La encuesta a pie de urna de Valu, publicada por SVT en la noche electoral, detallaba que el 70% de los votantes con origen no europeo apoyó al bloque de izquierdas (Socialdemócratas, Izquierda, Verdes y Centro). Valu desglosa el voto de quienes, ellos mismos o sus padres, crecieron fuera de Europa y los datos son más que elocuentes. Izquierda se lleva el 21% de sus papeletas, Socialdemócratas el 38%, los Verdes el 7% y Centro el 4%, dejando en evidencia que, a más nacionalizaciones, el voto se inclina más fácilmente hacia la izquierda.
Suecia no publica un dato oficial de «votantes suecos de origen extranjero no europeo», pero sí el dato de población con origen fuera de Europa («bakgrund utanför Europa») y, dentro de ella, la proporción que tiene ciudadanía sueca y, por tanto, puede votar. Alrededor del 13% de los votantes, cerca de un millón de personas, tiene origen extraeuropeo, un porcentaje de tendencia sostenida creciente.
En 2005, la población sueca de origen no europeo era el 6%. A partir de la crisis de refugiados de 2015 ha alcanzado el 21%
Entre 1950 y 1970, apenas era el 1%, debido a que la intensa inmigración procedía fundamentalmente de Finlandia, Yugoslavia, Grecia e Italia. Hasta 1990 llegaron numerosos refugiados de Chile, Irak, Irán, Líbano, Eritrea y Somalia, lo que elevó el porcentaje al 3%. En 2005, era ya del 6% y en 2015 suponía el 10% de los votantes, con naturalizaciones de refugiados sirios, somalíes e iraquíes. Pero es a partir de la crisis de refugiados, en 2015, cuando la población sueca de origen no europeo alcanza el 21%.
No es de extrañar, por tanto, que los partidos suecos se dirijan en sus campañas electorales a este segmento del voto. El Partido Socialdemócrata y el Partido del Centro han contratado durante esta última campaña espacio de propaganda en medios de lengua árabe como 'Al Kompis'. Además, han habilitado páginas web en árabe, adaptadas a quienes no hablan sueco y en las que prometían sobre todo ayudas públicas, subvenciones a la vivienda y oportunidades educativas.
Propaganda traducida
En este sentido, Magdalena Andersson ha mantenido un doble discurso: mientras defendía la obligatoriedad de aprender sueco para todos los inmigrantes, su partido traducía su propaganda política al árabe para hacerse entender entre los que no hablan el idioma oficial. A esta estrategia han contribuido los sindicatos IF Metall y Kommunal. El partido más beneficiado ha sido La Izquierda, que ha obtenido un aumento del 12,7% entre los votantes de origen no europeo.
El líder de SD, Jimmie Akesson, ha relacionado varias veces en sus mítines esta estrategia con la teoría del gran reemplazo, sin mencionar una paradoja que difícilmente explican los analistas: uno de cada seis votantes de origen no europeo le otorga a él su voto. Si bien es cierto que la proporción de voto izquierdista en este segmento es muy superior a la media del resto, también lo es que ha contribuido de forma creciente en las tres últimas elecciones al ascenso de la extrema derecha antiextranjeros.
«Los inmigrantes tienden a apoyar más a partidos que defienden el Estado del bienestar y políticas inclusivas, lo que en el contexto sueco suele favorecer a la izquierda y centroizquierda», admite Pieter Bevelander, de la Universidad de Malmoe. Además, explica que la duración de residencia y la integración social aumentan la probabilidad de votar o de alinearse con partidos del sistema y que la estructura institucional y la integración moldean el comportamiento electoral, pero no es partidario de etiquetar este voto como «de izquierdas» de forma simplista.
«Los socialdemócratas obtienen el 45,8% entre las personas de origen extranjero, pero el 30,8% entre las de origen sueco. Ahí se ve su importancia para el equilibrio de fuerzas de los partidos en estas elecciones», afirma Mats Karlsson, analista de HunBra. En su informe, destaca que «detrás del resultado electoral hay dos mapas políticos bastante diferentes». Mientras uno de cada dos votantes de origen no europeo simpatiza con los socialdemócratas, sólo uno de cada tres suecos de origen sueco comparte esa simpatía».
Fenómeno creciente
Y se trata de un fenómeno creciente. En las elecciones de 2022, el apoyo del voto de origen no europeo al bloque de la izquierda ya rondó el 68%. Entre musulmanes, encuestas previas situaban el respaldo a socialdemócratas, La Izquierda y Verdes en torno al 85%, con más del 61% sólo para los socialdemócratas.
En distritos electorales concretos, en los que se concentra la población extranjera, como es el caso de Rosengard, en Malmoe, La Izquierda obtiene el 41,2%, con un aumento de 31,1% respecto a las anteriores elecciones. Los socialdemócratas logran el 54%, de manera que el bloque de izquierda acumula el 95,2% del total con una participación electoral del 66,9%.
Rosengard es, con diferencia, el barrio con mayor proporción de población de origen extranjero en Suecia. En sus calles se hablan decenas de idiomas, su vida cotidiana está marcada por redes familiares y comunitarias muy densas, y las tiendas, restaurantes y servicios reflejan culturas de Oriente Próximo, África y los Balcanes. Su tasa de desempleo es del 32%, muy por encima del 7,8% de Suecia. El desempleo juvenil en Rosengard es del 39% y entre personas nacidas fuera de Europa supera el 45%.
«Es difícil generalizar sobre un grupo tan heterogéneo, pero es un hecho que muchas personas nacidas en el extranjero tienden a votar en rojo, principalmente por los socialdemócratas», apunta Thomas Hermansson, analista de Baromentern. «Las personas nacidas en el extranjero que viven aquí y dirigen pequeños negocios, protegen a sus familias o se preocupan por frenar la violencia de las bandas…para todos ellos debería ser fácil simpatizar con los ideales burgueses y los partidos de derecha harían mejor si se acercasen a ellos y escuchasen sus necesidades», aconseja.
En las elecciones de 2022, el partido Nyans, fundado en 2019 contra la islamofobia y dirigido específicamente a los inmigrantes, obtuvo el 0,44% de los votos y en algunas circunscripciones un gran éxito, como en Botkyrka, donde fue elegido para el consejo municipal. Después se ha desintegrado y parece claro que sus votos se han ido al bloque de las izquierdas. La aparente incompatibilidad con los idearios izquierdistas suecos, que incluyen desde el feminismo a la mentalidad 'woke', y la ultraconservadora cultura musulmana de inmigración entraña un misterio en esta asociación de voto que los políticos suecos, sencillamente, prefieren no mencionar.
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