. Los austriacos tardaron veinticinco años en comprender lo que habían puesto en marcha. Nosotros, al menos, no podremos decir que no había precedentes.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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