- JORGE MARTÍN GIROLA MARIÑO Socio de Fiscal de Deloitte Legal
Una función fiscal digitalizada no solo mejora la eficiencia interna: refuerza la ventaja competitiva de la compañía.
Una de las cuestiones prioritarias de las estrategias de las compañías es su proceso de digitalización, impulsado especialmente por la IA. Los órganos de dirección consideran que el tiempo apremia y que quien logre transformarse, abrazando con anticipación el contexto tecnológico actual, conseguirá liderar el mercado.
Esa dinámica se está trasladando a las líneas de negocio y a la función fiscal, cuyo ámbito de actuación incide en las operaciones corporativas, proyectos de financiación, planificación de las cadenas de suministro, políticas de precios y en la relación de las empresas con las administraciones tributarias.
El panorama actual es distinto al de hace unos años. Han irrumpido herramientas de automatización robótica, análisis de datos y mecanización de procesos, soluciones low-code/no-code y capacidades de inteligencia artificial que amplían el alcance de la transformación empresarial.
El rol de los equipos fiscales de las compañías no es ajeno y tienen una gran oportunidad: su valor pasa por aprovechar las soluciones, capacidades y aprendizajes desplegados en otros departamentos de las compañías (como es el caso de los equipos financieros o jurídicos) para acelerar su propia transformación.
Todo ello en un escenario donde las compañías han tomado conciencia de que digitalizar la función fiscal genera un impacto diferencial en diversos aspectos como son la salida de caja del grupo, sus estados financieros, la gestión de sus riesgos, o su valoración y percepción por los stakeholders.
Una función fiscal digitalizada mejora la eficiencia interna y refuerza la ventaja competitiva de la compañía. Así lo confirma el informe State of the Corporate Tax Department de Thomson Reuters 2025, por el que el 58% de los departamentos fiscales encuestados se considera infradotado, y los equipos con menos recursos reciben más sanciones y tienen menor capacidad para ofrecer previsiones fiscales precisas al negocio de sus empresas.
Desafíos en procesos de transformación
La función fiscal lleva años enfrentándose a una presión creciente. No hay ejercicio fiscal en el que no deban gestionarse cambios normativos en las jurisdicciones donde operan los grupos empresariales. A ello se suma la aprobación de nuevas figuras impositivas y la aparición de obligaciones de cumplimiento frente a las administraciones tributarias, mientras el día a día exige preparar y presentar liquidaciones, ejecutar las tareas de cierre, dar soporte técnico a otros departamentos, atender requerimientos y reportar a la alta dirección.
Esta realidad se ve agravada por un infradimensionamiento de los recursos que tensiona la performance del departamento fiscal. La situación se acentúa si el grupo empresarial afronta un procedimiento inspector o de comprobación relevante, porque el foco se concentra en atenderlo y se posponen otras necesidades igualmente críticas. La evolución de los departamentos fiscales depende de acometer un proceso de digitalización que permita automatizar tareas recurrentes, mejorar la calidad de la información y liberar recursos para dedicar más tiempo a actividades de mayor valor añadido, aumentando así la eficiencia del área y su capacidad de apoyo al negocio.
Son varias las barreras que frenaron esta evolución en el pasado. La principal ha sido la complejidad de los proyectos, derivada de la inexistencia de una única solución tecnológica que cubriera las necesidades de la función fiscal. Por otra parte, muchas herramientas tecnológicas responden a requisitos de determinadas jurisdicciones, orientadas al compliance y que cuentan con lógicas fiscales poco avanzadas. Además, deben adaptarse a realidades corporativas específicas para cumplir con las distintas cuestiones tributarias.
A ello se añade una dificultad presupuestaria evidente. Las estimaciones económicas que enfrentan los departamentos fiscales exceden a las partidas presupuestarias que podrían asumir, sumándose el hecho de que la función fiscal tradicionalmente no se ha considerado un área prioritaria en los procesos de digitalización.
