Pequeñas infamias
'El verano sangriento de Hemingway' Regala esta noticia Añádenos en GoogleCarmen Posadas
05/06/2026 a las 12:32h.Hace sesenta y siete años, en una España muy distinta a la de hoy, Ernest Hemingway comparó la fiesta de los toros con la escritura, ... diciendo que una y otra comparten una misma esencia: deben ser auténticas, generar emoción y mirar de cara a la muerte. Poco sorprende, por tanto, que alguien que opinaba que «la maestría en arte requiere una técnica implacable que permita triunfar sobre el peligro y el fracaso» se dejara fascinar por lo que ocurre sobre la arena cuando se abre la puerta de toriles y toro y torero se enfrentan en un juego de vida y muerte.
En el verano del 61, con la ayuda de su escopeta favorita, logró acabar con su vida
Para entonces, Hemingway se había convertido en un hombre atormentado, ciclotímico y algo paranoico. Sufría dolores crónicos y empezaba a caer en una espiral de alcohol y autodestrucción. Aun así, y tal vez con el deseo de que lo ayudara a salir de su marasmo, aceptó el encargo de la revista Life de escribir un reportaje de diez mil palabras que cubriera esa rivalidad tan literaria.
Durante aquel último verano de la década de los cincuenta, Hemingway se dedicó a seguir a ambos diestros por distintas plazas, y a ser testigo de un antagonismo sangriento, que se tradujo en grandes tardes, pero también en dolor, porque tanto Dominguín como Ordóñez sufrieron serios percances. De aquel verano peligroso y de todo lo ocurrido en torno a estos tres personajes célebres, Hemingway, Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez, trata El verano sangriento de Hemingway, el último libro de Carlos Abella, que no es una novela, pero se lee como si lo fuera. Un muy revelador recorrido por la España de entonces, que cuenta con cameos estelares por parte de Ava Gardner, Lucía Bosé, Lauren Bacall, Picasso y decenas de personajes relevantes de la época.
Amores, desencuentros, rivalidades, honor, traición, épica, estética… desfilan por el texto escrito por Hemingway glosado ahora por Abella con muy interesantes aportaciones históricas. La literatura tiene esa prerrogativa: logra devolvernos escenas, voces, sabores, olores que reconstruyen una realidad pretérita que, sin embargo, suele comulgar con el presente.
Como ocurre ahora con una rivalidad similar encarnada en Morante de la Puebla y Andrés Roca Rey. Pero volvamos al pasado para contar cómo lo ocurrido aquel verano se convirtió en la revista Life en un relato épico que llegó a vender, en su primera entrega, cinco millones de ejemplares. Sin embargo, antes de que esto ocurriera, habrían de acontecer varias complicaciones.
Resultó que el texto escrito por Hemingway excedía en más de sesenta mil las palabras requeridas por Life y era, por tanto, impublicable, lo que contribuyó a que la espiral autodestructiva en la que se encontraba se hiciera letal. No dormía, bebía cada vez más, aseguraba haber perdido su talento como escritor y varias veces intentó acabar con su vida, la más trágica de ellas arrojándose contra las hélices de una avioneta; su mujer, Mary Welsh, ya no sabía qué hacer para protegerlo de sí mismo.
Por fin, un verano más tarde, en septiembre de 1960, apareció la primera entrega de The dangerous summer ('El verano peligroso') con el texto expurgado y convertido en legible gracias a la intervención providencial de Aaron Edward Hotchner, fiel amigo que lo había acompañado en su viaje por España y los ruedos. Sin embargo, como al destino le gustan tanto las simetrías, el verdadero verano sangriento de Hemingway no sería aquel en el que siguió a Ordóñez y a Dominguín en su personal duelo. Tampoco el de 1960, en el que, tras mucho dolor y vicisitudes, vio la luz su obra póstuma en la revista Life. Sería en el verano del 61 cuando, con la ayuda de su escopeta favorita, logró el propósito de acabar con su vida.
Y, sin embargo, detrás de estos tres veranos sangrientos, de dificultades, antagonismo y muerte está la búsqueda del arte a cualquier precio. El arte de Ordóñez y de Dominguín, por un lado. Y, por otro, el de un hombre que con todos sus defectos vivió, escribió y murió con una pasión tan desmesurada que, tal como nos recuerda Abella en este conmovedor libro, vive aún convertido en uno de los autores que más han influido e influyen en otros creadores.
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