La malagueña de 67 años relata cómo el programa 'Siempre Acompañados' ha supuesto un cambio en su rutina, en la que ahora se atreve a ser independiente acudiendo a clases de baile o a dar un paseo
Regala esta noticia Añádenos en Google Andrea Cruces, en la sede de Cruz Roja, antes de la entrevista con SUR. (Migue Fernández) 04/10/2026 Actualizado a las 21:30h.Hace años que Andrea leyó 'El caballero de la armadura oxidada'. En aquel libro de autoayuda que luego regalaría tantas veces, un caballero iba perdiendo ... su coraza a medida que superaba etapas de su vida. Hoy, a sus 67 años y al mirar atrás, esta malagueña siente que está experimentando exactamente ese mismo proceso. «Es como capas de cebolla que se te van cayendo hasta que llegas a tu interior», explica con una sonrisa. Tras una vida entera trabajando de cara al público y habituada al contacto diario con la gente, la jubilación y los cambios familiares amenazaron con cubrirla de un silencio no deseado. Sin embargo, su camino dio un giro decisivo el pasado mes de abril y empezó a despojarse de esas capas que la cubrían.
«La parte de la familia está cubierta, pero hay una parte de mí que no lo estaba. Ese era el vacío que yo tenía»
Andrea Cruces Florido
Programa Siempre Acompañados
Ese vacío comenzó a desaparecer gracias al boca a boca. Acompañada por una amiga de toda la vida, Andrea acudió a informarse sobre 'Siempre Acompañados', un programa impulsado por la Fundación 'la Caixa'. Allí conoció a Eva Peñuela, técnica de la iniciativa que, junto a un equipo de tres profesionales, atiende en los distritos malagueños de Bailén-Miraflores y Puerto de la Torre. «Salí del despacho sabiendo que esto era algo que a mí me iba a venir muy bien y que yo necesitaba», afirma Andrea mientras mira cómplice a Eva durante su entrevista con SUR, en la sede de Cruz Roja Málaga.
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