Claves para una transformación eficaz
Para digitalizar exitosamente a los equipos fiscales, urge analizar y comparar el valor que estos generan a través de la implantación de herramientas tecnológicas con la inversión necesaria.
Para ello, es fundamental reorientar esta transformación desde un enfoque de negocio. Los equipos fiscales deben identificar y priorizar aquellos procesos en los que la tecnología genera un impacto medible y compararlo con la inversión necesaria. Indicadores como la eficiencia operativa, la mejora en la precisión del compliance tributario, la generación de retornos en tasas efectivas y créditos fiscales o las mejoras en el Tax Working Capital son el lenguaje con el que el área fiscal ha de dialogar con la dirección.
Otra recomendación es adoptar una hoja de ruta progresiva y orientada a casos de uso. En este sentido, existen desafíos sobre los que las funciones fiscales ponen el foco. Uno es la automatización de los procesos de liquidación y presentación de tributos (sin apenas intervención humana), partiendo de la descarga y captación de la información del ERP y durante las fases de cálculo, cumplimentación y presentación de las declaraciones tributarias. Ello libera una considerable cantidad de horas de los intervinientes en dichos procesos y reduce potenciales errores humanos.
Inclusive, se crea una capa de conciliación automática entre la información contenida en la contabilidad, la consignada en las declaraciones tributarias y la ya reportada públicamente o a las administraciones tributarias; anticipando cualquier incoherencia que pueda resultar en un pasivo tributario en un procedimiento de inspección futuro.
Aquellas direcciones fiscales que monitorizan el grado de cumplimiento de las obligaciones en diversas jurisdicciones, supervisando las tareas que varias personas realizan en distintos países, analizando información crítica en el ámbito tributario, están implantando soluciones tecnológicas con workflows de aprobación que generan visualizaciones en tiempo real alimentados por formularios, conexiones a ERPs y/o de la lectura directa mediante el uso de la IA de distintos documentos. De esta manera, se consigue crear KPIs de seguimiento y análisis tributario, distribuir y supervisar las tareas entre personas con incidencia en las tareas fiscales, y darle la capacidad de anticipación que requiere el departamento fiscal para convertirse en un business partner.
Resulta pertinente, resolver el tratamiento del dato tributario. Las herramientas tecnológicas deben integrarse con los ERPs e interactuar con el resto de las aplicaciones corporativas como el correo electrónico, el repositorio documental, procesadores de texto u hojas de cálculos, entre otras.
La transformación de la función fiscal debe responder a la presión regulatoria actual. El cumplimiento digitalizado es una necesidad estructural para atender materias como los sistemas de facturación electrónica, la implantación del Pilar Dos, el intercambio de información sobre mecanismos fiscales transfronterizos, criptoactivos o plataformas digitales, así como la monitorización de estrategias fiscales en ámbitos críticos como los aranceles y los precios de transferencia.
La pregunta ya no es si la función fiscal debe digitalizarse, sino si la organización puede permitirse que no lo haga. Un departamento fiscal digitalizado no es solo más eficiente: es más anticipatorio, más preciso y contribuye más al negocio.
Las organizaciones que recorren este camino descubren algo que parecía imposible: que el área fiscal puede ser un generador neto de valor diferencial. No porque acometa más rápido sus tareas, sino porque anticipa contingencias antes de que se materialicen, optimiza la contribución tributaria con visibilidad en tiempo real, convirtiéndose así en un interlocutor creíble para la dirección en decisiones que van mucho más allá del compliance.
El oxímoron, en definitiva, se está deshaciendo. Y las compañías que lo entiendan antes tendrán en su función fiscal una ventaja competitiva claramente diferencial.
¿Desgravan los cursos de verano?Cuatrecasas ficha a Jorge Gómez de Membrillera Ortuño como socio de fiscalLa Generalitat Valenciana rebaja el tramo autonómico del IRPF para rentas medias y bajas Comentar ÚLTIMA HORA