El técnico asturiano deja el submarino tras lograr la segunda clasificación consecutiva para Champions por primera vez en la historia del club amarillo
- VÍCTOR FRANCH
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Marcelino y el Villarreal separarán sus caminos al final de la presente temporada tal y como el club castellonense ha anunciado este lunes mediante un comunicado oficial. Y, pese a la importancia de la decisión, a pocos habrá sorprendido al tratarse de un secreto a voces desde hace ya muchas semanas. El técnico asturiano pondrá fin a su segunda etapa en el banquillo amarillo tras haber cumplido muchos de los objetivos propuestos desde su regreso y tras dejar al equipo castellonense, por segunda temporada consecutiva, en puestos de Liga de Campeones.
La de Marcelino será una de las despedidas más sonadas de La Liga dado que el Villarreal va a firmar una de las mejores temporadas de su historia en la competición. Un desenlace que ambas partes tenían asumido desde ya hace varios meses y que no ha sido óbice para que la temporada haya finalizado de forma satisfactoria.
En esta ocasión, y a diferencia del abrupto final con que se cerró la primera etapa en el banquillo de La Cerámica, se puede decir aquello de que se darán la mano y que cada cual seguirá su camino. Pero es inevitable que la pregunta que flote en el ambiente es por qué se ha llegado a esta situación cuando, números en mano y especialmente en LaLiga, el técnico ha cumplido con creces el principal objetivo propuesto desde principio de la temporada: repetir una plaza de Liga de Campeones.
Sin acuerdo en la propuesta de renovación
Lo cierto es que antes del parón navideño y, en una primera conversación, el club expresó al técnico su intención de ofrecer un año más de contrato: una propuesta que no satisfizo al técnico. Posteriormente y ya en conversaciones con su representante, Manuel García Quilón, ambas partes se reiteraron. No llegó ni tan si quiera a negociarse sobre cantidades económicas: la intención de ambos quedaba ya clara y era inamovible. En ese momento se decidió que lo mejor era abandonar unas conversaciones que tan sólo podrían haber deteriorado la situación y centrarse en cumplir los objetivos. El discurso oficial desde ese momento fue el de que ya se sentarían a negociar a final de temporada, aunque la realidad es que ambos tenían ya claro el desenlace y quedaban liberados de buscar un futuro alternativo.
Cada parte tenía sus motivos para “enrocarse” en su propuesta. Marcelino siempre ha considerado que un técnico debe tener el poder dentro del vestuario y que eso empieza por sentirse respaldado. Y la mejor manera de que el futbolista lo perciba es sabiendo que el proyecto va a tener continuidad en futuras temporadas. De la misma forma sería entendible pensar que el asturiano considerase que había hecho méritos para una mayor confianza.
Por parte del club no se veía un futuro a largo plazo con Marcelino. Pese a reconocer su trabajo como para ofrecer un año más, los dirigentes amarillos consideran que la idea de proyecto que debe seguir el Villarreal con el fin de ser sostenible deportiva y económicamente, no se alinea al 100% con la que pueda tener el técnico: reducción de gasto a la hora de los próximos fichajes y apuesta por un mayor protagonismo de la cantera, podían llevar a ciertas discrepancias y, a largo plazo, quizás a repetir problemas anteriores que se querían evitar.
Y eso pesó más que el excelente desempeño en el campeonato liguero en cuanto a lo positivo. Como también lo hizo por encima de lo menos bueno: las últimas actuaciones europeas (especialmente este año en Champions) y las sensaciones futbolísticas que el Villarreal ha ofrecido ante los equipos importantes de La Liga (donde no ha ganado a ninguno de los cinco primeros), que en algún momento hayan podido generar algunas dudas y no han ayudado.
Un técnico de éxito y de récords
Con todo Marcelino se marcha de Vila-real con el reconocimiento general y con números que le convierten en un técnico que será difícil de igualar en la historia de la entidad. Cerrará su trayectoria con 298 partidos oficiales como entrenador con más encuentros en la historia del club, tras superar este año al chileno Manuel Pellegrini. De ellos 215 serán en Primera, 21 en Segunda, 23 en Copa y 39 en competición europea, en los que ha sumado 145 victorias, marca máxima de un entrenador amarillo.
Llegó con 47 años al club de La Plana y, tras un paréntesis en el que entrenó al Valencia, al Athletic y al Olympique de Marsella, se marcha con 60. Más allá de los números ya citados, alcanzó semifinales de Copa y de Europa League, en las que cayó ante el Liverpool de Klopp. A diferencia de en Valencia o Bilbao, en La Cerámica o pudo levantar un título, pero sí conseguir un ascenso a Primera en 2013 que en su momento fue tan o más importante para el Villarreal.
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